Habrá silencio y todo lo que quieras.

Habrá luz, alfombras, vinos,

nueces, mar, avión, papagayos y ascensores.

Tendremos la suerte de ver la artesanía

levantada una mañana,

y desde su barro nos dará lugares

donde sentarnos en la historia.

 

La miel y la sangre del tiempo serán suficientes,

y también el milagro de los grifos.

Nos veremos en los ojos

de cada fotografía, con la recompensa

de quien espera hasta el último minuto

sin rendirse y sin asomarse

ni una sola vez frente al espejo.

Desaparecerán, entre otras cosas,

la piel arrugada de los codos

y cualquier vello innecesario.

La mente será un cuerpo de agua

denso y plateado, como mercurio.

 

Sí, toda la noche será tuya,

igual que el golpe de luz para romperla.

Para luego asustar diciendo

que nunca la felicidad intacta,

jamás caminar sin ver de nuevo,

ni una vez más, siquiera,

la casa que dejas en la arena,

tan lejos de las ruinas de Sodoma.


El amor, como la muerte,

para los historiadores

y los dulces subversivos.

Futuro