Si te hirieron en los días y la muerte tu único testigo.
que el agua bajaba de la noche
y hablaron de ti sin disimular
las labores oscuras de los labios,
no te culpo
si prolongas el tren hacia la costa,
si te bajas en cada estación
sólo para mirar el aire
y mear despacio
sobre la áspera pared de tu fracaso.
como el mar
de los susurros,
no te culpo si vienen a buscarte
para coserte en el alma
alguna soledad anestesiada.
habrás de tallar piedras con las uñas
hasta abarrotar la sed de los museos.
El libre albedrío
de los pájaros, su suavidad
que empieza y termina con la vida,
no será para ti
más que una promesa,
la indigestión de otra esperanza
bíblica.
(no te culpo),
quien dará al César
lo que de verdad le corresponde,
y no habrá ciudad donde no pisen
tu nombre cuando seque
el último cemento de la Historia.
el astronauta
que reparte las banderas.
Serás, al fin,
el irrompible torero de tu infancia,
El arco y la liraMarch 2, 2007 9:21 pm
