El arco y la liraNovember 26, 2007 8:15 am

Sé que existe algo más grande

y más acertado

que la suma de estas palabras

desgastadas.

Somos, a veces a pesar

nuestro, consecuencia de un destierro

con sus días de lluvia y fango,

con sus noches de hotel

y de desvelo,

y el corazón apretado

que lucha con el aire

y se agita con la voz

en el teléfono.

 

 


A nosotros nos une

cierto empeño,

una fuerza que se borra

y se vuelve a dibujar

en el desorden de los años.

 

 


Es una vida ocupada

con los pequeños propósitos,

afilando la espada

para esos mínimos duelos

de metro y de oficina,

en el amarillo del semáforo,

en la espesa vida del periódico

y la alcoba, sin olvidar

cualquier roce ilustre

en el mercado.

 

 


Mercaderes de anécdotas

escuetas,

las horas yermas adornan

también la mesa del mantel

e irrumpen con su azar

en la armonía de esta

vida de acera ancha

con vitrinas decoradas.

 

 


No salimos de la patria

para esto,

pero leémos las noticias

para justificarnos

que hemos cambiado

una condena por otra,

porque este invierno que viene

promete ser implacable

y la noche irá llegando más temprano

para repartirnos,

una a una,

todas sus disposiciones,.

Nostalgias y otros harakirisNovember 13, 2007 4:50 pm

 La nuestra es una cita que se viene postergando desde hace varios años y que con el paso del tiempo cambian no sólo los europeos escenarios – París, por ejemplo, en ese café del Mont Maître; Barcelona, allá donde termina la Rambla y Colón señala la distancia hacia América por encima de La Barceloneta; o Munich, escuchando música de bombos y platillos en el Jardín Inglés – sino también las posibles estaciones, desde la primavera, propicia para el deambular de los aromas, hasta el invierno de apretadas pieles oscuras sobre el cuerpo, apenas calentándonos. Lo que nunca cambia es la disposición de las sillas, una frente a otra, o quizás levemente entornadas hacia el ruido vivo de la calle, y entre esas sillas la mesa, una mesita redonda cubierta de un mantel a cuadros (¿rojos y blancos?) donde reposa un florero delgado atravesado por una rosa amarilla, el curioso color de la amistad. Nos acompaña el humo amable de un croissant, si se trata de una tarde parisina, el delicado escozor en los ojos que produce el ajo untado a un pan con tomate, si nos ilumina el sol catalán que tanto alabó Gaudí, o el vapor agrio del repollo que acompaña al blanquísimo weisswurst en una difuminada mañana en la Bavaria de los castillos mágicos. ¿Qué nos diremos, entonces? El absinthe, la botella destapada, dará oportunidad a lo fortuito, hemos decidido. Un poco los gestos, de resto las palabras y todo lo que siempre hemos querido contar. Lejos, pero nunca lo suficiente, se escuchará el doblar de unas campanas, sucecido por unos tenues “ale… ale… aleluya”, el himno al más desconcertante de todos los milagros.

Siempre es hoy, Politik, The Robert ReportNovember 7, 2007 9:25 pm

 Hay un capítulo* de Los Simpsons en el que el Señor Burns – para quienes vemos el programa en inglés, “Mr.” – hace unas malas inversiones y termina en la bancarrota, perdiendo la planta nuclear. La trama hace que Lisa y Mr. Burns – fijándose éste en el entusiasmo, inteligencia y potencial de la niña, y ella confiando en la promesa del viejo de que se ha vuelto un hombre de bien - se asocien en un proyecto de reciclaje. Les va muy bien; Lisa convence al pueblo de Springfield de los beneficios para el medio ambiente que trae consigo el reciclar y Mr. Burns no para de recoger latas al irse dando cuenta de que la empresa comercial es, sobre todo, muy lucrativa. Mr. Burns, así, recupera su fortuna y abre su propia planta de reciclaje. Invita a Lisa y le da un tour del lugar para que ella vea que cumple con todos los requisitos para ser una planta amable con el medio ambiente. Lisa se impresiona y confía en que Mr. Burns se ha rehabilitado, hasta que éste decide enseñarle “la mejor parte” de la fábrica. Se trata de una especie de red modificada con contenedores de aluminio para atrapar todo tipo de vida marina, con la cual el maléfico empresario piensa hacer toneladas de “Lil’ Lisa Slurry”, un químico industrial que planea poner en venta y ganar millones de dólares. Lisa, horrorizada, se da cuenta de que Mr. Burns sigue siendo el mismo empresario malvado, insensible y egoísta de siempre, y que la usó a ella y al ideal del reciclaje para acumular su nueva fortuna. La niña, oprimida por el peso de conciencia, decide salir corriendo por las calles de Springfield rogándole a la gente que ya no recicle, que reciclar ahora es algo malo…
 Aunque se trata de un capítulo que salió al aire hace más de diez años, su vigencia podría ser importada al escenario mundial que hoy en día se radicaliza en cuanto al calientamiento global. Por supuesto, hay muchos más puntos de contraste que de comparación entre Mr. Burns y Al Gore, pero esos puntos donde sí son comparables no dejan de dar qué pensar. Conozco a varias personas que, por ejemplo, atacan el perfil contra el caliento global por ser Gore su - ni siquiera digamos líder – vocero, valiéndose de esta imagen de político sensibilizado con la causa de una naturaleza convaleciente para restaurar un desprestigio que sólo se había acentuado desde que perdió las elecciones presidenciales en el año 2000 de manera escandalosa. Y la verdad es que ver el galardonado documental ‘An inconvenient truth’ le deja al espectador ese sabor nostálgico de un Gore que nunca podrá superar del todo el haber estado tan cerca de la Oficiana Ovalada en la Casa Blanca. Pero regresando al episodio de Los Simpsons y viendo la reacción de Lisa al descubrir cómo Mr. Burns usaba el dinero ganado mediante una empresa tan noble como el reciclaje, uno no deja de pensar que también ella está equivocada al renegarlo. El reciclaje, igual que ahora lo es el combatir la catástrofe del calentamiento global, es un ejercicio cívico que trasciende, que va más allá del egoísmo y el orgullo de ciertos individuos. Desconozco si Al Gore crea con sinceridad en la causa a la que tanto tiempo y esfuerzo ha dedicado, o si en un futuro utilizará esta fama renovada para lanzarse de nuevo en pos de la presidencia de los Estados Unidos. Lo que es innegable es que con su documental y con sus viajes predicando alrededor del mundo ha creado una moda, un despertar que ha puesto en la boca de todos el triste futuro que le espera a nuestro planeta si no actuamos pronto y con decisión contra el calentamiento global. Aplaudo la concesión del Premio Nóbel a Gore y su equipo de las Naciones Unidas. La supervivencia de la Tierra nunca ha sido una cuestión de derechas o de izquierdas, sino de ponerse de acuerdo entre lo que vale la pena salvar hoy para garantizarle a la vida un mañana sostenible y, por qué no, hermoso.
 Por cierto, el capítulo de Los Simpsons termina con Homero en el hospital, luego de sufrir múltiples ataques cardíacos al enterarse de que Mr. Burns, después de haber vendido la planta de reciclaje, le ofreció a Lisa, por haber sido su consejera, un 10% de sus ganancias de $120 millones. Ya en la cama del hospital un Homero fuera de peligro le dice a Lisa, luego de haberla perdonado, que seguramente Mr. Burns habrá gastado “esos $12 mil” que le había ofrecido. Era de esperarse que cuando Lisa le terminó de explicar a su padre cuánto es el 10% de $120 millones Homero sufrió un código azul…
 

* The Old Man and the Lisa (20/04/1997)

Mr. Burns and Lisa