Keane Su debut fue en mayo del 2004 con el disco ‘Hopes and Fears’, por el que fueron catalogados como el nuevo Coldplay, pero no fue sino hasta hace un par de días que yo escuché por primera vez a Keane. Ya tienen un segundo disco sonando en las buenas radios, con el sencillo ‘Is it any wonder’, y que se titula ‘Under the iron sea’. No lo niego, en menos de una semana me he procurado una sobredosis de este trío del sur de Inglaterra, compuesto por Tom Chaplin (voz), Richard Hughes (batería) y Tim Rice-Oxley (piano). Han decidido prescindir de la guitarra, lo que les merece al menos respeto por parte de los incrédulos que no han sabido dejarse seducir por sus desabrochadas melodías y sus letras intimistas.
 Keane comenzó, como tantas otras bandas legendarias, con la amistad, esta vez de dos muchachos, Tim y Rich, compañeros de escuela en una pequeña ciudad llamada Battle, en el sur inglés. Sus intereses por la música llevaron a Rich a tomar clases de piano y a Tim de autodidacta con la batería. Rich pronto dejó las clases de piano, dándose cuenta que podía, por puro oído, tocar esas canciones que tanto le gustaban cuando sonaban en la radio. Comenzaron a tocar juntos y encontraron un cantante, Tom, y un guitarrista, Dominic, que pronto los abandonó. El próximo paso no podía ser otro que mudarse a Londres y buscar firmar un contrato con alguna disquera dispuesta a apostarles a esos jóvenes entusiasmados. Cansados de dos años difíciles, viviendo de trabajos tristes mal pagados y sin haber conseguido persuadir a ninguna disquera, Keane se devolvió al interior de Inglaterra, abatidos pero no derrotados. Decidieron seguir tocando, itinerantes, todavía en busca de un sonido propio que les dejara satisfechos. Terminaron en Francia, practicando en una vieja granja, donde compusieron varios de los temas que convencieron, al fin, a un sello pequeño de música independiente, Fierce Panda. Grabaron el tema ‘Everybody’s changing’ y ya la fama estaba a la vuelta de la esquina. Firmaron con una disquera que les proporcionó total libertad creativa, y ‘Hopes and fears salió al mercado en mayo del 2004. Ha vendido más de cinco millones de copias, aparte de ganarles dos Brit Awards (mejor artista revelación y mejor álbum) y una nominación a los Grammy norteamericanos. La anhelada montaña rusa los llevó a tocar junto a U2 en el Madison Square Garden y a visitar países como Japón, México, Australia y Estados Unidos, aparte de sus giras en Europa, donde participaron en el concierto Live 8.
 Ahora están promocionando ‘Under the iron sea’, un disco mucho más oscuro que el primero, pero más honesto. En declaraciones conjuntas, el grupo ha dicho que este nuevo álbum fue escrito y compuesto porque necesitaban un disco que los hiciera “sentir vivos otra vez”. A su corta edad (ninguno pasa de los treinta y dos años), me parece una exageración, pero artísticamente no es difícil comprender a qué se referían; a la búsqueda de nuevas emociones, de conquistar lugares musicales otrora vírgenes, a través de intensas sesiones de inspiración.
 Este treinta de enero los voy a ver en vivo en el Paramount Theatre de Seattle. Seguramente Keane dará la talla, porque su fuerza sobre el escenario tiene todavía la inocencia y la entrega de los primeros años, la juventud de quien vive la música día a día, nota a nota. Como ya gritan muchos, no sólo en Inglaterra: ‘God save the Keane’.

“Is it any wonder that I’m tired
Is it any wonder that I feel uptight
Is it any wonder I don’t know what’s right
Oh, these days
After all the misery you made
Is it any wonder that I feel afraid
Is it any wonder that I feel betrayed”  
(‘Is it any wonder’)

“So little time
Try to understand that I’m
Trying to make a move just to stay in the game
I try to stay awake and remember my name
But everybody’s changing and I don’t feel the same”  
(‘Everybody’s changing’)

“Oh simple thing where have you gone
I’m getting old and I need something to rely on
So tell me when you’re gonna let me in
I’m getting tired and I need somewhere to begin”  
(‘Somewhere only we know’)