La nuestra es una cita que se viene postergando desde hace varios años y que con el paso del tiempo cambian no sólo los europeos escenarios – París, por ejemplo, en ese café del Mont Maître; Barcelona, allá donde termina la Rambla y Colón señala la distancia hacia América por encima de La Barceloneta; o Munich, escuchando música de bombos y platillos en el Jardín Inglés – sino también las posibles estaciones, desde la primavera, propicia para el deambular de los aromas, hasta el invierno de apretadas pieles oscuras sobre el cuerpo, apenas calentándonos. Lo que nunca cambia es la disposición de las sillas, una frente a otra, o quizás levemente entornadas hacia el ruido vivo de la calle, y entre esas sillas la mesa, una mesita redonda cubierta de un mantel a cuadros (¿rojos y blancos?) donde reposa un florero delgado atravesado por una rosa amarilla, el curioso color de la amistad. Nos acompaña el humo amable de un croissant, si se trata de una tarde parisina, el delicado escozor en los ojos que produce el ajo untado a un pan con tomate, si nos ilumina el sol catalán que tanto alabó Gaudí, o el vapor agrio del repollo que acompaña al blanquísimo weisswurst en una difuminada mañana en la Bavaria de los castillos mágicos. ¿Qué nos diremos, entonces? El absinthe, la botella destapada, dará oportunidad a lo fortuito, hemos decidido. Un poco los gestos, de resto las palabras y todo lo que siempre hemos querido contar. Lejos, pero nunca lo suficiente, se escuchará el doblar de unas campanas, sucecido por unos tenues “ale… ale… aleluya”, el himno al más desconcertante de todos los milagros.
Nostalgias y otros harakirisNovember 13, 2007 4:50 pm
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Se te olvidó que en la mesa hay libros, y sobre los libros están los diarios. Entonces, con el pasar de la hora verde, de la mano de las hadas podremos, al fin, al menos presenciar esa reacción tan adorada por la historia de la literatura. Quizá, poco a poco irán destapándose metáforas y podríamos entrar en una conversación de otro lugar. No sé por qué, pero pienso que la creatividad se apoderaría de nuestras letras y llegaremos al clímax de la musa. Escribiremos en los diarios la mezcla de las sensaciones o el producto de la inspiración que pueda regalarnos ese momento de un país ajeno. Y si no termina siendo en una de esas capitales literarias pues sea donde sea. Será.
Creo que las conversaciones que puedan nacer de allí tendrán el poder de abrirnos otras ramas de entendimiento, creo también, que nos hacen falta esas conversaciones en el patio de tu casa con Rocko (si es que así se escribe) como juez o el perenne cuestionamiento de Efraín o si es por eso los e mails que mantienen la musa. La verdad es que con o sin el hada siempre hace falta un remolino literario, discusiones, filosofías, palancas y botones, primos y primas, playas de cemento y un poema de Neruda. Oliverio. Y la mala educación y tu mamá también, y… por su puesto Verónica, a quien esta vez invita a su famoso primo el verde.
Comment by ale — November 14, 2007 @ 2:18 pm
Oye! Esta padrisimo! Donde es? En alguna ciudad especifica o en la que uno se imagine?
Comment by Serg — November 14, 2007 @ 3:20 pm
Con tus palabras se completa esta nota, Ale. Un abrazo de otoño…
Serg, pos que bien encontrarte por aca, carnal. Se trata de La ciudad de la furia… Sabes, como la de Soda Stereo.
Comment by robertos — November 16, 2007 @ 5:08 pm
no importa donde sea ese cafe, pero que no se posponga mas!! =D
Comment by Sailyn — December 5, 2007 @ 7:40 pm