Porque no se necesita

conocer al tiempo

para entender

que su trazo es imperfecto

y que la espada de un segundo

puede rebanar la ilusión

de una semana o de una vida.

 

 


Ya no se trata

de guardar la memoria

sino de tallarla

y dejarla libre como un eco

que nos sorprenda

en mitad de algún instante.

 

 


Antes no hablaba

de los sueños

ni de los momentos

más largos de la noche

pero ningún sobre

se cierra para siempre

y en el mío estaba la fecha

de ayer y su sentencia.

 

 


Ya puedo decir

que también yo sufro

de recuerdos,

y al fin delatar

esta imposible lucha

de querer cambiarlos

hasta que no sean más

esta insalvable madreselva.

 

 


Por ejemplo,

“sí, también sus labios

me besaron,

y la noche

guardó sus uñas

mientras ella se encendía

un cigarrillo,

 

 


y en se mismo fuego

escuchamos el trepidar

de todo lo adverso,

de cada giro letal

e inoportuno”.

 

 


Adentro,

una música insiste

y advierte,

de ti aprendió

mi corazón.