Nostalgias y otros harakiris, Siempre es hoyAugust 30, 2007 7:45 am

Un silencio de sol fulminante y agua que choca y choca contra barcos, piedras y pilares. El cuerpo largo y desmayado sobre la madera, con las primeras gotas de sudor que se forman y que luego bajarán por los costados para ser, también ellas, devoradas por la luz y el calor. Lejos juegan los niños, acompañados por las miradas vigilantes de las madres y su propio chapoteo, que tanto les entusiasma. El agua guarda su color desde el fondo, el verde plomo de esas algas que crecen hasta acariciar el nado de los nadadores y avivar el pavor de algunas adolescentes adictas a largometrajes de terror. Esta agua que en realidad no es dulce sino que no es salada es tan liviana que dificulta el flotar, aunque viendo a las gaviotas y a los patos sentados sobre la superficie es difícil de adivinar. Comparto el sol y el muelle con una familia rusa. Los padres visten trajes de baño de otro tiempo mientras que las hijas, tres en total, hablan y cuchichean como sólo lo saben hacer las niñas que han crecido bajo ese amor paternal que ama y somete. Se pasan de mano en mano una cámara de fotos digital donde revisan luego de cada foto el brillo de sus caras. Verlas reír me hace olvidarlo todo por unos segundos. No me sorprende el pensar que con otra edad me hubiera gustado probar su belleza y haber sido yo el simpático causante de sus risas. En el fondo me alegro de que hayan notado mi cara sonrojada cuando les devuelvo la cámara luego de haberme ofrecido a tomarles a las tres juntas una foto. El padre, que ha ido de paseo por el muelle con la esposa, me mira desde lejos con lo que me parece es rabia o algo muy parecido a la rabia. Él, como yo, también ha sufrido un revés en esta tarde. Yo porque esta vez me ha vencido el roce puntiagudo de las algas y él porque ha entendido que algún días sus hijas y él no estarán siempre en el mismo muelle mientras un joven melancólico se topa con su belleza y se ofrece, torpemente, a tomarles una foto que recordará, si no para siempre, al menos por muchos años, ahora perpetuados por las letras.

Nostalgias y otros harakirisAugust 16, 2007 6:35 am

No podía saberlo, porque justamente la magia de ese momento está en perderse sin que nada importe, pero ese era el primer silencio que compartíamos sin sentir esa pesada e incómoda sensación de que algo faltaba, un algo que antes, torpemente, llenábamos con palabras. Con esto no digo que las palabras sean inútiles o triviales, es sólo que la vida es corta y el silencio un rarísimo animal en extinción. Encontrárselo. Dejarlo hacer. Y que luego cada sonido vuelva a ser nuevo y cada palabra un instrumento para realzar o, simplemente, abrir nuevos trechos. Palabras que son más grandes que ellas mismas y que, en vez de cerrar ideas, abren tras de sí espacios abrumantes. Belleza. Océano. Muerte. Luz. Deseo. Amor. Paciencia. Universo. Y, por supuesto, silencio, visto por última vez en una habitación desvelada, rondando la piel de un abrazo, de un beso largo que se presiente y se espera, pero fuera del tiempo, como si fuera todo y nada.

Sestri Levante - Baia del silenzio

Mansas quimerasAugust 13, 2007 9:01 pm

 Cuando te toca sentarte al lado de un obeso que ocupa el asiento junto a la ventana más un tercio del tuyo le echas la culpa al terrible azar que rige la existencia. Pero si te toca, como me tocó a mí en un viaje a San Francisco que casi me arruina la vida, sentarte al lado de una bellísima mujer, te felicitas por dentro porque tal fortuna no puede ser sino cosa del buen destino. ¿Su nombre? Eloisa Perreira, una rubia que aún tan lejos y luego ya de más de dos meses fuera de su Río de Janeiro, gozaba todavía del color bronceado que el sol de por esas playas le tatuó en el cuerpo. Nuestra conversación empezó al yo regañarla por estar leyendo algo de Paulo Coelho, ese autor al que está tan de moda criticar. Ella, con las gafas de sol a modo de cintillo, se volteó con una sonrisa amable y me preguntó por lo que yo estaba leyendo. Se lo enseñé: era un libro de Orhan Pamuk, a quien ella admitió no conocer. La conversación fue adquiriendo forma y fuerza, llegando a revelarnos cosas que sólo segundos antes, al menos por mi parte, considerábamos "secretos". Así fue que me enteré que llevaba dos meses "persiguiendo", esa fue la palabra que usó, a Carlos Alberto, su socio en un negocio en el que, al parecer, no les fue bien. "Me debe dinero", me dijo, "mucho." Yo traté de consolarla comentándole la belleza de su perfil contra la alfombra brillante de nubes que llenaba el óvalo de la ventanilla, pero ella, aunque sonrió ligeramente, siguió pensativa. Se le veía triste, y en su tristeza había una fuerza escondida que hacía que el avión se moviera de más y que el tiempo pasara demasiado incómodo y lento. Fue por eso que se me ocurrió hacerle esa pregunta de la que ahora tanto me arrepiento. "Dime, Eloisa, ¿en qué puedo ayudarte?".

 Ahora recuerdo con miedo su hermosura, sobre todo cuando recibo las cartas manuscritas que me envía desde el psiquiátrico. En esas cartas me recuerda que me quiere y que ya el dinero no le importa pero que si no la saco rápido va a contarlo todo, va a decir que Carlos Alberto no fue a San Francisco para suicidarse saltando del Golden Gate, sino que fui yo, junto a Paulo Coelho, quienes le empujamos. Parece que su recuperación va - ¿cómo es que reza el dicho? - viento en popa… Oh, meu Deus…

                         Deus...

El arco y la liraAugust 9, 2007 7:21 am


Vas conociendo el color

de mis derrotas

y mi manera de adornarlas

con palabras, con esos gestos

que ahora me delatan.

 

 


En esta mesa redonda

de cristal humedecido,

sobre el asiento de cuero peruano

y periódicos a medio releer,

se van trepando la horas

del día siguiendo las huellas

amarillas de la luz.

 

 


Cada palabra deja su sombra

entre nosotros, sostenida

sobre la posibilidad de los recuerdos

o de la distancia

siempre inhóspita del tiempo,

de la profunda brevedad de la memoria.

 

 


Nunca sabré perderme

ante tus ojos. No en la niebla,

ni siquiera en los agujeros blancos

del invierno o en el verde más verde

de este verano desatado.

 

 


¿Qué somos mientras nos llenamos

de silencio bebiendo una taza de café?

La paciencia, como el amor,

es algo que se borda

con el mismo esmero abnegado.

 

 


Un día me abandonaron

todas las certezas.

Porque a veces no sé si soy yo

quien te recuerda

o si eres tú

que regresas de esa mínima muerte

que llamamos olvido.

Porque cada noche es un crímen

que ya nadie venga.

Porque hay perros hambrientos

que duermen bajo castaños

y que las luces de los autos

no despiertan.

Porque, así como te quiero,

hay disparos que nadie sabe si sonaron

porque se los ha tragado el viento.

Politik, The Robert ReportAugust 6, 2007 10:45 pm

Si no eres de Venezuela el nombre de Elorza seguramente no signifique nada para ti. Pero para un venezolano Elorza es la capital del municipio Rómulo Gallegos, en los Llanos del Estado Apure, una población que destaca por sus fiestas folklóricas y a la que se le ha dedicado una de las canciones llaneras más populares, ‘Fiesta en Elorza’. Además, queda ubicada a orillas del Río Arauca, el mismo “Arauca vibrador” de la también conocidísima ‘Alma Llanera’. Pero, al parecer, ahora tenemos otros motivos más para recordar a la calurosa y linda Elorza del corazón apureño. Se trata de un rumor que se originó a miles de kilómetros de distancia, en la ciudad de Miami, en el sureste de los Estados Unidos. Allí vive Patricia Poleo, una reportera que salió de Venezuela en el 2006 en categoría de exiliada por padecer persecuciones por parte del gobierno del presidente Hugo Chávez. Específicamente, se le acusaba como uno de los autores intelectuales del asesinato del fiscal Anderson, un oscuro personaje que fastidió demasiados avisperos y terminó hecho añicos cuando “alguien” colocó un artefacto explosivo en su carro. Poleo, por entonces directora del periódico ‘El nuevo país’, insistió en su inocencia hasta que se vio obligada a salir a escondidas del país el año pasado, al temer por su vida. Sin embargo, sus fuentes noticiosas siguen intactas ya que Poleo ha revelado en su columna ‘Factores de poder’ (publicada en El nuevo país) que nada más y nada menos que Ingrid Betancourt, la ex candidata presidencial colombo-francesa que ha permanecido secuestrada por las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) desde el 2002, ha sido liberada en Elorza, por mediación del presidente Chávez. Esta noticia sigue sin ser negada o confirmada: Chávez ha declarado desde Argentina que desconoce detalles de la liberación. En sus propias palabras, ha dicho que está “tratando de asimilar lo que me están preguntando, ojalá que esté libre (Betancourt), pero yo estoy sorprendido por esa pregunta". Por su parte, el alcalde de Elorza, Leopoldo Estrada, comentó algo parecido cuando fue contactado por la cadena radial RCN de Colombia. A su vez, Astrid Betancourt, hermana de la ex candidata, ha dicho que "después de la reciente liberación del jefe guerrillero Rodrigo Granda – capturado en Venezuela -  esperábamos un gesto de las FARC. Mi mamá ha hablado con el presidente Chávez sobre este tema y yo también lo he hecho", aseguró Astrid. "Nos damos el derecho de soñar, pero lo hacemos prudentemente", añadió.
Poleo ha llegado aún más lejos, insinuando que la liberación fue hecha en territorio Venezolano por petición expresa de Chávez, a quien le conviene, según la periodista, mejorar las relaciones con el gobierno de Nicolás Sarkozy, ya que Francia congeló hace dos años la venta de armamentos a Venezuela durante el mandato de Chirac. La razón por la cual se ha escogido a Elorza como el supuesto punto de liberación  es porque, tristemente, según la comunicadora, esta población se ha convertido en el epicentro de actividades guerrilleras de las FARC en territorio venezolano. Poleo ha dicho que a Betancourt la han puesto en libertad en la finca de un familiar de un alto guerrillero y que pasará a manos francesas durante la visita de la primera dama de Francia, Cecilia Sarkosy, a Venezuela.

Mientras nadie confirme esta noticia, la columna de la periodista Patricia Poleo queda en tela de juicio. Pero de haber recibido información fidedigna, la Poleo se habrá anotado una primicia única que podría significar otro revés al gobierno de Chávez. Y digo esto resaltando la victoria humanitaria que significaría la liberación de una mujer que se ha convertido en la cara amarga de un conflicto largo y doloroso para nuestros hermanos colombianos, pero que, según Poleo, terminó utilizándose como propaganda política. Esperemos que Ingrid Betancourt pueda contarnos alguna vez su versión. Esperemos que suceda pronto, porque en esta historia todos parecen tener rabo de paja.