El arco y la liraMarch 28, 2008 3:57 pm

                                        A Mariana, que me enseñó la rueda.
Ahora sé
que el tiempo nos habita
y trabaja con sus manos
nuestros cuerpos.
Nadie nunca espera
por nosotros,
que hemos hecho de la luz
un calendario
y de la noche una maestría
de la piel y del aliento.

Llevas en los ojos
el mapa de tus días,
la infancia del piano
y del pescado,
los días largos
con mar y bicicleta
atravesando la ciudad vieja
desde tu amplia casa
en El Vedado,
entre las lomas y la dictadura
de un sol incuestionable.
El azúcar crecía
y se iba endulzando con tus manos.

Tu boca ha ido sumando
las palabras. Los verbos
han perdido el primer sabor
de la inocencia
y el oscuro fervor de lo sagrado.
Así, tu belleza de mujer
se fue formando
desde adentro, imparable
como una ola de mar alebrestado.
Una fuerza secreta
perfumada con una urgente antología
de aromas y paciencia,
envuelta por esa inteligencia
a la que hoy estoy acostumbrado.

En las noches
se han ido perdiendo las costumbres,
el último recurso
de la disciplina y sus fantasmas.
No existe una nostalgia,
nada preciso o impreciso
que conmueva más allá
de los besos desordenados
en la cama, sobre el charco
que construyen nuestras sombras,
la parte más oscura de nosotros
donde nunca cabe el rigor
de las palabras.

Afuera de nosotros
no hay nada
que me convenza de seguir
un camino diferente
al de tu rastro,
salado de mar,
que me lleva en su resaca
al malecón
del tiempo que te habita.

El Vedado en La Habana   Malecon

El arco y la liraJanuary 10, 2008 11:48 pm

Aquí la noche es más larga,
más fría, más lenta
que en esas otras ciudades
donde, en cambio,
su oscuridad me tomaba
por sorpresa, igual que la linterna
policíaca sorprende al ladrón torpe.

Una calle honda, perforada
por la altas luces de unos faroles
desolados.
Paréntesis de luz
que delatan sobre lo blanco
la huella oscura
de unos pasos que pueden ser de cualquiera,
pero de todas maneras
especulo:

En algún momento
todos hemos sido
un poco el reportero,
otro poco la propia noticia.

De este invierno, por ejemplo,
de esta nieve opaca y optimista,
también tengo yo
otro poco más de culpa.

…Que tú, al menos,
y ese chiste amargo
de que tu fiebre
ayuda a que este mundo
siga su indetenible
pero lejano calentamiento.

El arco y la liraNovember 26, 2007 8:15 am

Sé que existe algo más grande

y más acertado

que la suma de estas palabras

desgastadas.

Somos, a veces a pesar

nuestro, consecuencia de un destierro

con sus días de lluvia y fango,

con sus noches de hotel

y de desvelo,

y el corazón apretado

que lucha con el aire

y se agita con la voz

en el teléfono.

 

 


A nosotros nos une

cierto empeño,

una fuerza que se borra

y se vuelve a dibujar

en el desorden de los años.

 

 


Es una vida ocupada

con los pequeños propósitos,

afilando la espada

para esos mínimos duelos

de metro y de oficina,

en el amarillo del semáforo,

en la espesa vida del periódico

y la alcoba, sin olvidar

cualquier roce ilustre

en el mercado.

 

 


Mercaderes de anécdotas

escuetas,

las horas yermas adornan

también la mesa del mantel

e irrumpen con su azar

en la armonía de esta

vida de acera ancha con vitrinas.

 

 


No salimos de la patria

para esto,

pero leémos las noticias

para justificarnos

que hemos cambiado

una condena por otra,

porque este invierno que viene

promete ser implacable

y la noche irá llegando más temprano

para repartirnos

todas sus disposiciones.

El arco y la liraOctober 29, 2007 7:58 pm

Llamas.
Cuando por fin quedas
quieta en la memoria
llamas,
y tu voz me precipita
a un amor extenso
que siempre ha pendido
de un hilo,
de una fibra del acero
más atroz e inolvidable.

 

Cada vez más cerca
del silencio,
voy reconociendo
los ecos que no han sabido acallar
el tiempo y su inquieta disciplina.
Vuelves a habitar
las calles de una soledad
que segundos antes
era la única prueba
de que soy un hombre libre,
un animal que come
y duerme en la ciudad,
con un corazón tatuado
bajo las ropas de esta elegancia
hermana de las deudas.

 

Regresan también
el temblor y la tormenta de la espera.
Si te dijera que nada ha cambiado,
que el mundo no es distinto
y mis labios siguen
hábiles de paciencia…
Porque a pesar de que has cedido
sigues siendo la secreta,
la que aparece de repente,
como un gato jugando entre zarzales.
La que nunca ha aprendido
a despedirse
y cerrar tras de sí
la puerta, lo que conjura
la química

de todo lo que se deshace.

El arco y la liraSeptember 29, 2007 2:06 pm

Amor

que esquivas el lodazal
de los periódicos
para encontrarme
en la pausa de los labios,
en las esquinas donde el tiempo
juega también a detenerse
y cruzar, luego que pase el tranvía,
por el rayado hasta la acera de en frente.

 

Trepado al hábito del relámpago,
en la edad blanca de las sábanas,
verde y alto sobre el estiércol
de la honda soledad,
desnudo de la mortaja de los sueños,
del otro lado del vidrio de las horas

 

para envejecer
entre tus pactos
y evadir las trampas
que esconde esta geometría imposible
de ciudad,
te he buscado
sin haberte querido buscar.

 

Luz y signos,
aromas y voces en cocina.
Los restos de una jornada irrepetible.
Los secretos de una tarde viciada
entre las pieles
de una luz que se transforma.

 

No soy yo,
la lluvia va mojando
todo lo que el amor nombra.

El arco y la liraAugust 9, 2007 7:21 am


Vas conociendo el color

de mis derrotas

y mi manera de adornarlas

con palabras, con esos gestos

que ahora me delatan.

 

 


En esta mesa redonda

de cristal humedecido,

sobre el asiento de cuero peruano

y periódicos a medio releer,

se van trepando la horas

del día siguiendo las huellas

amarillas de la luz.

 

 


Cada palabra deja su sombra

entre nosotros, sostenida

sobre la posibilidad de los recuerdos

o de la distancia

siempre inhóspita del tiempo,

de la profunda brevedad de la memoria.

 

 


Nunca sabré perderme

ante tus ojos. No en la niebla,

ni siquiera en los agujeros blancos

del invierno o en el verde más verde

de este verano desatado.

 

 


¿Qué somos mientras nos llenamos

de silencio bebiendo una taza de café?

La paciencia, como el amor,

es algo que se borda

con el mismo esmero abnegado.

 

 


Un día me abandonaron

todas las certezas.

Porque a veces no sé si soy yo

quien te recuerda

o si eres tú

que regresas de esa mínima muerte

que llamamos olvido.

Porque cada noche es un crímen

que ya nadie venga.

Porque hay perros hambrientos

que duermen bajo castaños

y que las luces de los autos

no despiertan.

Porque, así como te quiero,

hay disparos que nadie sabe si sonaron

porque se los ha tragado el viento.

El arco y la liraJuly 22, 2007 7:00 am


Scrivere è un’altra maniera

di amazzare il silenzio.

Questa città di fiumi persi,

questa inutile vergogna

della luce…

Tante cose che vogliono

essere foglie, libri aperti.

 

 


Siamo a volte il ponte,

l’altura che avanza

su un’acqua che ha una strana fretta,

una fretta lontana

che non si può capire.

 

 


Non c’è niente più triste

che il dimenticare,

sappere che ogni giorno

ha un volto diverso

e che siamo noi

quelli che non cambiano.

 

 


Sotto il tempo

nascono le parole.

E con le parole

facciamo la pace

con il buio,

con la vecchia paura

di svegliarsi una mattina

solo, con il cuore

troppo lontano dei primi sogni,

della ingegneria della felicità

in cui nessuno

finisce mai di laurearsi.

 

 


                                               Hoja en blanco (arrugada)

El arco y la liraJune 18, 2007 5:58 pm

Habrá silencio y todo lo que quieras.

Habrá luz, alfombras, vinos,

nueces, mar, avión, papagayos y ascensores.

Tendremos la suerte de ver la artesanía

levantada una mañana,

y desde su barro nos dará lugares

donde sentarnos en la historia.

 

La miel y la sangre del tiempo serán suficientes,

y también el milagro de los grifos.

Nos veremos en los ojos

de cada fotografía, con la recompensa

de quien espera hasta el último minuto

sin rendirse y sin asomarse

ni una sola vez frente al espejo.

Desaparecerán, entre otras cosas,

la piel arrugada de los codos

y cualquier vello innecesario.

La mente será un cuerpo de agua

denso y plateado, como mercurio.

 

Sí, toda la noche será tuya,

igual que el golpe de luz para romperla.

Para luego asustar diciendo

que nunca la felicidad intacta,

jamás caminar sin ver de nuevo,

ni una vez más, siquiera,

la casa que dejas en la arena,

tan lejos de las ruinas de Sodoma.


El amor, como la muerte,

para los historiadores

y los dulces subversivos.

Futuro 

El arco y la liraMay 18, 2007 5:17 pm

Una huella
en el calor de tu mano
sobre el vidrio.
Afuera, era el frío
el que dibujaba tu palma
y los cinco dedos
con que cocinas todavía
el plátano azucarado
y el arroz con demasiada mantequilla.

 

La noche nos daba la espalda
en el balcón. Ocupada
con palabras de otra infancia,
el recuerdo de tu primera sangre
y de una hoguera
con todos los secretos
que habías acumulado
con la ayuda de un millón
o más de hormigas.
(Siete veces el peso
de tu cuerpo.)

 

Semanas de cuidados
le dieron a tus uñas
el filo y la fuerza.
Cuando escribías el abecedario
sobre la piel de mis ojos
cerrados, cuando era un juego
darnos unas pocas sílabas
y contentarnos con lo que completaba
la mirada.

 

Cada mañana de hilos sueltos
te recuerdo, tras la suave erosión
de las termitas en la madera del detalle.
El sueño se encarga de desordenar
lo que con tan torpe destreza
ordena la razón durante el día.
El amor, que estuvo sentado
en esta mesa, que comió
con nosotros sushi con anguila,
se marchó, dejando sobre el escritorio
algunas deudas:
precios importantes de llamadas telefónicas,
recibos de una temporada compartida,
mensajes espontáneos
de un amor convertido en un rompecabezas

de perfumadas servilletas.

Love is a puzzle

El arco y la liraApril 26, 2007 3:44 pm

              A Roberto Bolaño y Andrés Neuman

Hijo de puta.
Te lo digo de corazón,
empinada la rebosante copa
de esta envidia.
No te bastó con tener tu nombre
protagonizando el brillo
y el color de las carátulas,
o en negritas en el índice
de cada bochornosa antología
que sólo se salvaba
por tus versos.

No.
También tuviste que ir
y llevarte a los bares
los euros de los premios,
donde, borracho,
seguramente citabas a Girondo,
a Enrique Lihn, a Octavio Paz,
a ese Parra que tanto queremos.
Alguna vez quisiste molestar
al modesto fantasma de Borges,
que aún encogido de hombros
acudió a la cita
de tu espirituoso conjuro.
(Eran las noches hermosas
de cuando tú también estabas ciego.)

El tiempo se subleva,
sin embargo. Ahora dime
dónde fue, maricón,
mariquito, marica de Bariloche.
En qué cueva de Gerona
le sedujiste con la vergüenza
de una juventud indiscutible.
Acaso fue el lustre
de tu palabra lampiña
lo que le enfermó,
igual que a Cernuda,
igual que la mortal tos
de Gil de Biedma.

Dime,
ahora que para ti
el tiempo tampoco es invisible,
en qué noche le sorprendió
la estrella distante, cuántas velas
se apagaron a la caza del gaucho perfecto,
de una salvaje historia policíaca.

Si alguna vez fuiste
poeta, levántate del trono de mimbre
y confiesa:
fuiste tú quien comenzó
la delirante búsqueda de nadie,
de la resucitada Cesárea Tinajero.
Al menos revela
qué hace tu nombre
perdido entre sus páginas,
esa elegantísima variante del suicidio.

Para él,
que adivinó
las verdaderas dimensiones del olvido
y lo poco que duran los cigarros.
Para ti,
que sigues de este lado de la vida,
la ciudad es testigo
de que sigues escribiendo.

El arco y la liraApril 15, 2007 1:25 am

Porque no se necesita

conocer al tiempo

para entender

que su trazo es imperfecto

y que la espada de un segundo

puede rebanar la ilusión

de una semana o de una vida.

 

 


Ya no se trata

de guardar la memoria

sino de tallarla

y dejarla libre como un eco

que nos sorprenda

en mitad de algún instante.

 

 


Antes no hablaba

de los sueños

ni de los momentos

más largos de la noche

pero ningún sobre

se cierra para siempre

y en el mío estaba la fecha

de ayer y su sentencia.

 

 


Ya puedo decir

que también yo sufro

de recuerdos,

y al fin delatar

esta imposible lucha

de querer cambiarlos

hasta que no sean más

esta insalvable madreselva.

 

 


Por ejemplo,

“sí, también sus labios

me besaron,

y la noche

guardó sus uñas

mientras ella se encendía

un cigarrillo,

 

 


y en se mismo fuego

escuchamos el trepidar

de todo lo adverso,

de cada giro letal

e inoportuno”.

 

 


Adentro,

una música insiste

y advierte,

de ti aprendió

mi corazón.

El arco y la liraMarch 27, 2007 8:25 pm

Soy también el otro.
El que espía.
El que tienta.
El que reconoce tu perfume
en otras nucas.
El que juega a cazar
con las palabras.
Soy el que exhala
rondando tu sueño.
El vaso de agua
en la tibia madrugada.

 

En las esquinas
sombras de edificios.
En las esquinas
la ciudad se contradice.
Métrica noción de calle
y avenida. Intersección.
Cita en las vitrinas,
en las variantes italianas
del café. Un croissant
sin mantequilla que aún humea.
El beso seguido
por la delgada servilleta.
Cada día cuenta
con su látigo de protocolos,
su testimonio de agendas
y el arsenal
de todas las fechas digitales.

 

Decir que sólo las almohadas te conocen.
(Somos culpables en cada veredicto).

El arco y la liraMarch 21, 2007 10:44 pm

Bonsai Antes de abordar el tema del Haiku, propongo la siguiente pregunta: ¿qué es poesía? Aunque poética y decidida, no me basta la conocidísima respuesta formulada por Bécquer – “poesía eres tú” -. En términos muy generales, y condensando algunas respuestas que he leído en lecturas alusivas*, se podría decir que la poesía es el uso del lenguaje sobre todo con fines estéticos, no informativos. (La verdad, no los culpo si prefieren la respuesta de Bécquer). Dentro de este vasto género literario existen diferentes formas poéticas, clasificables por su construcción métrica y su rima (o falta de ella), por la disposición de sus versos y estrofas, y hasta por los elementos poéticos con que cuenta el poema. Enredado en esta maraña académica está el Haiku, la figura poética más característica del Japón, que se destaca por su geometría y su simpleza, contrastando con la tradición occidental que tiende hacia la poesía egocéntrica y declamatoria.
 El origen del Haiku se remonta al siglo XVII, cuando el haijin (poeta) Matsuo Basho le otorgó autonomía al poema introductorio del haikai-no-renga, la construcción poética más popular en ese entonces, que consistía en una seguidilla de poemas que alternaban entre las diecisiete y catorce sílabas métricas. Basho rescató el hokku (poema inicial) y lo cultivó con esmero, conservando sus diecisiete sílabas métricas originales, dispuestas en tres versos de cinco-siete-cinco, y la inclusión de una palabra que describiese la estación (kigo) en la cual se desarrollaba el poema. El término Haiku fue acuñado dos siglos más tarde por Shiki, un importante revitalizador del género considerado uno de los grandes maestros. Desde sus inicios, el Haiku ha sido considerado un instrumento contemplativo ligado a lo espiritual, evitando elementos narrativos y el uso de metáforas o analogías.
 El Haiku, a pesar de su esencia tradicionalista paralela a al Budismo y al Zen, ha experimentado algunos cambios y la influencia de varias corrientes a través de los siglos, hasta diversificarse. En Japón hoy en día se practica el “Haiku libre” y otras formas de Haiku experimental, aparte del Haiku tradicional. Estas nuevas corrientes han tratado de mantener en la estructura básica de tres versos la esencia del Haiku, aunque sin la disciplina de la cuenta métrica y la referencia a la estación. Algunos haijis, como Ippekiro Nakatsuta, tuvieron cierto éxito creando haikus libres. Sin embargo, una de las pruebas fundamentales de la fuerza del Haiku reside en su supervivencia al superar las fronteras niponas y llegar a Occidente.
 La transición del Haiku al mundo occidental, a pesar de todos los esfuerzos, no pudo evitar el contagio de nuestra percepción del mundo natural. Para el hombre occidental, la naturaleza ha sido muchas veces un enemigo a combatir. (Me regresan, por ejemplo, las palabras de Bolívar luego del terremoto de 1812, “si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”). Para el oriental, en cambio, el hombre es parte de la naturaleza, a la cual debe respetar dentro de un pacto de armonía. Esta filosofía se deriva de las religiones budista y Zen, que entienden la contemplación como la manera más sublime de paz y entendimiento. El Haiku japonés se nutre de esta sensibilidad en su intento de producir en el lector un despertar espiritual, dándole así la tarea de completar el cuadro que el haijin propone con su pincelada. El occidental, en cambio, es un fiel adepto de la racionalización y de los procesos, de la causa y la consecuencia, y sus poetas recurren al ego y a la metáfora para darle al lector un poema cerrado, sin mayores interpretaciones que las que el poeta propone. El éxito o el fracaso de un poema occidental dependen de la genialidad del poeta, no tanto de la disposición del lector. Por eso, el choque del Haiku con nuestra cultura (yo insisto, aún en contra de muchos pensadores y académicos, que Iberoamérica es parte de Occidente) produjo una poesía de una espiritualidad transfigurada y supersticiosa, donde cabe también la temática urbana, la erótica y la humorística, la social y la auto referencia. Un importante punto en común es que tanto el Haiku japonés como su paralelo occidental se esfuerzan en decir lo que es, sin demasiadas divagaciones. El resultado occidental sigue siendo una alternativa poética fresca que, aunque distanciada de Basho, conserva esa primera inquietud en pos de la belleza y la simetría, ambas fundamentales protagonistas de esa indomable bestia que a veces batallamos y otras llamamos Madre Naturaleza. Esa es nuestra esencia: contradicción dentro de lo racional. Por eso, me temo, es que en Occidente no existiera la poesía si no existiera también la muerte.     

Aquí pongo una muestra de Haikus, unos japoneses, otros de Benedetti y otros míos:

Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo

Un viejo estanque;
se zambulle una rana,
ruido de agua                (Basho)

la madrugada
pasa tan lentamente
que me apacigua

pasan misiles
ahítos de barbarie
globalizados

hay pocas cosas
tan ensordecedoras
como el silencio                (Benedetti)

Muchas maneras
hay para narrar como
arde la llama

Los caracoles
salen de sus castillos:
día de lluvia

Aves pasaban
recogiendo colores
para vestirse

Verde tristeza                                     
del agua en aquel fondo,                      
y peces miran

El muelle tiembla
con el correr de niños
que quieren pescar

Uno y uno, uno:                         
el amor conjugado  
en los números

En noches negras
salen las luciérnagas
para predicar

La nieve cae
y se junta con la noche
entre silencios                     (RS)

* ‘El arco y la lira’ y ‘Tres momentos en la literatura japonesa’ de Octavio Paz, ‘Poesía y realidad’ de Roberto Juarroz, ‘Poesía, cuartel de invierno’ de Luís García Montero.

(Esta nota está dedicada a Lidia y Blanca Caraballo, por esa tarde en el Matheson Hammock Park y la tinta china que aún sigue en los bancos)

El arco y la liraMarch 2, 2007 9:21 pm

Si te hirieron en los días
que el agua bajaba de la noche
y hablaron de ti sin disimular
las labores oscuras de los labios,
no te culpo
si prolongas el tren hacia la costa,
si te bajas en cada estación
sólo para mirar el aire
y mear despacio
sobre la áspera pared de tu fracaso.

 

Incrédulo del tiempo y distraído
como el mar
de los susurros,
no te culpo si vienen a buscarte
para coserte en el alma
alguna soledad anestesiada.

 

En tu aciaga condena
habrás de tallar piedras con las uñas
hasta abarrotar la sed de los museos.
El libre albedrío
de los pájaros, su suavidad
que empieza y termina con la vida,
no será para ti
más que una promesa,
la indigestión de otra esperanza
bíblica.

 

Serás tú,
(no te culpo),
quien dará al César
lo que de verdad le corresponde,
y no habrá ciudad donde no pisen
tu nombre cuando seque
el último cemento de la Historia.

 

Serás, al final,
el astronauta
que reparte las banderas.
Serás, al fin,
el irrompible torero de tu infancia,

y la muerte tu único testigo.

El arco y la liraFebruary 15, 2007 9:04 pm

Milos, Grecia

Qué alegría:
hay insectos
y un ferrocarril desbaratando
también este silencio.

 

Porque estaba el mar
triste, lleno
de peces desnudos
y luz hundida,

 

y yo quería escapar del cigarrillo
para dejarme caer en las orquídeas,

 

encontré oxidadas y rojas las ventanas
hermosas de la cara.

 

Pero qué alegría:
            existe
            una justificación
            para todos los sonidos,

            los de adentro, los de afuera.