Lejos de ti
las palabras van perdiendo
su concreto,
son sólo arena y polvo,
sin hacerse fuertes por el agua.

 

Blandas,
como ahora lo son,
van restándole importancia
a las verdades, al ejercicio silencioso
de la reflexión, a la pausa
que precede cada instante.

 

Escritas
conservan su geometría,
un arte que la vista reconoce
y que las yemas recorren
cuando tu playa se presta
a la caligrafía de los dedos.

 

Los pasos alguna vez
se hundieron
en tu azul de cielos mansos,
en tu gris de nubes encrespadas,
en tu negro de noches insondables.

 

El suelo era la sombra
de tu cuerpo, que se alarga
hasta donde los sueños
corren y desgastan.

 

Queda la sed
al mezclar tu nombre
con mi boca,
y la promesa de un sol
irresponsable.
Queda tu sonido
de coco
entre mis muelas,
el eco del caracol
que se despierta,
la medusa que se desangra
entre las piedras,
y la maraña de algas
que viene y se aleja
con la luna
cortejando la marea.