No podía saberlo, porque justamente la magia de ese momento está en perderse sin que nada importe, pero ese era el primer silencio que compartíamos sin sentir esa pesada e incómoda sensación de que algo faltaba, un algo que antes, torpemente, llenábamos con palabras. Con esto no digo que las palabras sean inútiles o triviales, es sólo que la vida es corta y el silencio un rarísimo animal en extinción. Encontrárselo. Dejarlo hacer. Y que luego cada sonido vuelva a ser nuevo y cada palabra un instrumento para realzar o, simplemente, abrir nuevos trechos. Palabras que son más grandes que ellas mismas y que, en vez de cerrar ideas, abren tras de sí espacios abrumantes. Belleza. Océano. Muerte. Luz. Deseo. Amor. Paciencia. Universo. Y, por supuesto, silencio, visto por última vez en una habitación desvelada, rondando la piel de un abrazo, de un beso largo que se presiente y se espera, pero fuera del tiempo, como si fuera todo y nada.

Sestri Levante - Baia del silenzio