Kafka? Kafka dijo alguna vez - es decir, escribió - que es imposible poder recordarlo todo. Por supuesto, no parece de ningún modo un gran descubrimiento, ya que no conozco a la primera persona que me diga cómo eran las manos del doctor que atendió su nacimiento, por ejemplo, o qué color y qué forma tenía la primera flor que dibujó. Entiendo que es siempre fácil usar la infancia como ejemplo del olvido, pero olvidar es que algo que hacemos constantemente y – es obvio – sin darnos cuenta. Viniendo de la pluma de este Franz escritor - específicamente de sus ‘Cuadernos en octavo’, como el misterio editorial ha decidido titular esos pasajes introspectivos - la frase cobra un tono de suma observación, de rompimiento crucial de la misma monotonía que, justamente, implica el ir olvidando cada vez más instantes de la vida. He querido entender que no lo exclama, que no se trata de un reclamo. Todo lo contrario. En sus palabras se encuentran la lentitud del tiempo y la vergüenza – producto de la terrible humildad - de haber sido parte de él sin llegar a afectarlo, como sí ocurre con las dimensiones donde podemos exhibir nuestra tendencia por la pasión.  
            Sin embargo Kafka – como ya perpetué líneas antes - era un escritor, alguien que pescaba palabras para salvarlas del caudal del tiempo. Y sólo lo que está fuera del alcance del tiempo puede despreocuparse de la diligencia del olvido y de la tímida victoria que significa el recordar. Visto de este modo, arribamos al cul de sac de toda paradoja, donde dar marcha atrás no es necesariamente lo sensato, pero tampoco es actuar con cobardía. La paradoja es la siguiente: es una quimera tratar de justificar el olvido a través de la escritura, siendo ésta – como cualquier otra manifestación artística - una entidad incompatible con la facultad de olvidar por ser impermeable al tiempo. Aceptar esto sería conformarse de la misma manera que nos conformamos al idolatrar imágenes, como videos y fotografías, cuyo único valor es su capacidad invocadora, y nada más. Entiendo que al escribir esto caen mis palabras – también - en esta lúdica envoltura que es la palabra escrita, pero la historia ha sabido mostrar que al tiempo se le ha de combatir nunca desde adentro. Es importante entender que la moda es esclava del tiempo y no al revés.

            Espero que no me malinterpreten. He querido decir con esto que olvidar lleva consigo innumerables beneficios. Por ejemplo, qué catástrofe sería que recordáramos todos los días nuestra microscópica mortalidad y que todo lo que pensamos de nosotros mismos no es mucho más que la suma y la resta de lo que nuestras acciones reflejan en la sociedad. Pero, ¿qué dijo Kafka exactamente? Escribió: “5 de febrero. Mañana buena, imposible recordar todo”. No puedo pensar en una mejor manera de describir el olvido. (En la literatura, buena y bueno son los adjetivos preferidos en el menú de ese buitre que gira y gira – en espiral – sobre ésta y sobre tu muñeca).