Good and Evil Ahora, nerviosa, piensa en la posibilidad de resucitarlo. Se pregunta, mientras comprueba lo deplorable de su estado ante un espejo de medio cuerpo, si era así como quería sentirse, si era de esa forma espantosa que pensaba atravesar el arco insalvable de la vejez. Tanto, tanto dinero, afirma en voz alta, y sin embargo… Sin embargo se siente miserable, la invita a que afirme, a que acepte, su terapeuta. Sí, haber asesinado al joven la liberó de lo que creía un condena ad infinitum, pero ahora encuentra que su vida es más vacía y supérflua que nunca. Ni siquiera su hija le brinda el consuelo y la esperanza que antes le daban las aventuras del tímido muchacho del relámpago en la frente. Y por qué no lo resucitas, pregunta, con genuina curiosidad, la doctora; en teoría, en aquel mundo mágico todo podría ser posible… La mujer, que ha regresado su mirada desde el espejo, se muerde el labio inferior sin apretar demasiado los dientes. Piensa. Por supuesto que podría devolverle la vida, objeta con una emoción renovada, pero te recuerdo que el verdader meollo de la saga ha sido siempre la batalla entre el bien y el mal. Y la muerte, del modo en que la planteé, es avalada por el bien. Resucitarlo sería una abominación, medita. Estas últimas palabras las pronunció de pie, a modo de preámbulo de despedida. Luego de salir, la doctora entiende las justificaciones de su paciente como un retroceso en la terapia. Anota en su cuaderno: no hay que descartar el internarla. Luego piensa en qué excusa le dará ella a sus hijas por no haber pedido, de nuevo, que su paciente le regalara - solamente - un par de firmas dedicadas. Suspira.

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 Esto fue una simple ocurrencia que nació luego de haber leído que J.K. Rowling, autora, pensaba matar a dos personajes en la próxima entrega de Harry Potter, y que uno de los muertos podría ser el propio protagonista. No me he leído ninguno de sus libros - lo admito - pero me pareció que, desde el punto de vista del escritor que asesina a su héroe o antihéroe, hay cabida para bastante especulación. Ya sabemos que García Márquez lloró cuando le tocó matar a su viejo Coronel en ‘Cien años de soledad’, y se sabe también que Cervantes no tuvo más remedio que matar a Don Quijote para evitar que otros escritores siguieran copiándolo. Lo interesantes del caso de J.K. Rowling es que ella pretende matar a Potter porque no quiere escribir sobre el joven mago por el resto de su vida, segun sus propias declaraciones. Este fue mi aporte, ficticio, sobre lo que pasaría si ella decide acabar con la vida de su héroe y gallina de huevos de oro…