Milos, Grecia

Qué alegría:
hay insectos
y un ferrocarril desbaratando
también este silencio.

 

Porque estaba el mar
triste, lleno
de peces desnudos
y luz hundida,

 

y yo quería escapar del cigarrillo
para dejarme caer en las orquídeas,

 

encontré oxidadas y rojas las ventanas
hermosas de la cara.

 

Pero qué alegría:
            existe
            una justificación
            para todos los sonidos,

            los de adentro, los de afuera.