Nostalgias y otros harakirisJanuary 29, 2007 8:38 pm

Le Penseur - Rodin

 No es que me sienta más sabio, pero poco a poco he aprendido a pensar en ti. Lo hago en los lugares más insospechados: en el metro, en la cola para el café, en los ascensores. Lo hago mientras estudio el iris de los ojos que estudian el iris de los ojos frente al espejo, al cepillarme los dientes. Lo hago al picar la cebolla, mientras juego a que también es culpa tuya que esas lágrimas se formen y caigan sobre el colorido amasijo de ingredientes. Te pienso mientras suena la música y su melodía se pierde más allá de mis propias palabras.

 No, la sabiduría nada tiene que ver con hacer rebotar piedras sobre el lago, ni con el sentarme sobre un banco para ver bajar la luz y el pasar itinerante de las nerviosas ardillas. Pensar en ti es mucho más simple. Pensar en ti es la mejor manera que he encontrado para gastar mi libertad.

HistoriandoJanuary 21, 2007 7:44 pm

Cacaotero

 No fui yo quien le puso ese nombre: Theobroma cacao L. Sólo quien sabe griego puede entender que theobroma significa “comida de los dioses”, un equivalente al néctar y la ambrosía que se servían en las liadas alturas del Olimpo. La palabra ‘cacao’, por su parte, viene de “cacahualt”, en náhuatl, la lengua principal de los aztecas. El mérito del naturalista sueco Carl von Linné, aparte de haber fundado las bases de la taxonomía moderna y ser uno de los padres de la ecología, fue juntar palabras del griego y del náhuatl y agregarle una ele al final, para que nadie se olvide que fue él quien le dio un credencial científico a esta planta, conocida comúnmente como ‘cacaotero’. Por cosas de abejas y flores, en este caso pequeñas flores rosadas, de la fertilización se desarrollan un manojo de frutos alargados, que nacen directamente del tronco y de las ramas más antiguas. El cacao viene a ser el nombre de este fruto y de su semilla. Esta última será fermentada - proceso que dura entre tres y siete días - y luego secada, al sol. Moliendo estas semillas, extrayendo total o parcialmente la manteca (grasa) de cacao, se obtiene un polvo al que también se le tiene por ‘cacao’. Son este polvo y la grasa de cacao los componentes básicos de – lo reconozco, no sin cierto orgullo - mi mayor adicción: el chocolate. Y depende de cómo se combinen estos ingredientes con otros como leche, azúcar y nueces, se obtienen el chocolate negro, el blanco o el de leche, y todas sus variaciones.
 Creo que nadie es inmune a la nostalgia, pero esa no es la razón por la cual prefiero el cacao venezolano. Aunque este fruto se cultiva en todos los continentes menos en el europeo, sólo el venezolano, el cacao “criollo”, nutre al chocolate con ese complejo sabor que se desnuda en la lengua, que ablanda los labios y desarma a la mente y al corazón, reviviendo los pilares de la sensualidad. La localización geográfica del país (en el oriente, occidente y sur es donde se encuentran los mayores cultivos) es ideal para que esta planta frágil y  reticente crezca. No es sólo mi humilde opinión de chocohólico empedernido; catadores especializados de todo el mundo están de acuerdo en que el cacao venezolano tiene la pureza y el equilibrio químico ideal para la confección de los chocolates más finos. Incomparable con cacaos como los de Côte d’Ivoire, Ghana, Indonesia, Nigeria, Brasil o Cambodia, los mayores exportadores del planeta, pero cuyo cacao es de sabor más bien rudo, elusivo. Estadísticamente, el cacao criollo equivale, apenas, al diez por ciento de la producción mundial. Si bien en el ámbito artesanal el venezolano ha sabido utilizar el cacao de forma provechosa, su industrialización dentro del país ha sido más bien escasa, y han debido ser los suizos, los italianos y los franceses, entre otros, los encargados de la manufactura de finos chocolates con el cacao criollo. En el juego de la oferta y la demanda, el este cacao es de elevada cotización, adecuadamente, igual que en los tiempos precolombinos en los que el chocolate azteca era una bebida elitista, exclusiva de los reyes, la nobleza, los guerreros y los mercaderes de largas distancias. Además, el cacao hacía las veces de moneda, con un importante valor adquisitivo. Con esto se aclara que, de hecho, sí una hubo una época en que el dinero crecía “en los árboles”. El cacao formaba parte del rito religioso, del cortejo sexual, de la medicina y de lo económico. Pertenecer a la cultura del cacao era, ante todo, un modo de vida.

                 De la fruta al chocolate


  Hoy en día al chocolate se le siguen adjudicando poderes mágicos, que poco a poco la ciencia ha ido confirmando. Como antioxidante y como estimulante mental, por ejemplo, su valor ya ha sido comprobado. Sus facultades afrodisíacas y su capacidad de alimentar la parte espiritual son cuestiones que todavía residen en la creencia popular, aunque nadie puede negar que, en el aspecto social, regalar un chocolate es otra manera de alfombrar un acercamiento hacia esa otra persona. Es una de las maneras más clásicas y elegantes de romper el hielo o de derretirlo, si ya está roto. Y hablando de estados físicos: uno de los mayores atributos del chocolate es que, en general, la temperatura mínima que necesita para derretirse es, justamente, sólo un par de grados menos que la temperatura promedio humana, que es 98.6° F.
 La reacción neurológica que desata el consumo del chocolate es, como todo lo que concierne al cerebro, muy compleja. Naturalmente, el cacao contiene sustancias sumamente adictivas, como lo son la teobromina – alcaloide estimulante, parecido a la cafeína, y en gran parte culpable del efecto placentero que trae el chocolate -, la anandamida – un cannabinoide endógeno, un mensajero intercelular-, el triptofan – un diligente aminoácido crucial en la neurotransición -, la cafeína – que no necesita carta de presentación -, y la feniletilamina – conocida en el medio como “el químico del amor” -. La manera en que el sistema nervioso transmite que tengo un exquisito trozo de chocolate derritiéndose en mi boca hace que mi cerebro secrete serotonina, un neurotransmisor relacionado con los estados de placer, felicidad, sensualidad y control del apetito. (Bajos niveles de serotonina se asocian con ciertos desórdenes como la depresión y la migraña). Del mismo modo, comer chocolate activa la emisión de dopamina en las áreas del cerebro que controlan los sistemas de refuerzo. Esto hace del chocolate un magnífico estimulante, aunque, sutilmente adictivo. Pero siempre un fiel compañero de los corazones enamorados, además de ser la terapia más barata contra de la depresión casera y el regulador natural de los altibajos del entusiasmo. En mi caso, opino que un buen chocolate es el que te cuenta historias, el que te dispara la imaginación, de forma legal. Otro aspecto curioso del consumo de chocolate es el sentimiento de culpa que ataca a ciertas personas que, obesesionadas con cuestiones de dietas, encuentran que comerlo, con toda esa azúcar añadida, equivale a un pecado de primera categoría, lo que, por cuestiones de la personalidad humana, lo convierte en algo mucho más atractivo.

 A mí me gusta que vengan divididos en cuadros, aunque se presta a la confusión de que, por venir subdivididos de antemano, sea preciso repartirlos. Insisto en que el chocolate sigue siendo elitista y exclusivo, porque sólo debe ser compartido con quienes gozan de un alto ranking en la tabla de la estima personal. Un chocolate, ante todo, no se presta para juegos de hipocresías. Tanto tiene de tradición y de leyenda este alimento de los dioses, que comerlo es, sobre todo, rendirle a la Historia un homenaje. Soy emperador, soy guerrero, soy conquistador y soy conquistado, soy ladrón y comerciante, soy rey y soy rebelde, soy otro enamorado. Soy tradición y soy liberal. Soy un chocohólico del siglo XXI.

Circo negroJanuary 16, 2007 8:38 pm


Llámame Ishmael,

for all I care,

pero no busco ballenas

sino muslo pa’ comer.

Si eres blanca o morena,

tampoco tiene que ver.

 

 


Tengo esta lanza

que le apunta a tu molino.

Tengo el sonido y la furia

para hacerte sudar vino.

Que esperen las visitadoras que me quieren ver.

Que no importa si no conoces el hielo,

esta noche tú y yo vamos a arder.

 

 


No te prometo casarnos.

No te prometo volver.

Sólo esta noche que dure

hasta el dos-seis-seis-seis…

 

 


Que soy el lobo estepario

con la labia de dos Sanchos,

y que yo he dido contando

las edades de Lulú.

Pero pa’ mí no hay descanso

mientras no hayas caído tú.

 

 


Son cien años de cachondeo,

pero esta noche ya hay tiroteo.

Que no hay Siddharta que valga,

ni Buendía que no se agarra

a una tía como la Lolita

o a una casada a lo Bovary.

 

 


En tu mirada de Santa Evita en dos colores

se esconde la niña mala de Miraflores.

Igual en París que en los ascensores.

Igual en Cuba que en los aviones.

Igual yo te rescato,

como en noticia de un secuestro,

para después arrodillarte en mi apartamento.

 

 


No te prometo regalos.

No te prometo querer.

Pon las manos en la pared:

Soy el detective salvaje

que te viene a esclarecer.

Con las ganas de Valjean

y la obstinación de Javert.

 

 


No te prometo casarnos.

No te prometo volver.

Sólo esta noche que dure

hasta el dos-seis-seis-seis.

Historiando, Nostalgias y otros harakiris, Siempre es hoy, The Robert ReportJanuary 13, 2007 12:38 am

 Un clavo saca otro

 La amistad. Se le compara con el trabajo del labrador: sembrar, regar y abonar, cosechar y disfrutar del resultado, luego de un arduo y gratificante trabajo. Asemeja mucho a la metáfora nerudiana, sin duda, pero no explica el complejo proceso de cómo un ser humano llega a confiar en otro y establecer una amistad, un cariño sincero que va desde el apoyo hasta la crítica constructiva, pasando por los altibajos de las personalidades de cada cual. Ahora los periódicos aseguran que pronto dos grandes escritores que hace treinta años eran los mejores amigos se encuentran en la víspera de la reconciliación. ¿Será cierto? Los unió, primero que nada, la pasión por la literatura, y luego los lazos se fueron estrechando hasta el punto de que uno llegó a ser el padrino del hijo del otro. Asimismo, la tesis del doctorado de éste trataba sobre un conocido libro del primero, que se dedicó a estudiar con furioso empeño, y que resultó en ‘García Márquez: historia de un deicidio’. Sus esposas eran comadres y los hijos de ambos, inevitablemente, crecieron siendo amigos. Era una amistad arrolladora y total. ¿Cómo fue, entonces, que pudo romperse de una manera tan tajante y por tanto tiempo? Se dice que sólo la gente que queremos tiene el poder de lastimarnos, y está aquí, en estas palabras de calendario rosa, la clave. ¿La fecha? Un día del febrero mexicano del año 1976, en el D. F., después de la proyección del filme ‘Los supervivientes de Los Andes’ en la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica. Sobre el episodio se escribió en Impacto literario, de fecha 15 de marzo de 1976, en Lima, Perú, una versión del conflicto: “Terminada la proyección, el autor de ‘Cien años de soledad’ se acercó al peruano con la aparente intención de abrazarlo. Para su sorpresa (y la de todos) fue recibido con un tremendo golpe de puño que lo derribó con la cara totalmente bañada en sangre. ¿Qué había ocurrido? Las palabras con que Vargas Llosa rubricó su puñetazo, no contribuyeron a aclarar las cosas: ‘¿Cómo te atreves a querer abrazarme –dijo— después de lo que hiciste a Patricia en Barcelona?’. Patricia es la esposa de Vargas Llosa, pero… ¿Qué podría haberle hecho García Márquez para provocar reacción tan violenta?”. Esta versión nunca ha sido confirmada por ninguno de los dos escritores; pero fue así, con un golpe y un escándalo, que mermó una de las amistades más legendarias de las letras latinoamericanas. Lo único cierto es que se trató de un problema del tipo personal, en el que las diferencias políticas sólo sirvieron para terminar de quebrar lo fracturado. Hasta esta semana…
 Un empleado de la Real Academia Española, que decidió permanecer en el anonimato, confirmó que el próximo marzo se va a publicar una edición conmemorativa durante el IV Congreso Internacional de la Lengua Española en Cartagena de Indias por los cuarenta años de ‘Cien años de soledad’, que, además, coincide con el octogenario cumpleaños del colombiano, así como con el veinticinco aniversario de haber recibido el Premio Nóbel de Literatura, en 1982. Pero el empleado fue más lejos y confirmó que “ambos están de acuerdo”, cuando se le preguntó si los rumores sobre Vargas Llosa prologando dicha edición conmemorativa son ciertos. Ello constituiría un primer y firme acercamiento amistoso por parte de estos compañeros del “Boom latinoamericano”, como se conocen esas décadas de los sesenta y setenta en que nuestra literatura llegó a todos los rincones del planeta.

 El desenlace sería que, de nuevo, la esperanza saldría victoriosa. No lo digo sólo porque triunfaría el valor incalculable de la amistad, sino la reconciliación de las dos corrientes ideológicas que llevan tanto tiempo confrontándose en nuestros países cansados: la izquierda, ahora en pleno auge, y el centro y la derecha, ahora confinados a un par de países. Sin embargo, las posibilidades de una reconciliación plena son muy estrechas. Por ejemplo, el mismo García Márquez ha llegado a decir que no sabe cuándo publicará el segundo tomo de su autobiografía porque no se quiere enfrentar con episodios donde debe hablar de asuntos sumamente “personales”. Y en una entrevista concedida por el Premio Nóbel el año pasado a un diario catalán, el periodista le pregunta sobre la posibilidad de restaurar la amistad. La esposa del escritor, Mercedes, que está presente durante la conversación, “se adelanta en la respuesta: «Para mí ya no es posible. Han pasado treinta años». «¿Tantos?», pregunta el escritor sorprendido. «Hemos vivido tan felices estos treinta años sin él que no lo necesitamos para nada», apostilla Mercedes.” Me atrevo, entonces, y ya para concluir, a regalarles una de las citas más conocidas de Vargas Llosa: “sólo un idiota es completamente feliz”.

Mansas quimerasJanuary 10, 2007 5:30 am

 La nieve no había empezado a caer, pero su unánime silencio ya le precedía. Una moto que pasaba, los graznidos de una bandada de cuervos, cada sonido era absorbido por aquella premonición de que pronto comenzarían a descender los primeros copos. Kate no escuchaba nada y coqueteaba con la idea de encontarse lejos de todo, mucho más lejos de lo que la vista, ese sentido por el cual ponía las manos al fuego, le aseguraba. Sintió entonces el mismo escalofrío que se apoderaba de ella cuando dudada abiertamente de Dios o cuando pensaba en la trivialidad de la muerte. Miró de reojo su pecho y vió que la cruz seguía allí, lisa y plateada. Admitió su cobardía al reconocerse demasiado supersticiosa y, a la vez, agnóstica, pero decidió que la vida estaba plagada de contradicciones y que esa suya era, en realidad, una de las más sanas. Tosió, en parte porque había descubierto que era una buena técnica para distraer a la mente y regrasarla a la paz del blanco cuando ésta se independizaba demasiado. Así se dio cuenta que de la tarde sólo quedaba una luz espesa, que no lograba levantar sombras y que le producía una repentina sensación de lástima, de desamparo. Pensó en Ensayo sobre la ceguera y trató de no pestañear mientras observaba los cambios del semáforo, pero la brisa le lastimaba. Fijó la mirada en la distancia, arrugando un poco la piel cerca de los ojos, juntó sus manos enguantandas sobre el vientre y se cuidó de no volver a mirar el reloj. No se había olvidado de la promesa que se había hecho cuando despegaba el avión: aunque me cueste, se obligó, voy a aprender a esperar. Y esperando estaba cuando vió que se aproximaba la camioneta gris, dos puertas, marca Ford, que le había descrito esa voz, a ratos misteriosa y atractiva, por teléfono. Se detuvo frente a ella, y en sus vidrios ahumados pudo Kate reconocerse una última vez antes de que se abriera la puerta y, sin dudar, se subiera al auto. Nadie escuchó el ruido del motor cuando se puso en marcha; la llegada de la nieve era inminente.

El arco y la liraJanuary 8, 2007 9:32 pm

Faro

 

 

 

 

De aquí al faro
hay un rosario de cuarzos
desarmados por la sabiduría
de las aguas.
Arriba se enfila una delgada vía
de escalones y precauciones
que llegan hasta tu cuerpo,
listo para cualquier amor,
que espera desde la brisa
la voz
de alguien que te nombre,
entre el reto y el vértigo
de una mirada dispersa
sobre la arena sublevada
y las palmeras.

 

Otra luz, blanca y fuerte, busca
con sus dedos tu silueta
y la descose,
para luego bordarla
al frío de las paredes arrugadas
y al suelo que avisa la cercanía
de mis pasos.

 

Así se detienen los siglos
con nosotros. Así el mar sostiene
el peso de su tregua.
Al final del camino no hay distancia.
Ya no hay barcos
ni cruceros que sufran
la torpeza de un naufragio.
Ya la sal y el olvido han aplacado
la biología de sus ganas.

 

La noche gira sobre el cielo.
El faro tiene ahora
la única luz de tu mirar
y el roce de tantas promesas

aplazadas.

MusicaliaJanuary 5, 2007 11:01 pm

Keane Su debut fue en mayo del 2004 con el disco ‘Hopes and Fears’, por el que fueron catalogados como el nuevo Coldplay, pero no fue sino hasta hace un par de días que yo escuché por primera vez a Keane. Ya tienen un segundo disco sonando en las buenas radios, con el sencillo ‘Is it any wonder’, y que se titula ‘Under the iron sea’. No lo niego, en menos de una semana me he procurado una sobredosis de este trío del sur de Inglaterra, compuesto por Tom Chaplin (voz), Richard Hughes (batería) y Tim Rice-Oxley (piano). Han decidido prescindir de la guitarra, lo que les merece al menos respeto por parte de los incrédulos que no han sabido dejarse seducir por sus desabrochadas melodías y sus letras intimistas.
 Keane comenzó, como tantas otras bandas legendarias, con la amistad, esta vez de dos muchachos, Tim y Rich, compañeros de escuela en una pequeña ciudad llamada Battle, en el sur inglés. Sus intereses por la música llevaron a Rich a tomar clases de piano y a Tim de autodidacta con la batería. Rich pronto dejó las clases de piano, dándose cuenta que podía, por puro oído, tocar esas canciones que tanto le gustaban cuando sonaban en la radio. Comenzaron a tocar juntos y encontraron un cantante, Tom, y un guitarrista, Dominic, que pronto los abandonó. El próximo paso no podía ser otro que mudarse a Londres y buscar firmar un contrato con alguna disquera dispuesta a apostarles a esos jóvenes entusiasmados. Cansados de dos años difíciles, viviendo de trabajos tristes mal pagados y sin haber conseguido persuadir a ninguna disquera, Keane se devolvió al interior de Inglaterra, abatidos pero no derrotados. Decidieron seguir tocando, itinerantes, todavía en busca de un sonido propio que les dejara satisfechos. Terminaron en Francia, practicando en una vieja granja, donde compusieron varios de los temas que convencieron, al fin, a un sello pequeño de música independiente, Fierce Panda. Grabaron el tema ‘Everybody’s changing’ y ya la fama estaba a la vuelta de la esquina. Firmaron con una disquera que les proporcionó total libertad creativa, y ‘Hopes and fears salió al mercado en mayo del 2004. Ha vendido más de cinco millones de copias, aparte de ganarles dos Brit Awards (mejor artista revelación y mejor álbum) y una nominación a los Grammy norteamericanos. La anhelada montaña rusa los llevó a tocar junto a U2 en el Madison Square Garden y a visitar países como Japón, México, Australia y Estados Unidos, aparte de sus giras en Europa, donde participaron en el concierto Live 8.
 Ahora están promocionando ‘Under the iron sea’, un disco mucho más oscuro que el primero, pero más honesto. En declaraciones conjuntas, el grupo ha dicho que este nuevo álbum fue escrito y compuesto porque necesitaban un disco que los hiciera “sentir vivos otra vez”. A su corta edad (ninguno pasa de los treinta y dos años), me parece una exageración, pero artísticamente no es difícil comprender a qué se referían; a la búsqueda de nuevas emociones, de conquistar lugares musicales otrora vírgenes, a través de intensas sesiones de inspiración.
 Este treinta de enero los voy a ver en vivo en el Paramount Theatre de Seattle. Seguramente Keane dará la talla, porque su fuerza sobre el escenario tiene todavía la inocencia y la entrega de los primeros años, la juventud de quien vive la música día a día, nota a nota. Como ya gritan muchos, no sólo en Inglaterra: ‘God save the Keane’.

“Is it any wonder that I’m tired
Is it any wonder that I feel uptight
Is it any wonder I don’t know what’s right
Oh, these days
After all the misery you made
Is it any wonder that I feel afraid
Is it any wonder that I feel betrayed”  
(‘Is it any wonder’)

“So little time
Try to understand that I’m
Trying to make a move just to stay in the game
I try to stay awake and remember my name
But everybody’s changing and I don’t feel the same”  
(‘Everybody’s changing’)

“Oh simple thing where have you gone
I’m getting old and I need something to rely on
So tell me when you’re gonna let me in
I’m getting tired and I need somewhere to begin”  
(‘Somewhere only we know’)

Siempre es hoyJanuary 4, 2007 10:11 pm

 Yo insisto en que no hay salinas en Colorado, pero el muchacho sentado al lado mío asegura que ese vasto paisaje blanco no es nieve, “no puede ser nieve.” No entiendo su obstinación, mas prefiero dejar que él mismo se entere de su error. Lo hace pocos minutos más tarde, cuando el avión planea sobre una cadena de montañas afiladas, también cubiertas por esa asfixiante cobija blanca, igual de impecable que de abrumadora. Al fin decide darme la razón, aunque insiste en que él ha visto salinas que lucen “exactamente igual” a este paisaje en las cercanías de Denver. Mi compañero de viaje se llama Matt y su destino final no es Seattle sino Pórtland, en el vecino estado de Oregon. Él es de contextura gruesa, sin ser gordo, y lleva unos bermudas de camuflaje entre militar y retro, de colores desgastados. Su reloj es de cuero de lagarto entrelazado, o al menos eso me parece, y da la hora con grandes números digitales que ocupan toda la pantalla. Se ha quitado el gorro marrón que cubre su corto cabello rojo, de una tonalidad parecida a la de las brasas. Por supuesto, las pecas le cubren los brazos y las piernas, y pasan de la cara a la nuca sin mermar. Cae simpático, es cierto, porque habla abriendo mucho la boca y agitando las manos tratando de complementar los verbos, pero es difícil decir “esquiar” y hacer que los brazos imiten los movimientos en ese mínimo espacio que ocupa cada asiento de este Boeing 737-800. Se dedica a los deportes extremos, lo cual me hace pensar que sobrevive como instructor de algo, tal vez kiteboarding, deporte en el que un papagayo te arrastra en patineta por el asfalto de algún estacionamiento. Cuando aterrizamos y ve que enciendo mi celular, me lo pide prestado. Hace una breve llamada a un teléfono en Pórtland, código de área 503. Me explica, sin que yo le preguntara, que su móvil no sirve y que tiene pensado comprarse otro esta semana. Se encoge de hombros y admite, “es que me metí al jacuzzi con el teléfono en el bolsillo”. Esas cosas pasan, le digo, y prefiero no contarle de la vez que el mío se me cayó en el plato mientras me comía un cereal. “Mejor así”, asegura con una sonrisa pícara, “no hubiera querido que mi novia me llamara en ese momento”. Yo me río, y entiendo que la infidelidad y la tecnología, sobretodo en esta era de la informática, no son el mejor complemento.

Historiando, Peliculeando, The Robert ReportJanuary 3, 2007 11:28 pm

 Todo vuelve, sin duda, para bien o para mal. Lo hizo Almodóvar con ‘Volver’, otra rebuscada maraña que abarca tres generaciones de mujeres de la misma familia, pero tan bien expuesta – en parte gracias a las magníficas actuaciones de la Cruz y de la Saura, y de todo el elenco - que reduce el estirado argumento hasta convertirlo en una hermosa y cómica historia de la relación humana. La voz de Estrella Morente resucita aquel tango de Gardel y nos lo devuelve agitanado, con una nueva fuerza. Me quedo con este par de escenas, entre otras: Raimunda filmada desde arriba mientras lava la vajilla y la madre emocionada escuchando desde el coche a su hija, mientras ésta canta una canción que no entonaba desde su primera adolescencia.

 

 Ha vuelto también ETA, ahora con una bomba que destruyó un estacionamiento de cuatro pisos en el aeropuerto de Barajas, en Madrid. La razón: el grupo separatista se ha cansado de esta mal llamada tregua, ya que el gobierno de Zapatero no había otorgado ninguna concesión luego de más de nueves meses de un escéptico alto al fuego. A propósito, estas palabras del filósofo Fernando Savater publicadas en El País: “Es lógico que ETA intente cobrar el subsidio de paro en forma de premio político por una "tregua" más o menos imaginaria, pero el Estado democrático ni puede ni debe ceder ante esta exigencia de los terroristas desempleados: no les queda otro camino, antes o después, que deponer definitivamente las armas y confiar en la generosidad penal de quienes demasiado tiempo les han sufrido. Aunque aún esté en su mano darnos algún sobresalto a título póstumo, su ciclo criminal ha concluido…, si no se les reanima con alguna torpeza”. Según él, a pesar de esta última atrocidad por parte de ETA, el futuro nos depara con un desarmamiento definitivo, tal vez más tarde que temprano, para el pesar de ese pueblo fracturado que llamamos español.

 

 La muerte también ha regresado, esta vez para llevarse a dos personajes totalmente distintos, aunque, de alguna manera, desempeñaron labores fundamentalmente similares. Se trata del ajusticiado dictador Saddam Hussein y del ex presidente norteamericano Gerald Ford, quien falleció a los 93 años en su rancho de California. Husseim, aunque muerto, sigue generando polémicas, ya que hoy se ha arrestado al militar iraquí que grabó con su teléfono celular el video de la ejecución en la horca del difamado ex dictador. Ford, al contrario, ha conseguido unificar, al menos por un par de días, al pueblo norteamericano, devolviéndole la esperanza al recordarle que sí existen presidentes preocupados más allá de su ego, mucho más allá del beneficio personal. Ford, el único presidente de los Estado Unidos de A. que no fue elegido por medio del voto, sacrificó su reelección al perdonar incondicionalmente a Richard Nixon, quien debió renunciar al ejecutivo luego del escándalo de Watergate. Este perdón fue, ante todo, una manera de calmar los ánimos de un pueblo enardecido, lo que le costó a Ford ser el blanco de dos atentados contra su vida en un período de tres semanas. Sensato o no, al menos no se puede negar que fue un hombre valiente.

 

Y, por último, vuelve a empezar otro año. Que el 2007 le traiga al mundo sentido común. Leyendo las noticias, creo que es mucho pedir.