Dicen que la curiosidad es la muerte del gato. Puede ser, aunque en realidad sería harto difícil encontrar rastros de esta actitud en una autopsia. Sin embargo, por honor a la verdad, habría que aclarar que lo que para el humano equivale a ser curioso, para un felino no es otra cosa que instinto, inquietud natural… Y tal vez tenga yo y tengamos todos algo de leopardos, una sólida necesidad de no conformarnos hasta saciar alguna comezón de los tipos: chisme, sexual, morbo, científica o intelectual. Estoy seguro que existen muchas otras modalidades de la curiosidad, pero creo que con las que he nombrado cubro las más generales.
La curiosidad científica ha sido la chispa indiscutuble para llegar hasta el conocimiento cifrado y el comfort que ahora disfrutamos. La curiosidad intelectual sentó las bases de la filosofía y la religión, y es a su vez la responsable de nuestra hambre por la literatura y las artes. Por otro lado, un ejemplo clásico de la curiosdad chismosa es cualquier programa de televisión o alguna revista que se dedique a revelar intimidades de artistas y famosos. Y aunque se puede objetar que el chisme y la cursiodad por el morbo en cierto modo son las mismas, existe una diferencia esencial que las diferencia: el chisme es sobre alguien específico, un nombre propio, mientras que el morbo, por lo general, puede permanecer anónimo. La cursiodad sexual, acaso la más tabú de todas las curiosidades, no debería encasillarse en su connotación negativa, que equivale a la búsqueda de experiencias poco convencionales de placer, sino que también debe advertirse como una necesidad fisiológica y mental donde entran eventos tan simples como acariciarse, tomarse de la mano, o darse un beso sonado, por ejemplo.
Quiero, ahora, hablar sólo del morbo. Un diccionario asegura que se trata del “atractivo que despierta una cosa que puede resultar desagradable, cruel, prohibida o que va contra la moral establecida.” Se trata, sin duda alguna, de la curiosidad más gris. Leer un diario ajeno, entrar al correo electrónico de otra persona, espiar tras las persianas, escuchar conversaciones de terceros, robar secretos… son todas actividades que llenan los requisitos del morbo. Lo digo por lo de prohíbido y rebelde, más que todo, pues desagradable y cruel son adjetivos que apuntan más a lo patológico que a la curiosidad a secas.
Aprovecho entonces para invitar a todos los morbosos a que visiten Can you keep a secret?, un blog que se dedica a publicar secretos, que cualquiera puede enviar de forma anónima. Las confesiones varían entre revelaciones crudas o simples anécdotas, siendo el anonimato y la necesidad de compartir el denominador común que las abarca. Me pareció una inciativa fresca y una solución salomónica a los problemas de peso de conciencia y curiosidad. Satisfecho el que cuenta y satisfecho el que se entera.
No soy una persona de demasiados secretos (este blog es cada días mejor testigo de ello), así que no creo que lleguen a leer nada mío en PostSecret. Pero tal vez ustedes vean en este proyecto una oportunidad de soltar la sopa, como dicen los mexicanos, y compartir ese secreto que tal vez rasguñe sus ratos de silencio. Si se animan, pueden enviar su arcano en una postal sin firmar a la siguiente dirección:
Post Secret
13345 Copper Ridge Rd.
Germantown, Maryland 20874-3454
USA
O visitar http://postsecret.blogspot.com
Para finalizar, les dejo algunos de los secretos que se pueden encontrar en la página.
- I have never played a round without cheating.
- I let their deaths destroy me.
- College made me lose the sense of where home is.
- I hate myself for giving in to your sick desires. Every time we have sex, a bit of my soul dies.
- I’m going 2524 miles to kiss you on Saint Patrick’s day and you don’t know it yet.
Es inquietante cómo cada secreto sugiere historias enteras.


