Amor

que esquivas el lodazal
de los periódicos
para encontrarme
en la pausa de los labios,
en las esquinas donde el tiempo
juega también a detenerse
y cruzar, luego que pase el tranvía,
por el rayado hasta la acera de en frente.

 

Trepado al hábito del relámpago,
en la edad blanca de las sábanas,
verde y alto sobre el estiércol
de la honda soledad,
desnudo de la mortaja de los sueños,
del otro lado del vidrio de las horas

 

para envejecer
entre tus pactos
y evadir las trampas
que esconde esta geometría imposible
de ciudad,
te he buscado
sin haberte querido buscar.

 

Luz y signos,
aromas y voces en cocina.
Los restos de una jornada irrepetible.
Los secretos de una tarde viciada
entre las pieles
de una luz que se transforma.

 

No soy yo,
la lluvia va mojando
todo lo que el amor nombra.