Del banquillo a Estocolmo: Orhan Pamuk, Premio Nóbel de literatura 2006
Probablemente nunca habías escuchado o leído su nombre hasta el pasado mes de octubre, si acaso. Sin embargo, el nombre de este prestigioso y recién galardonado escritor, Orhan Pamuk (Estambul, 1952), autor de Nieve y La maleta de mi padre, entre otros, llegó a los periódicos mucho antes, hace más de un año, cuando unas declaraciones suyas sobre el genocidio armenio y la matanza de otros miles de kurdos fueron publicadas en un medio suizo, en 2004. Meses luego fue detenido y enjuiciado en su natal Turquía por disidente, por haber denunciado a voz suelta un tema que él acusa de “tabú”, de sesgado. Los cargos: traición y “denigrar públicamente la condición turca”, en palabras del fiscal del distrito de Sisli, en Estambul. Fue absuelto, pero su absolución fue motivada por una fuerte presión por parte de una élite cultural mundial y por parte de la Unión Europea, que por entonces – y aún ahora – se encontraba en pleno debate sobre si aceptar o no a Turquía dentro de la Unión. Recuerdo haber leído una carta escrita por Mario Vargas Llosa para la ocasión, que hablaba de la libertad y de los derechos humanos, y que contó con el apoyo de otros escritores de gran influencia, como Carlos Fuentes, José Saramago, Günter Grass, García Márquez, Juan Goytisolo, Humberto Eco, y John Updike.
Con el paso de los meses, el hervidero se calmó. Turquía parecía haberse mordido la lengua y Pamuk seguía recluido en su casa, escribiendo. Y así hasta el pasado doce the octubre, cuando su nombré pobló de nuevo las noticias, ahora con la imprevista noticia de haber ganado el Premio Nóbel de literatura del 2006. Casi de inmediato comenzaron de nuevo las acusaciones: que la concesión del premio fue por razones políticas, que su intromisión en el asunto armenio fue por conveniencia y oportunismo, que sus méritos literarios son cuestionables… Pamuk, por su parte, dijo que al conocer la noticia se sintió “como la víctima de un accidente; herido pero sin capacidad de sentir nada”, y no podía “sentirse feliz” porque demasiados colegas y detractores envidiaban su galardón. Decidió entonces partir de Turquía y permanecer en los Estados Unidos hasta cercana la víspera de su viaje a Suecia para recibir el premio. Su regresó a Estambul coincidió con la visita del Papa Benedicto XVI, que bastante polvo había levantado, así como con otros escándalos que sacudían la política interna del país. En fin, si en octubre la sociedad turca había reaccionado al Nóbel de Pamuk con ambigüedad, al regresar en diciembre el ambiente era más bien apático, desinteresado. Y eso, tal vez, era justamente lo que el escritor – conocido por sus largos períodos de encerramiento y reflexión – había buscado al ausentarse del país.
Ayer, siete de diciembre, Pamuk estaba en Estocolmo recibiendo el galardón. Su discurso se distanció de lo político, enfocándose más en lo literario y defendiendo con encendidos argumentos la importancia de la literatura para la humanidad, “en su intento por entenderse a sí misma”. Sus pareceres sobre la literatura y su futuro fueron siempre optimistas, contrastando con la opinión de tantos otros escritores que han vaticinado el fin del libro y la literatura tal y como los conocemos. Para Pamuk, un escritor es alguien que tiene fe en la humanidad, así sea de manera inconsciente, ya que al escribir, al ir descubriendo a ese otro ser interno, propone que todos los seres humanos nos parecemos y, por ende, nos comprendemos, porque sufrimos y anhelamos de similar maneras. También habló, y mucho, de su padre, un escritor frustrado que le mostró ese otro rostro - el de la ingratitud - en el oficio de escribir, y le acercó a la literatura europea, la de escritores occidentales que influenciaron la obra del turco, como Montaigne, Proust, y Dostoevsky. Volvió a hacer referencia de su progenitor al recordar el día en que, orgulloso, le había dado a leer su primera novela, Cedved y sus hijos, y le había prometido ganar un día el Nóbel. Con esta dulce anécdota, y lamentando que su padre no estuviera allí, entre el público – falleció en el 2002 -, cerraba Pamuk su intervención, y cerraba el Premio Nóbel otro capítulo más en su historial de premios a escritores polémicos. Nadie es perfecto, diría alguno, ni siquiera los turcos.

Pa que no digas que nunca vengo a leer
Cris
Comment by Cris — December 9, 2006 @ 12:31 am
De nada,
cualquier otra duda sobre mexicanismos
estoy a tu disposición
Saludos
Comment by Roberto — December 10, 2006 @ 12:32 am
Querida Cris, para suerte tuya ya desaparecio, hace mucho, la Inquisicion… jajaja. Saludos, gracias por la visita.
Roberto,
siempre escribes
en verso?
Espero regreses,
como dicen los italianos,
presto.
Jaja, saludos, cuate.
Comment by robertos — December 11, 2006 @ 9:28 pm