HistoriandoMarch 27, 2006 7:19 am

Precious

            Dicen que la curiosidad es la muerte del gato. Puede ser, aunque en realidad sería harto difícil encontrar rastros de esta actitud en una autopsia. Sin embargo, por honor a la verdad, habría que aclarar que lo que para el humano equivale a ser curioso, para un felino no es otra cosa que instinto, inquietud natural… Y tal vez tenga yo y tengamos todos algo de leopardos, una sólida necesidad de no conformarnos hasta saciar alguna comezón de los tipos: chisme, sexual, morbo, científica o intelectual. Estoy seguro que existen muchas otras modalidades de la curiosidad, pero creo que con las que he nombrado cubro las más generales.

            La curiosidad científica ha sido la chispa indiscutuble para llegar hasta el conocimiento cifrado y el comfort que ahora disfrutamos. La curiosidad intelectual sentó las bases de la filosofía y la religión, y es a su vez la responsable de nuestra hambre por la literatura y las artes. Por otro lado, un ejemplo clásico de la curiosdad chismosa es cualquier programa de televisión o alguna revista que se dedique a revelar intimidades de artistas y famosos. Y aunque se puede objetar que el chisme y la cursiodad por el morbo en cierto modo son las mismas, existe una diferencia esencial que las diferencia: el chisme es sobre alguien específico, un nombre propio, mientras que el morbo, por lo general, puede permanecer anónimo. La cursiodad sexual, acaso la más tabú de todas las curiosidades, no debería encasillarse en su connotación negativa, que equivale a la búsqueda de experiencias poco convencionales de placer, sino que también debe advertirse como una necesidad fisiológica y mental donde entran eventos tan simples como acariciarse, tomarse de la mano, o darse un beso sonado, por ejemplo.

            Quiero, ahora, hablar sólo del morbo. Un diccionario asegura que se trata del “atractivo que despierta una cosa que puede resultar desagradable, cruel, prohibida o que va contra la moral establecida.” Se trata, sin duda alguna, de la curiosidad más gris. Leer un diario ajeno, entrar al correo electrónico de otra persona, espiar tras las persianas, escuchar conversaciones de terceros, robar secretos… son todas actividades que llenan los requisitos del morbo. Lo digo por lo de prohíbido y rebelde, más que todo, pues desagradable y cruel son adjetivos que apuntan más a lo patológico que a la curiosidad a secas.

            Aprovecho entonces para invitar a todos los morbosos a que visiten Can you keep a secret?, un blog que se dedica a publicar secretos, que cualquiera puede enviar de forma anónima. Las confesiones varían entre revelaciones crudas o simples anécdotas, siendo el anonimato y la necesidad de compartir el denominador común que las abarca. Me pareció una inciativa fresca y una solución salomónica a los problemas de peso de conciencia y curiosidad. Satisfecho el que cuenta y satisfecho el que se entera.

            No soy una persona de demasiados secretos (este blog es cada días mejor testigo de ello), así que no creo que lleguen a leer nada mío en PostSecret. Pero tal vez ustedes vean en este proyecto una oportunidad de soltar la sopa, como dicen los mexicanos, y compartir ese secreto que tal vez rasguñe sus ratos de silencio. Si se animan, pueden enviar su arcano en una postal sin firmar a la siguiente dirección:

Post Secret

13345 Copper Ridge Rd.

Germantown, Maryland 20874-3454

USA

O visitar http://postsecret.blogspot.com

Para finalizar, les dejo algunos de los secretos que se pueden encontrar en la página.

-          I have never played a round without cheating.

-          I let their deaths destroy me.

-          College made me lose the sense of where home is.

-          I hate myself for giving in to your sick desires. Every time we have sex, a bit of my soul dies.

-          I’m going 2524 miles to kiss you on Saint Patrick’s day and you don’t know it yet.

Es inquietante cómo cada secreto sugiere historias enteras.

Desde la butacaMarch 17, 2006 11:58 pm

Il

 Esto es lo más cerca que he estado del invierno: los árboles secos y sin hojas, el viento frío que canta, la gente vistiendo ropas gruesas… He llegado demasiado tarde para conocer la nieve y dejar que su talento me conmueva.

 Es el estado de Illinois, lugar donde me encuentro, la razón por la que he abandonado por varios días este blog. En cuanto regrese a Miami espero retomarlo con mejor disciplina. Hasta entonces.

MusicaliaMarch 6, 2006 3:31 pm

  Fue en una mañana de mucho tráfico y poca paciencia, mientras escuchaba 91.3 FM, la Radio Pública Nacional, que por primera vez escuché su voz. Y su música, porque separarlas sería como tratar de establecer una frontera entre el alma y el cuerpo, entre el corazón y la mente. Su nombre es Marta Gómez, y esa mañana escuché varias canciones de su CD más reciente, ‘Cantos de agua dulce’.

 Nacida en Cali, Colombia, esta muchacha de apariencia sencilla es en realidad un volcán de talento y fuerte instinto musical. Desde una edad temprana supo que la música era el eje de su vida y que quería prepararse en una de las mejores instituciones musicales del planeta. Me refiero al Berklee College of Music, de donde se laureó magna cum laude tras recibir un par de becas de renombre.  Aparte de ‘Cantos de agua dulce’, Marta ha grabado otros dos discos: ‘Marta’ en el 2001 y ‘Solo es vivir’ en el 2003. Ambos gozan de la misma frescura y de la exquisita armonización de instrumentos siempre acústicos (teniendo en cuenta que no soy ningún experto en música, puede que me equivoque en esto) que hacen de ‘Cantos…’ un CD de cabecera. Su música es una fusión de distintos ritmos americanos que nos transporta a un limbo sin pasado ni futuro, donde sólo cuentan nuestras raíces y la voz inmaculada de esta mujer.

 Entre sus composiciones destacan La finca, Seis, Eso pido yo, La flor, El pueblo, El hormigueo, San Pedro, Natalia y Camila, Que no falte un sueño, y su  versión de Tonada de la luna llena, del venezolano Simón Díaz.  En fin, no puedo hacer nada menos que recomendarla con urgencia. Marta Gómez, se llama, y su prómixo CD, titulado ‘Entre cada palabra’, será presentado el primero de abril en New York. 
 
LA FINCA
 

Cuentos de algodón con sabor a perejil y cebolla picada
cantos de agua dulce al compás del ron
corazón abierto en busca de nuevos recuerdos para contar
todas las historias de todos los sueños a la vez

Al ritmo del aguardiente te diré lo que me pasa
sin dejar que la nostalgia me apacigüe el corazón
con un viento de acordeones y un tambor desafina’o
lloraré yo las canciones que galopan en mi voz

Coro:
Como la guitarra yo canto con toda el alma
en el alma guardo las penas y la soledad
soledad del tiempo que pasa sin tu mirada
tu mirada que llena de colores mi verdad

Al ritmo de las palabras aprendí a contar estrellas
caminar dejando huellas para saber regresar
y volví siguiendo rastros hasta dibujar mi nombre
pero hoy suena a despedida porque se que tú no estás

Cuentos de algodón con sabor a perejil y cebolla picada
llenan mi memoria y me hacen sonreir
entre tantas flores hechas de luna y pasto aprendí a crecer
entre muchos sueños y muchas verdades a la vez

 

Marta Gomez y Juan Luis Guerra

                             (Marta con Juan Luis Guerra, mi compositor preferido)

El arco y la liraMarch 2, 2006 3:10 am

cup of tea

Manzanilla con menta

Tienes razón. La taza sigue caliente
y te observo desde el humo, como espiándote.
Detrás del sonido del periódico escucho
tu voz, sin duda la noticia
más enamorada del día que comienza.
En tus labios encuentro
el jugo de naranja, el pan au chocolat
y el croissant que alguna vez compartimos
mirando vivir el Siena. En tu boca
beso y recuerdo, ya te he dicho.

El mediodía nos deja sin sombras,
sin este ni oeste. Nos hemos convocado,
con la complicación del respeto y la cordialidad,
en la temperatura de la piscina,
apretados al coral de la escalera
y prestándonos bocanadas de palabras.
Tus manos tienen todavía
el sabor del aguacate y la pereza
que me siembra tu caricia.

La noche se acerca callada
y nos eriza con el soplo
de su viento oscuro, que llega cansado
luego de atravesar puertos y edificios
de oficinas, jardínes, semáforos y puentes.
Me apoyo sobre el piano
para mirar tu manera blanca de dormir.
Ya no te leo. Cierro el libro, (el marcador
recordando el capítulo ocho),
y busco mi cansancio
para acompañarte en el otro hemisferio
de la cama. Y pensar,
qué curioso, que todo en esta vida
puede comenzar con el humo
de una taza de té y una mirada
desteñida.