Vargas Llosa

 Nunca he escondido la sincera admiración que siento por el autor peruano Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936). Lo considero un escritor completísimo que vive la literatura cual fanático, como una obsesión que ronda entre lo religioso y lo patológico. En lo personal, me parece un individuo que ha sabido ser consecuente con la situación mundial, sin entrar en juegos de presiones o conveniencias.

 

 Me hubiera gustado leer su obra con cierto orden cronológico, es cierto. Lo digo en parte para tratar de entender la fuertes críticas que se le hacen y se le han hecho desde ciertos sectores repecto a sus libros: que si con su talento pudo haber escrito cosas de más calidad, que si ninguno de sus libros va a perdurar, que si ha debido ser más autocrítico a la hora de publicar, etcétera. Yo, como he leído sus libros en desorden, siempre he logrado conseguirles razones para exaltar, por ejemplo, el mapa estructural de Conversación en la catedral, la narración exquisita en La ciudad y los perros, el erotismo implacable en Elogio a la madrasta, o los riesgos narrativos que propone en La casa verde y La tía Julia y el escribidor. Destaco también el esfuerzo literario y académico que llevó a cabo en su García Márquez: historia de un deicidio, o la fidelidad de Un pez en el agua, libro que considero indispensable en cualquier biblioteca latinoamericana y, sobre todo, en la colección personal de todo escritor.

 

 Aprovecho esta incorfome introducción para seguir propagando dos noticias recientes que conciernen a este eterno candidato para el Nóbel. La primera se trata del estreno mundial de la película La fiesta del Chivo, basada en la novela histórica homónima escrita por Vargas Llosa, y que trata el tema de la trincada dictadura (1930 – 1961) de Rafael Leonidas Trujillo, apodado “El Chivo,” en la República Dominicana. El film, dirigido por el también peruano Luis Llosa (sí, primo y cuñado del escritor), va a ser presentado durante el Festival Internacional de Cine de Berlín, mejor conocido como Berlinale, que comienzó el jueves nueve y concluirá en ceremonia el próximo domingo diecinueve de febrero. La película, rodada en inglés, cuenta con las actuaciones de la italiana Isabella Rossellini como Urania Cabral, Tomás Milián como El Chivo, Paul Freeman y el argentino Juan Diego Botto. Se espera que el presupuesto de diez millones de dólares contribuya a hacer de esta película un éxito internacional.

Vargas Llosa supervisa rodaje de La fiesta del Chivo

 ‘La fiesta del chivo’ no es la primera obra de Vargas Llosa en ser trasladada al cine. Ya lo han hecho con ‘Los cachorros’, por el director mexicano Jorge Fons; ‘Pantaleón y las visitadoras‘, de la que existe dos versiones, una de ellas dirigida por el propio escritor y la otra donde actúa la hermosa colombiana Angie Cepeda; ‘La ciudad y los perros’, a cargo del director peruano Francisco Lombardi, y ‘La tia Julia y el escribidor’, en una versión libre del director inglés Jon Amiel, con guión del también novelista William Boyd, que llevó el título de ‘Tune in tomorrow…’, protagonizada por Barbara Hershey y Keannu Reeves.

 

 La segunda noticia habla de la novela que acaba de concluir Vargas Llosa entre sus residencias de Lóndres y Lima. La nueva novela se titula ‘Travesuras de la niña mala,’ de la cual comentó que "es una sucesión de cuentos que ocurren en una ciudad y en una época distinta" pero siempre enmarcados dentro de "una historia global". Es una narración de amor que transcurre a lo largo de cuarneta años en distintas ciudades en las que ha vivido el escritor, quien asegura que este es el rasgo más autobiográfico de esta obra.

 

 "Creo que todas las historias que he escrito han nacido siempre como fruto de alguna vivencia que ha quedado en la memoria y que se convierte en una imagen muy fértil para fantasear algo alrededor de ella", explica. Anteriormenta ha señalado que entre sus libros favoritos se encuentran ‘Madame Bovary’, de Gustave Flaubert, ‘Luz de agosto’ y ‘Santuario’, de William Faulkner, y ‘Moby Dick’, de Herman Melville. En poesía, sus peferidos son el nicaragüense Ruben Darío, que es "el maestro mágico de la verdadera poesía en español", Pablo Neruda, que "fue un amor de juventud", y Charles Baudelaire, "el poeta que admiro más entre todos los poetas".