¿Cómo desempolvar este espacio? Escribiendo, me imagino. Y eso mismo pretendo hacer este mediodía del cinco de julio, todavía con el cambio de horario jalándome los párpados y el hambre del ayuno ronroneando. Ayer llegué de Los Ángeles, CA. Una semana allá fue suficiente para enanomarme. De la ciudad, digo, o de unas partes de la ciudad, que en realidad son, ellas mismas, pequeñas ciudades dentro del área del greater LA. Me refiero a lo de siempre, a Bervely Hills, a Bel-air, a Hollywood, a Westwood… También las playas de Santa Mónica y Malibú me cautivaron. Y no puedo olvidarme de Long Beach, con su pintoresta Pine avenue desembocando en una intensa vida juvenil de Gameworks y centros comerciales. No digo que haya tenido verdaderas decepciones, pero si habría de escoger una sería Venice, tan llena de gente y de desorden. Muchos se empeñan en hacer de ella un área familiar, cuando la verdad es que esta zona no parece querer desprenderse de sus peores adjetivos hippies, hoy en día intoxicados con una sobrepoblación inmigrante que sólo disfruta desentonando con el medio ambiente gracias al estruendo de su música y a los desperdicios que van dejando como afirmación de su desabrida presencia. Si por lo menos pusieran esas canciones de Baywatch, girl I want to make you sweat… Ahora sólo me toca esperar la respuesta de Boeing. Una entrevista con ellos fue lo que originó mi viaje a la costa oeste. Y una vez estando allá no tuve más remedio que dejarme seducir por el sol y el aura de esa ciudad que vive de la industria de la ficción. Por eso me quedé cinco días más de lo previsto, porque quise explorar ese mundo del cine y la televisión, que yo siempre he entendido como un rama más de literatura, apoyada en la imagen y en el efecto que la música tiene en la imagen. Lo del popcorn (palomitas de maíz, cotufas, crispetas, etc.) sigue siendo un misterio, un crujiente y mantequillado misterio milenario.
El cuatro de julio, una fecha de suma importancia para la industria pirotécnica mundial, cobró aun más protagonismo histórico gracias a la esperada victoria de Italia sobre la selección anfitriona del Mundial, Alemania. Quien critique este acercamiento entre una fecha como el Independence Day y un partido de fútbol no vio el juego de ayer, uno de los mejores que he visto en mucho tiempo. Merecemos la copa. Punto.
Aprovecho este collage de letras para recomendar la novela histórica ‘La catedral del mar’ de Ildefonso Falcones. No se dejen intimidar por sus más de seiscientas páginas, su lectura es más bien ligera y siempre sobre la rigurosa senda de la historia catalana. El autor asegura haber leído más de cuarenta libros para educarse antes de emprender la escritura de este bestseller, que, en mi opinión, tiene más mérito que otros que ya parecen discos rayados. Otro día hablo de ‘Travesuras de la niña mala’, de Mario Vargas Llosa. Mi adelanto: las he visto y sí existen. Mujeres como “la niña mala” tienden a asustar y atraer, muchas veces con la misma intensidad. No es que alguien las pueda conquistar, es sólo que ellas, a veces, se detienen a respirar y contar heridos. Su inconformidad tiene siempre ese crudo matiz de batalla y seducción…

Tenemos que reunirnos para discutir viajes, libros, futbol y gente … saludos
Comment by Elias — July 7, 2006 @ 12:00 am
Guao… estuvo movida tu agenda! Oye, no puedo creer que también apuestes a que la squadra azzurra se alce con la Copa del Mundial. Qué emoción encontrar ese aspecto común!
Esperaré tus comentarios acerca de “Travesuras de la niña mala” leí el título en un librería hace poco y me llamó la atención.
Saludos y besos celestes!
Comment by Celeste — July 7, 2006 @ 3:15 pm
Pana escribes bien depinga. Espero que tengas mucha suerte y la gente se interese por lo que haces. Haces las lecturas bien intresantes.
Comment by carlos — July 7, 2006 @ 9:13 pm