No podía saberlo, porque justamente la magia de ese momento está en perderse sin que nada importe, pero ese era el primer silencio que compartíamos sin sentir esa pesada e incómoda sensación de que algo faltaba, un algo que antes, torpemente, llenábamos con palabras. Con esto no digo que las palabras sean inútiles o triviales, es sólo que la vida es corta y el silencio un rarísimo animal en extinción. Encontrárselo. Dejarlo hacer. Y que luego cada sonido vuelva a ser nuevo y cada palabra un instrumento para realzar o, simplemente, abrir nuevos trechos. Palabras que son más grandes que ellas mismas y que, en vez de cerrar ideas, abren tras de sí espacios abrumantes. Belleza. Océano. Muerte. Luz. Deseo. Amor. Paciencia. Universo. Y, por supuesto, silencio, visto por última vez en una habitación desvelada, rondando la piel de un abrazo, de un beso largo que se presiente y se espera, pero fuera del tiempo, como si fuera todo y nada.

El silencio, siempre tan profundo y sencillo, sin embargo puede llegar a tornarse un arma poderosa contra muchos a quienes ahuyenta con la dureza del temor y la pesada incomodidad, como tu mismo la ilustras. LA verdad es que el silencio es de la misma magnitud que el océano, la belleza, la muerte, el amor… Es bueno dejar que el silencio forme parte de la confianza, creo que cada quien lo necesita y si puedes compartirlo mejor aún.
Comment by Ale — August 23, 2007 @ 2:29 pm
Shhh… (te lo regalo, Ale)
Comment by robertos — August 27, 2007 @ 5:54 pm