Amor a primer ‘click’: ¿sátira imprecisa del amor digital o una ventana literaria al siglo XXI?
Nos conocimos en su blog. Ella llevaba un post de verbos encendidos, ceñido a la altura del tercer párrafo y explayándose, a medida que iba cayendo, hasta abrirse por completo con unos irresistibles puntos suspensivos. Se protegía del frío con la fotografía surrealista de un sol que, en su ocaso, iba cayendo dentro de una boca de amplios labios rojos y dientes blancos. Demasiado blancos, recuerdo. Me quedé viendo su trasfondo celeste, ocupado con su Century Gothic de negritas subrayadas, itálicas perfectas y comillas traviesas que voloteaban entre sus tildes, aún jóvenes y puntiagudas. Sólo luego reparé, con cierto sonrojo, en el contador que había delatado mi presencia: número 2666.
Llegué allí por casualidad; conducía el ratón con el descuido de un jueves por la tarde luego del trabajo. Me detenía con desgano en la intersección de cada hyperlink y, con unos pocos golpes de dedos, cambiaba de rumbo para visitar esos lugares comunes donde de vez en cuando me siento a conversar con los amigos. Llovía y no tenía que dejarme alcanzar por las gotas que golpeaban suavemente el vidrio para saber que era una lluvia desmenuzada y fría. Me cansé de andar. Pero justo cuando aceleraba el cursor y giraba hacia home, vi, en el fondo de un párrafo poco transitado, un nombre que brillaba como un local de azul neón en lo negro de la noche. Era la Embajada de un País Desconocido; entré sin tocar antes la puerta.
Le hablé. Le dije, superando cualquier asomo de vergüenza, que me gustaba y que quería que nos viéramos de nuevo. “Eres mi favorita”, le aseguré. Ella permaneció en silencio, pero yo presentía que había alguien más en la Embajada, ese amplio aposento de historias y habitaciones, muy distintas una de la otra y decoradas por alguien sin escrúpulo. La noche se fue llenado de más noche y en cierto momento me dije basta, es hora de regresar. Escogí una pared limpia y alta de lo que parecía la sala principal para dejarle un mensaje citándola con mi dirección. En el camino a home decidí detenerme en el Miami para ver qué se hablaba de la vida. Confirmé que la vida seguía siendo la misma, urgente y desolada, y regresé a lo mío, con el corazón ardiendo, esperando que ella viniera pronto a encontrarme con sus palabras. Sigo aquí, desde entonces, en la esquina de siempre, Entre el Lenguaje y La Anécdota, mientras se acumulan la intriga y los voquibles, el combustible de esta inmensa esperanza.


mmmmm…tan moderno y tan ‘romantico’! Me encanto desde el preview
Comment by sailyn — March 21, 2008 @ 3:18 pm
Gracias, por supuesto. Y hasta la proxima!
Comment by robertos — March 28, 2008 @ 3:55 pm
:););););););)
Comment by Laura Campos — April 8, 2008 @ 2:48 am
:-)(
Comment by robertos — April 16, 2008 @ 5:24 pm