Circo negro, Siempre es hoy, The Robert ReportFebruary 7, 2008 12:23 am

 Si la película Ratatouille, de Disney, hubiera sido ambientada en algún suburbio de Vietnam y no en París la suerte de Remy, la simpática e inspirada rata-chef que cocina escondida en el sombrero de Linguini, hubiera sido, probablemente, muy diferente. En ambos países se le hubiera perseguido de igual manera pero por razones radicalmente distintas: en Francia querían liquidar a Remy por cuestiones de higiene y sacarla en una bolsa negra del restaurante, mientras que en Vietnam la hubieran matado, pero para meterla, justamente, en la cocina del restaurante – o de la casa, cafetería, etc. -, y esta vez no como chef sino como otro ingrediente más, uno que el Vietnam actual ha adoptado como uno de los principales a la hora de la creación culinaria.
 (Superado el antiperistaltismo, conocido comúnmente como “reflejo del vómito”, proseguir la lectura…)
 El éxito mundial de la ratica de Disney y, hace unos años ya, del libro ¿Quién se ha llevado mi queso?, en el que se exaltaba la habilidad de la rata de seguir buscando comida mecánicamente mientras se despreciaba descaradamente la capacidad pensante del ser humano, hicieron de excelente prólogo a lo que comienza mañana, 7 de febrero, según el Calendario Chino: el año de la rata. Pero en Vietnam, que como la gran mayoría en Asia sigue el calendario gregoriano para su día a día y el calendario chino sólo para las fiestas tradicionales, el tiempo de la rata lleva mucho más de un año. Aunque hay recetas vietnamitas con carne de rata que datan desde hace más de 150 años, el auge que hoy en día tiene la rata en sus menús tiene, tristemente, menos de tradicionalista y mucho más de circunstancial. Basta con hacer una búsqueda en algún motor de cualquier periódico internacional para recordar los malos ratos que pasó Vietnam en el 2004, cuando la fiebre aviar (SARS*) cobró en ese país suficientes vidas como para que la gente desterrara casi por completo de sus dietas la carne avícola; sólo el pollo importado, mucho más caro que el nacional, se consumía, si acaso. Y como no sólo de arroz vive el hombre, ni siquiera los asiáticos, la gente comenzó a aumentar su consumo de serpiente y gato, este último llamado en los menús como “pequeño tigre”. Pero pronto las autoridades vietnamitas y la realidad capitalista – oferta y demanda – hicieron que los precios de estos “alimentos” subieran rápidamente; la carne de serpiente, considerada en China como una exquisitez, comenzó a exportarse a gran escala, cortando el suministro local, y la carne de gato comenzó a moverse mayormente en el mercado negro porque desde 1998 existe una ley que prohíbe su comercialización.
 En el zodíaco chino uno de los grandes atributos que se da a la rata es su facilidad para la reproducción, su fertilidad, y su habilidad para encontrar alimento en los lugares más insospechados. Son, principalmente, un sinónimo de abundancia. Y fiel a su fama, estos roedores no hicieron sino multiplicarse exponencialmente cuando el número de sus dos grandes depredadores, la serpiente y el gato, fue disminuyendo a medida que los vietnamitas los utilizaban como reemplazo de las aves que ya no se atrevían a comer por temor a la fiebre aviaria. La rata comenzó a aumentar de población rápidamente, lo cual también ha ayudado a que su precio siga siendo más barato que el de cerdo, por ejemplo. Así, estos roedores han ido invadiendo cultivos y ciudades, hasta que el hambre y la creatividad humana – esa espeluznante capacidad de adaptación que nos caracteriza -, comenzó a ocupar el puesto de los depredadores naturales de las ratas, y las ratas, a su vez, dejaron de ser parte de recetas antiguas y rurales y comenzaron a ser parte de la dieta convencional del vietnamita del campo y el citadino.
 Para el conocedor, o si algún día te encuentras en un mercado vietnamita sin saber qué rata llevar, las ratas más “apetitosas son las más gorditas, con una fina capa de grasa” que le da “más sabor” a la carne a la hora de cocinarla, sea en cuadritos y frita o en trozos más grandes como parte de un asopado, “perfecto para los fríos días de invierno”, como asegura la señora Thanh, la cocinera de un respetado restaurante de Ho Chi Minh, otrora Saigón. Con la misma naturalidad con que una abuela italiana diera la receta para una lasagna, la señora Thanh comienza citando los ingredientes:

- Dos ratas silvestres grandes, limpias y destripadas, cortadas en cuatro.
- Dos dientes de ajo machucados.
- Media taza de lemongrass.
- Media taza de semillas de pimiento rojo picante.
- Cuatro tazas de caldo de pescado.
- Sal al gusto.

 “El truco está en machacar muy bien las semillas de pimiento, agregándoles un poco de caldo de pescado para hacer una pasta que se va agregar al caldo junto con las hojas de limón cuando el caldo haya hervido. Ah, bueno, ponga primero a hervir el caldo, por supuesto, con el ajo y un poco de sal. Luego le pone el picante y las hojas de limón y las ratas. Tápelo y deje cocinar por media hora. A partir de ahí es cuestión de ir probando y ajustar la sazón. A mí me gusta con mucho picante y poca sal pero hay que tener consideración con los turistas que vienen al restaurante, ya una vez mandé a uno al hospital porque la comida estaba muy picante”, se ríe. “Por eso, aunque es rico comer la rata en un restaurante, no hay nada más sabroso que cocinar la rata en casa y comerla en la familia. Sobre todo ahora que comienza el año de la rata.” Entonces yo le pregunto, “¿cuándo es el año del perro?”, pero ella no parece entender el chiste.

Rata china 

 * Severe acute respiratory síndrome.

 

Circo negro, Siempre es hoyApril 1, 2007 7:06 pm

 Por experiencia propia, desconfío de quien asegure que el hombre contemporáneo no tiene tiempo para pensar. Todo lo contrario. Tenemos demasiado tiempo para divagar, para perdernos en la neblina de sueños diurnos. Por ejemplo yo, regresando de la oficina, con la corbata todavía apretándome el pecado de Eva y jugando a encontrar en los tres espejos del carro las caras mortificadas de los otros conductores que me acompañan en una nueva escena de esta lenta obra de teatro que se llama Tráfico. El folleto promocional asegura que la obra ha tenido un sostenido éxito en todas las ciudades del mundo, desde Génova hasta Beirut, pasando por Shangai, Maracaibo y los altibajos de San Francisco. Frente al volante, con las manos sobre él ya por costumbre, me encuentro con el reflejo de frentes fruncidas, de orejas y bocas inaudibles colgadas de un teléfono móvil, de uno que otro disidente que sigue con la cabeza el ritmo de alguna música. Yo observo. Por la vestimenta del conductor puedo ir adivinando de dónde vienen, cuál es su profesión, y hasta quién les espera al abrir la puerta de su hogar, dulce hogar, cuando esta serpiente metálica e inmóvil termine de digerirnos a todos y nos bote, al fin, en alguna de las calles de esta ciudad invadadida de pinos y circundada por tantas montañas afiladas. Pero tampoco allí estaremos libres, me temo, porque ya nos estarán esperando esos monstruos colgantes de tres ojos, con su rojo, verde y amarillo, para obligarnos a detenernos y de nuevo tentar lo que queda de la fracturada paciencia. Sólo al entrar en casa culmina, al fin, la función del día, y tras la puerta se cierra el telón y se escucha el rugido ensordecedor de los aplausos. No sabemos si salir y presentarnos a la audencia, recibir el ramo de flores de tallo largo y dar un último saludo hasta desaparecer, hasta el día siguiente, detrás de la altísima fortaleza de terciopelo que separa el estruendo de las butacas con la paz del televisor y de la familiar alarma que nos invita a abrir y disfrutar de otra cena más, cortesía de esa maravilla que todos conocemos, simplemente, como el microondas.

Sube el telon

Mansas quimeras, Circo negroFebruary 23, 2007 6:53 pm

Gin and tonic Comencé a beber el líquido de los hielos que se iban derritiendo, mientras esperaba a que ella terminara su cerveza, una Corona en la que flotaba la fracción de un limón espumante. En su mesa estaba su cartera, negra y pequeña, reposando al lado de otra más grande y blanca, la de su amiga, una muchacha que seguramente rozaba ya los treinta y que hablaba sin dejar de sonreír, con sus redondos ojos claros muy abiertos. Su amiga escuchaba sin prestarle demasiada atención, alternando la mirada entre la cerveza y la pista de baile, que poco a poco se llenaba de una juventud exaltada, no necesariamente atractiva. Cuando bebió el último trago y su lengua jugó por unos segundos con el limón que la gravedad envió hasta el pico de la botella supe que esa noche yo tendría la misma suerte del limón y su lengua también jugaría con la mía. Eso pensé cuando me levanté y caminé despacio hacia su mesa, a pocos pasos de la mía, en la que mi amigo Antonio esperaría mientras yo intentaba una conversación con la de la cartera negra y la botella vacía. Saludé, mirando por un segundo a la amiga y luego concentrando toda mi atención en la muchacha de ojos oscuros, que había acercado su cara a la mía para escuchar mi proposición de traerle otra Corona y algo - lo que ella quisiera - para su amiga. Sonrió y luego le explicó a gritos a la amiga que si quería algo para tomar. Una Coors light, me dijo, todavía con su amplia sonrisa sostenida entre los gruesos cachetes, mucho más carnosos ahora que estábamos tan cerca. Fui al bar y ordené las cervezas, un güisqui tónic para Antonio y un gin tónic para mí. Regresé a su mesa sosteniendo con esmero las bebidas y llamé con un gesto a Antonio para que se acercara. Era una matemática simple, ellas dos y nosotros dos, ella bonita y yo buscando una muchacha bonita. Antonio se portó a la altura, distrayendo con cualquier conversación a una amiga que con cada gesto se descubría más pasada de kilos, aunque efervescente de simpatía y delicadas anécdotas de mujer soltera que quiere dejar de serlo. Mientras tanto yo me presentaba, y al estrechar su mano la sentí fría y suave, por la temperatura de la Corona, en la que otro limón despedía una espuma fina. Su nombre era Angélica, un nombre que fui confirmando a medida que las palabras se iban quedando en el trasfondo, detrás del lenguaje milimétrico de su cuerpo, mucho más atrás del perfume que subía desde su piel y me hacía entender lo que querían decir Wisin y Yandel en el reguetón que sonaba en la pista, “sospecho, de hecho, que a la gata le duele el pecho. Tengo la solución pa` tu despecho, mira pa`l techo y buen provecho”. ¿Bailamos? Por supuesto, le dije, mientras le ofrecía la mano para que se levantara de la silla. Se acomodó el cabello, oscuro y lacio, y luego la falda blanca, que por haber estado sentada se le había subido hasta el medio muslo. Me reí al pensar en esa palabra, “muslo”, porque recordé que no había cenado y que tal vez por eso los gin tónics se me habían subido tan rápido a la cabeza. Bailando me gritó que era enfermera. Yo le dije que estaba contento que fuera enfermera porque así, si me sentía mal, ella podría cuidarme con todo el cariño y con los conocimientos de la ciencia. Ella se rió, y entonces me explicó que era enfermera, pero de un hospital de urología. Yo le dije que eso era perfecto, porque justamente necesitaba un diagnóstico urgente. Resulta, le dije, que cuando te acercas bailando así se me… Pero ella me interrumpió poniendo un dedo sobre mi boca. Ya sé lo que tienes, dijo, es un síntoma de mezclar alcohol con reguetón y luego bailar conmigo. Me sonrojé. Por suerte, continuó, conozco el remedio perfecto. Fue entonces cuando vi a Antonio bailando con la amiga, la gordita, y pensé, “definitivamente, se trata de una epidemia”.

Circo negroJanuary 16, 2007 8:38 pm


Llámame Ishmael,

for all I care,

pero no busco ballenas

sino muslo pa’ comer.

Si eres blanca o morena,

tampoco tiene que ver.

 

 


Tengo esta lanza

que le apunta a tu molino.

Tengo el sonido y la furia

para hacerte sudar vino.

Que esperen las visitadoras que me quieren ver.

Que no importa si no conoces el hielo,

esta noche tú y yo vamos a arder.

 

 


No te prometo casarnos.

No te prometo volver.

Sólo esta noche que dure

hasta el dos-seis-seis-seis…

 

 


Que soy el lobo estepario

con la labia de dos Sanchos,

y que yo he dido contando

las edades de Lulú.

Pero pa’ mí no hay descanso

mientras no hayas caído tú.

 

 


Son cien años de cachondeo,

pero esta noche ya hay tiroteo.

Que no hay Siddharta que valga,

ni Buendía que no se agarra

a una tía como la Lolita

o a una casada a lo Bovary.

 

 


En tu mirada de Santa Evita en dos colores

se esconde la niña mala de Miraflores.

Igual en París que en los ascensores.

Igual en Cuba que en los aviones.

Igual yo te rescato,

como en noticia de un secuestro,

para después arrodillarte en mi apartamento.

 

 


No te prometo regalos.

No te prometo querer.

Pon las manos en la pared:

Soy el detective salvaje

que te viene a esclarecer.

Con las ganas de Valjean

y la obstinación de Javert.

 

 


No te prometo casarnos.

No te prometo volver.

Sólo esta noche que dure

hasta el dos-seis-seis-seis.

Circo negroDecember 18, 2006 10:05 pm

¿Quién no ha metido alguna vez la pata al decir algo totalmente irrelevante o, simplemente, estúpido? La embarrada – a lo barranquillero – se convierte en circo cuando, siendo una personalidad pública, lo haces frente a un micrófono, frente a una cámara de video, o cerca de la tinta atenta de algún reportero amarillista. Cuando son famosas las bocas que se equivocan, el regocijo es más bien general, porque creemos que nosotros, los comunes, no diríamos algo tan idiota; lo cual, gracias a alguna analogía fantástica, nos convierte automáticamente en seres superiores, en meritorios de la fortuna y la fama, o al menos parte de ellas, de quien, como el pez, ha muerto – metafóricamente hablando – por la boca. Hay quienes no creen en la vergüenza y vuelven una y otra a vez a caer en la tentación de decir disparates, como el Presidente G. W. Bush, de quien ya existe un diccionario alusivo llamado “bushisms”, muy popular en el mercado de los calendarios de oficina, donde el Presidente alterna entre neologismos y frases muy, muy inexactas.
Por supuesto, cuando la palabra o la frase mal dicha vienen de alguien cercano, perteneciente a nuestro círculo social, se convierte en una comedia más accesible, aunque igual de cruel, a la que siempre recurrimos en una conversación de vinos y tapas, en el mejor caso, o de cervezas y papas fritas de bolsa genérica, en el peor.
Aquí he reunido varios ejemplos de burradas dichas por famosos, así como un puñado de disparates relinchados por amigos, que han de permanecer anónimos hasta que algún lector me invite a una copa de algo acompañada con pasapalos y buena música de fondo.
No olviden escribir en la sección de comentarios aquellas frases risibles que han escuchado y que merecen estar en la Antología de aforismos anti-célebres o en el Diccionario de tropezones verbales.

 

Antología de aforismos anti-célebres

 

Frases dichas por ellas

 

"Definitivamente me gustaría conocer a Lady Di… Afortunadamente ya se murió…"
- Alexia Zambrano, reciente candidata al Miss Colombia.

 

"¿Alguien sabe en donde se hará el festival de Cannes de este año?"
- Cristina Aguilera, cantante pop

 

“Lo sentimos mucho por las victimas del tsurimi.”
- Ninel Conde

 

"Smoking kills. If you’re killed, you’ve lost a very important part of your life."
- Brooke Shields, actress.

 

Frases dichas por ellos

 

"You guys line up alphabetically by height."
- Bill Peterson, Florida State football coach

 

"And now the sequence of events in no particular order."
- Dan Rather, ex-television news anchor

 

"I have opinions of my own –strong opinions– but I don’t always agree with them."
- George Bush Sr., former U.S. President

 

"Hi I’m Dean White, Dick, of the college."
- Richard (Dick) White, Duke University academic Dean introducing himself at a faculty dinner.

 

"Por ahora."

 

“El capitalismo llevará a la perdición de la humanidad y lo destruirá todo, incluyendo la amistad.”
- Hugo Chávez Frías, Presidente de Venezuela

 

"Rarely is the question asked, is our children learning?”

 

"…working hard to put food on your family."

 

"I think anybody who doesn’t think I’m smart enough to handle the job is misunderestimating."
- George W. Bush, President of the U.S.

 

"You don’t even know what Ritalin is… you don’t know the history of psychiatry. I do."
-Tom Cruise, actor.

 

Frases anónimas

 

"Traffic is very heavy at the moment, so if you are thinking of leaving now, you’d better set off a few minutes earlier."
- Anonymous Traffic Report

 

"We are unable to announce the weather. We depend on weather reports from the airport, which is closed, due to weather. Whether we will be able to give you a weather report tomorrow will depend on the weather."
- Arab News report

 

"Man shoots neighbor with machete."
- Miami Herald, headline

 

"Elephants Please Stay In Your Car."
- Safari park sign

 

Diccionario de tropezones verbales
A

 

Apropósitamente – A propósito, adrede, al convertirlo en adverbio para acentuar la acción.

 

C

 

Contesto – De “contest”, en inglés, que quiere decir concurso, competencia.

 

E

 

Engordeser – Engordar.

 

Exhaustado – Portmanteau* de exhausto y cansado.

 

L

 

Luquear – Mirar, observar, del verbo “look” en inglés.

 

M

 

Misunderestimated (English, bushim) – A portmanteau* of “misunderstood” and “underestimated”.

 

N

 

Netz (english) – Next.

 

O

 

Orinero – Urinario, baño.

 

P

 

Perverto – Pervertido, del inglés “perverted”.

 

S

 

Sirvar – Silvar, queriendo pronunciarla de manera correcta, pero creyendo que, por ser del Caribe, había cambiado inconscientemente la ele por una ere.

 

 

* portmanteau: palabra que fusiona una o más palabras, considerada, por ende, un neologismo.

 

El diccionario queda oficialmente abierto a sus aportes.
                               Lengua 

Circo negroDecember 11, 2006 9:52 pm

En la cocina, la persiana filtra la tenue luz de la mañana. Es una cocina moderna, plateada, de acabados de granito oscuro y en el techo una hilera de pequeñas lámparas metálicas, de luz alógena, dispuestas en espiral. Ricardo abre la nevera y saca la leche. Revisa de vez en cuando la hornilla donde se está haciendo el café. Se acerca al grifo y se escucha el agua que corre, por un par de segundos, con fuerza. Armando llega a la cocina, con el cabello desordenado, y comienza a abrir gavetas y estantes, buscando algo. El reloj digital del microondas avisa que son las ocho y trece.

Ricardo: Madrugando, ¿ah?
Armando: Más o menos…

Silencio. Armando sigue buscando, ahora en la despensa.

Ricardo: ¿Recuerdas que esta tarde es la invitación a casa de Brenda?
Armando: Se me había olvidado… ¿A qué hora es?
Ricardo: A la una y media están sirviendo la comida, me dijo. Podemos llegar cuando sea, antes de esa hora.
Armando: Está bien. ¿Y qué vamos a llevar? No estaría bien llegar con las manos vacías.
Ricardo: ¡Por supuesto que no! Estaba pensado llevar una botella de vino y turrón. Turrón no es una mala idea, ¿qué te parece?

Armando, que se estaba sirviendo el cereal, hizo una pausa, callado. Señaló con la boca la cafetera, que ya estaba silbando, y terminó lo que quedaba de leche en el cartón, vaciándola en el plato hondo donde había servido el cereal. Seguía callado. Ricardo se apresuró a retirar el café del fuego.

Ricardo: ¿Qué, no quieres llevar vino y turrón?

Armando se voltea de inmediato hacia Ricardo y frunce el ceño, molesto.

Armando: Si sabes que es el último que me queda de cuando fui a Venezuela, ¿por qué tenemos que llevar mi ron? El vino está bien, pero el ron no lo voy a llevar.

Ricardo rompe en carcajadas. Armando le sigue observando, contrariado, sosteniendo una cucharada de cereal en el aire, entre el plato y la boca entreabierta.

Ricardo: Dije que vamos a llevar turrón, no tu ron. ¿Entiendes? Turrón, no tu-ron… ¿Son las ocho y media de la mañana y ya estás pensando en curda? Estás pasado, brother. Pero en algo tienes razón, esa botella de ron Aniversario no sale de la casa sino vacía.

Armando, con el semblante aliviado, ríe mientras, por fin, mastica su desayuno. Ricardo dilata el primer sorbo de café, todavía con una carcajada atravesada. Afuera el día ya se ha puesto gris.

Mansas quimeras, Circo negroJuly 19, 2006 2:59 pm

Good and Evil Ahora, nerviosa, piensa en la posibilidad de resucitarlo. Se pregunta, mientras comprueba lo deplorable de su estado ante un espejo de medio cuerpo, si era así como quería sentirse, si era de esa forma espantosa que pensaba atravesar el arco insalvable de la vejez. Tanto, tanto dinero, afirma en voz alta, y sin embargo… Sin embargo se siente miserable, la invita a que afirme, a que acepte, su terapeuta. Sí, haber asesinado al joven la liberó de lo que creía un condena ad infinitum, pero ahora encuentra que su vida es más vacía y supérflua que nunca. Ni siquiera su hija le brinda el consuelo y la esperanza que antes le daban las aventuras del tímido muchacho del relámpago en la frente. Y por qué no lo resucitas, pregunta, con genuina curiosidad, la doctora; en teoría, en aquel mundo mágico todo podría ser posible… La mujer, que ha regresado su mirada desde el espejo, se muerde el labio inferior sin apretar demasiado los dientes. Piensa. Por supuesto que podría devolverle la vida, objeta con una emoción renovada, pero te recuerdo que el verdader meollo de la saga ha sido siempre la batalla entre el bien y el mal. Y la muerte, del modo en que la planteé, es avalada por el bien. Resucitarlo sería una abominación, medita. Estas últimas palabras las pronunció de pie, a modo de preámbulo de despedida. Luego de salir, la doctora entiende las justificaciones de su paciente como un retroceso en la terapia. Anota en su cuaderno: no hay que descartar el internarla. Luego piensa en qué excusa le dará ella a sus hijas por no haber pedido, de nuevo, que su paciente le regalara - solamente - un par de firmas dedicadas. Suspira.

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 Esto fue una simple ocurrencia que nació luego de haber leído que J.K. Rowling, autora, pensaba matar a dos personajes en la próxima entrega de Harry Potter, y que uno de los muertos podría ser el propio protagonista. No me he leído ninguno de sus libros - lo admito - pero me pareció que, desde el punto de vista del escritor que asesina a su héroe o antihéroe, hay cabida para bastante especulación. Ya sabemos que García Márquez lloró cuando le tocó matar a su viejo Coronel en ‘Cien años de soledad’, y se sabe también que Cervantes no tuvo más remedio que matar a Don Quijote para evitar que otros escritores siguieran copiándolo. Lo interesantes del caso de J.K. Rowling es que ella pretende matar a Potter porque no quiere escribir sobre el joven mago por el resto de su vida, segun sus propias declaraciones. Este fue mi aporte, ficticio, sobre lo que pasaría si ella decide acabar con la vida de su héroe y gallina de huevos de oro…

Circo negroApril 17, 2006 11:13 pm

SeleccionesDesde pequeño he disfrutado leyendo la revista Reader’s Digest. No tanto por la historias de héroes cotidianos o por las escalofriantes andanzas de asesinos con vocación, sino por las ya clásicas páginas dedicadas al humor: “gajes del oficio”, “así es la vida”, “entre niños te veas”, “humor en uniforme” y “la risa, remedio infalible”. Son lecturas livianas que rescatan del día a día momentos agradables, momentos memorables, momentos de comedia.

Yo también tengo mis propias anécdotas. Algunas las he vivido, otras me las han contado, pero a fin de cuentas las he redactado todas como si me hubieran sucedido a mí. Espero puedan encontrarles algo de gracia: sé que mi humor peca a veces de particular…

- Era el bautizo de mi prima, de sólo pocos meses de nacida, y lo estábamos celebrando en familia en casa de mi tía. Como somos una familia numerosa, se decidió comprar platos, vasos y cubiertos desechables para ahorrarse así el maratón de lavar. Pero luego de la cena, mi tía salió de la cocina, y con cara de resignación preguntó, “¿estuvo la abuela en la cocina?.” “¿Cómo lo sabes?, pregunté.” Y sin decir nada, mi tía levantó unos platos de cartón empapados, como si alguien los hubiese lavado.

- Trabajo en una librería que vende también cafés y dulces. Conversando con una compañera de trabajo que recientemente tuvo un hijo, le pregunté si tenía algunas fotos del pequeño. Me dijo que sí, y mientras me las enseñaba le pregunté discretamente cómo le parece la vida de casada. En ese momento, y notablemente indignada, me dice en tono inteligente: “Oh, no… Para casarme tengo que estar cien por ciento segura que él es el hombre de mi vida…” Yo pienso: menos mal que para tener un hijo los requisitos no son tan importantes.

 

- Mi amiga, luego de tantas vueltas por el mundo, decidió mudarse a un pequeño pueblo al norte de la Florida, donde eventualmente conoció al que sería su esposo. El día de la fiesta de matrimonio ella quiso sorprender a todos los invitados, incluyendo a la numerosa familia del novio (quienes llevan varias generaciones viviendo en el mismo lugar, con población de sólo algunos miles de habitantes). Para lograrlo, mi amiga me comentó que iba a bailar flamenco. Yo le comenté que debido a lo pequeño que era el pueblo y por las maneras de los habitantes, tal vez no sabrían lo que es el flamenco. Mi amiga, sin embargo, insistió, y un poco después de la media noche comenzó su sensual representación. Pero para la vergüenza de unos pocos, algunos invitados del pueblo confundieron el corporal baile con algún tipo de striptease, porque tan sólo unos minutos después de empezado el taconeo, fueron varios los que subieron a la tarima de madera para ponerle billetes dentro del vestido blanco a mi sonrojada amiga.

- La señora pagó, y luego de guardar el vuelto y el recibo en el bolsillo, se fue apresuradamente olvidando llevarse los libros pagados. No era la primera vez que un cliente distraído daba media vuelta y se marchaba dejando la mercancía recién comprada, asi que nadie se alteró. La señora regresó minutos más tarde, un poco sonrojada, y, disculpándose, preguntó si por casualidad no había dejado también su cerebro olvidado junto con los libros, a lo cual mi compañero respondió: “ ¿Es uno gris, como de este tamaño, arrugado como una pasa? Tranquila señora, también se lo hemos guardado dentro de la bolsa…”