12 segundos de oscuridad Tiene esa manera tan suelta, tan natural de decir las cosas. Si no fuera porque en el cancionero del disco, debajo del título de cada canción, ha incluido el lugar – y muchas veces el destino, como cuando se inspira en aviones - y la fecha donde la concibió, diría que cada canción fue compuesta en el estar de su casa, antes de tomar la leche y las galletas de la tarde, o frente al espejo, en una conversación holgada consigo mismo. Así es Jorge Drexler, un domador del lenguaje y de la anécdota que convierte la simplicidad de un faro uruguayo en esa obra de culto en que se ha convertido ‘12 segundos de oscuridad’ (el tiempo que dura cada intermitente ausencia de luz del faro), su última entrega discográfica. La suya es una trova renovada, sumamente poética, de melodías amables, donde se le presta delicada atención a una lírica de cultura globalizada, de hombre de varios continentes, de persona preocupada entre la rima y la ética, entre la filosofía y la incomodidad de una vida apretada de compromisos y dulce intrigas personales. Como músico y compositor no teme apostarle a las vanguardias tecnológicas, como en canciones como ‘Disneylandia’, con las que, lúdico y profesional, crea música nueva, pero que llega como la más íntima y familiar, con un toque desconcertante. De estos ‘12 segundos…’ destacan ‘La vida es más compleja de lo que parece’, ‘Soledad’, ‘Hermana duda’ y ‘Transoceánica’, aunque yo diría que todos los temas tienen su encanto y que el disco se puede escuchar completo sin mayores ansiedades ni remordimientos.
 Bien. Sería torpe de mi parte no hablar de sus otros discos. Si bien ‘12 segundos de oscuridad’ es el más reciente y, probablemente, el mejor logrado, Jorge Drexler tiene una sólida trayectoria que empezó con ‘La luz que sabe robar’ (1992), y que abarca ‘Radar’ (1994), ‘Vaivén’ (1996), ‘Llueve’ (1998), ‘Frontera’ (1999), ‘Sea’ (2001), ‘La edad del cielo’, una antología, (2004), ‘Eco’ (2004) y ‘Eco2’ (2005). De estos discos salieron temas deliciosos como ‘Me haces bien’y ‘Alto el fuego’, así como otros donde Drexler le hace un tributo a los ritmos brasileros, entre temas originales o versiones, como es el caso de ‘Oh que será’. Su música recorre cada sentimiento.
 Lo justo sería que hablara también un poco de su persona. Después de todo, Drexler ha logrado marcar ciertos hitos en lo que respecta a la penetración de la cultura hispanoamericana en el mercado estadounidense. Me refiero al Premio Óscar que obtuvo en el 2005, gracias a su canción original ‘Del otro lado del río’, soundtrack del filme ‘Diarios de motocicleta’, y que ha sido la primera y única banda sonora en español nominada para esa categoría. Su dicha pudo haber sido mayor si se le hubiera permitido interpretar su canción durante la ceremonia, pero la Academia optó por que lo hicieran Antonio Banderas y el guitarrista Carlos Santana, quienes, como figuras ya conocidas, no significarían un desplome del “rating”. Ese es el cochino y envidiable mundo de la televisión, me imagino. Igual Drexler obtuvo una pequeña revancha al subir a recibir su premio, ya que en vez de leer, emocionado, una lista de agradecimientos, se acercó al micrófono y cantó una parte de su canción. Este joven uruguayo, nacido en septiembre de 1964, judío y médico de profesión, que había trabajado como salvavidas, enfermero a domicilio y cantante de sinagoga, que cobró fama internacional al ser telonero de Joaquín Sabina, había conquistado Hollywood, y lo había hecho en español. ¿Cómo no aplaudirle? (El que canta de último canta mejor). Hoy reside en un suburbio de Madrid, pero sigue grabando sus discos en Uruguay. Su vida se ha convertido un una transoceánica.
 Le agradezco a Drexler sus versos frescos y el haberme regalado ese lugar común donde igual me encuentro con amigos de distancia que con pensamientos esquivos. A mi también me asusta la “guerra menos, que el alto el fuego” en el corazón. “Qué raro que seas tú quien me acompañe, soledad, a mí, que nunca supe bien cómo estar solo”. Ahora que la duda y yo somos hermanos,  “dame una tregua”. Ahora que “la tierra parece estar quieta y el sol parece girar”.

Pregunta a J.D.: En los conciertos se nota que eres muy tímido. ¿La música es una terapia para combatir la soledad?
Respuesta de J.D.: La música puede ser tu enfermedad o tu terapia, según cómo la tomes. En mi caso, no es sólo mi terapia sino, a veces también mi enfermedad. De cualquier manera, si no fuera por la música, yo sería una persona infinitamente más infeliz.