Danger

 Hoy, miércoles nueve de agosto, poco después del mediodía, se presentó a Manuel Rosales, actual gobernador del industrializado estado Zulia, como “candidato único” opositor a Chávez en las venideras elecciones presidenciales venezolanas, a celebrarse el próximo diciembre. Por supuesto, eso de “candidato único” es relativo, pues cualquiera podría postularse como aspirante al sillón ejecutivo, como ya lo ha hecho – lamentablemente – el comediante Bejamín Rausseo, mejor conocido como Er Conde del Guácharo. “Lamentablemente” porque su presencia en las elecciones equivaldría a una mayor divisón del voto opositor a Chávez, lo cual significaría su probable victoria, legítima o no. Insisto en la importancia de tener sólo dos candidatos principales para estas elecciones – el oficilista, quien busca otra reelección, y el aspirante opositor – porque sería más fácil encontrar discrepancias en los resultados electorales. En una nota anterior ya mencioné cómo el REP presentaba bases de datos alarmantemente sospechosas, además de lo contraproducente de que la oposición presentara más de un candidato, ya que esto legitimizaría un proceso verificablemente viciado, como he podido leer. En la misma nota escribí sobre los peligros de la reelección, que, de repetirse, sería la tercera o cuarta de Chávez… (Ya hasta perdí la cuenta). Y no olvidemos tampoco la vergonzosa represalia que se llevó a cabo contra los votantes que laboraban en el sector público, que por haber preferido un candidato diferente al oficialista, fueron expulsados de sus puestos, fueron víctimas de congelaciones del salario, y hasta fueron fustigados con el fin de que firmaran declaraciones de fidelidad ideológica y reverencia al desempeño gubernamental.

 Regresando al candidato Rosales, tengo que confesar que conozco muy poco de sus propuestas. He leído que como gobernador del estado Zulia tuvo cierto éxito, y que en el panorama nacional ha permacido como un faro de lucidez en medio de tanto adulador de una izquierda retrógrada. Sin embargo, al no conocer su plan de gobierno, aparte de unas pocas declaraciones populistas que dijo hoy a razón de su nombramiento como candidato único, no puedo considerarlo como mi candidato. Si voto lo haré por él, de eso no hay duda, pero lo haría porque sólo de una cosa estoy seguro: Chávez, de permanecer en el poder, le haría todavía mucho más daño a Venezuela.  Entre las primeras declaraciones de Rosales se encuentran sus promesas de una nueva distribución de la “renta petrolera para que llegue al bolsillo de los venezolanos”. También asegura que “cada familia va a recibir entre 600 mil a un millón de bolívares mensuales de acuerdo al precio del petróleo, para que ellos mismos (los ciudadanos) puedan establecer su propia empresa y puedan salir de abajo". Se trata de la misma retórica populista, donde el gobierno ejerce el papel del tío brindón que regala y presta mientras dura la fiesta. Espero, aunque sea un anhelo hipócrita, que esas sean sólo politiquerías de campaña, y que, de asumir el poder, Rosales actúe acorde a las necesidades que desesperadamente necesita el país para asegurarse un puesto de relevancia, más allá de lo petrolero, a mediano y largo plazo en la escena mundial.  

LA DEMOCRACIA SUICIDA


 Aprovecho, pues, que estamos de campaña electoral para precisar algunas razones por las cuales Chávez no es mi candidato, y por qué, en realidad, no debería ser el candidato de nadie con - como se dice en criollo - dos dedos de frente.   

 

- Ideologías podridas:   

 Se nutre del odio histórico y del rencor, se alimenta de anhelos bélicos y de una supuesta justicia social. La propuesta ideológica de Chávez es simple: odio y rechazo a la cultura occidental, al libre mercado, al capitalismo, a la libertad de prensa, y a las instituciones económicas mundiales, entre otras. En cambio, propone alabar sistemas autoritarios, geografías antiamericanas, sistemas comunistas, posiciones arcaicas al estilo más obstinado de los tiempos de la Guerra Fría, nacionalizaciones, y carreras armamentistas, todo dentro de una retórica ponzoñosa y afilada, repleta del “patria o muerte” y del “si no estás con nostros estás con ellos”, etcétera. Se trata de crear divisiones y otorgarle etiquetas a cada pensamiento.

 Mi posición: países que mezclan totalmente sus ideologías populistas políticas y sociales con sus metas económicas, terminan por crear un pasticho amorfo con una sociedad rentista, proteccionista, y enfrascada en las teorías de dependencia, un escenario tóxico para la inversión y el crecimiento económico. Además, gobiernos como el Chávez no se lo piensan dos veces antes de darle cuerpo y vida a sus posturas ideológicas – como ha venido haciendo -, aprobando numerosas leyes y desbaratando constituciones para acomodar sus proyectos mesiánicos dentro de un marco supuestamente democrático; cuando la verdad es que estas medidas son, en realidad, inyecciones de cianuro al sistema: el suicidio de la democracia.

 

- Económicamente al garete:

 Este gobierno se ha encargado como ningún otro de espantar inversiones y crear un clima de hostilidad hacia el empresario privado. Las miles de empresas privadas que han tenido que cerrar sus puertas y suspender la producción de sus bienes y el ejercicio de sus servicios hablan por sí mismas. Muchas otras fueron confiscadas, acusadas de ineficiencia. Pero dudo que en manos del Estado lleguen a mejorar de una manera sostenida, a largo plazo. Si bien estoy de acuerdo con que se hayan apretado las tuercas del aparato fiscal y por fin se estén cobrando impuestos con cierta disciplina, estas fueron medidas que nacieron con intenciones equivocadas: presionar al sector privado. No había buena intención, una intención coherente, en el acto de recaudación de impuestos, sino que ha estado plagado de escándalos de corrupción y extorsiones. Ahora el Estado carga sobre sus hombros el peso de toda la industria petrolera, más las cientos de empreas públicas que ya existían, más las cientos que ha expropiado, más las cientos que ha creado. En fin, la receta perfecta para la corrupción y la ineficiencia.

 Mi posición: por una vez, Venezuela ha de compararse no consigo misma, sino con el mundo, con los avances y la vida en otros países. No se trata de calcar modelos, sino de buscar ejemplos e inspiración, de trazar rumbos coherente y mantenerlos, a pesar de las primeras dificultades que esto pueda acarrear. Venezuela tiene que volverse competente, tiene que crear un clima apropiado para la inversión – la mejor manera de crear empleos y garantizar un crecimiento estable -, y tiene que abogar por instituciones supranacionales que unifiquen el mercado latinoamericano si pretende competir contra gigantes cono China, Europa y Norteamérica. También se ha de respetar a toda costa la propiedad privada, los derechos humanos, y la libertad de prensa. Es una incoherencia criticar a Israel y abrazar a estados opresores y totalitarios como Irán, Corea del Norte y Cuba. Esta bien que se critique a Israel, pero que también se critiquen todos los focos de opresión donde se violan los derechos humanos.

 

- Etcétera:

 

 Aquí, en este etcétera, caben todas esas decisiones, discursos, gestos y diatribas que ha protagnizado Chávez durantes todos estos años y con las que yo no estoy de acuerdo. Por ejemplo, las cadenas televisivas; la carrera armamentista; las supuestas invaciones norteamericanas; la persecución política a algunos opositores; los médicos cubanos del programa “Barrio adentro” (en vez de mejorar los hospitales, como un país normal); los acercamientos a regímenes que son abiertamente conocidos por no respetar los derechos humanos; las críticas desmedidas a la cultura occidental sin siquiera molestarse en reconocer sus muchos rasgos positivos; la injerencia en la soberanía política de otros países; la reforma agraria que – misteriosamente – ha beneficiado las tierras de su familia en el estado Barinas; su devoción por Bolívar, cuyos méritos no pretendo desestimar, pero cuyo pensamiento no aplica más allá de la hermandad latinoamericana en nuestro mundo moderno y globalizado; el cambio de nombre del país; la octava extrella y la nueva dirección del caballo en el escudo nacional; sus irresponsables medidas económicas; su esquizofrénica postura internacional; su machismo y su militarismo; y su admiración por el comunismo, una idelogía que hasta en China, donde hoy se vive el mayor auge captalista del planeta, ha probado ser efectiva sólo para oprimir.

 Sea quien sea que salga vencedor en diciembre - aunque creo haber dejado en claro mi preferencia -, ha de afrontar con urgencia y eficacia lo que considero el problema mayor: la inseguridad. Luego le siguen el desempleo, la educación, la pobreza, la economía, la política exterior, etc., no necesariamente en ese orden, pero primero y sobre todo, el frustrante problema de la delincuencia. Y, aparte de deshacerse de la inseguridad, Venezuela debe trazar un camino maduro, aunque incluya una dura pero necesaria etapa transitiva, y aferrarse y aguantar hasta salir de sus repeticiones viciosas. Una vez se creen el capital de infraestructura y el capital humano, crecer hasta el bienestar y la paz va a ser una espera cordial, amena.