El arco y la liraOctober 29, 2009 7:41 am


El fuego de los colores

del otoño

se apaga con la lluvia,

que no merma

en esta noche de golpes atrasados

al teclado donde me ocupa

la tormenta.

Hubo brisa

la tarde del funeral

de las altas flores sin nombre,

con sus pétalos de seda

vieja besándome

el pudor y el tacto,

Iluminados por el rayo,

que se reúne

como un asalto de luz

tan afilado

y parecido a una sonrisa.

 

Se fueron las últimas aves

al encuentro de un sol

irreprochable.

El encabalgamiento de sus alas

en el cielo

habla en verso

de la extraña y nómada

proeza del tiempo

que se alarga

mientras se va repitiendo.

Es una escena que me rodea

aun cuando el atardecer

quedó horas lejos,

meciéndose en la hamaca

de unas mentiras que me plantean

el cansancio y el sueño,

como una pesada serenata

que doblega a otro enamorado

del verano, a pesar de sus defectos.

El arco y la liraOctober 20, 2009 7:45 am


Nos separan palabras imperfectas,

inmensas pieles secas

que el tiempo ha mudado

en el hiato de dos respiraciones

que se encuentran.

 

En una esquina de ciudad,

sobre la taza

de un café que se despierta,

se hilvanan la cordura del bonsai

con la felicidad blindada

detrás de un argumento

de sonrisa o de sospecha.

 

Es fácil pensar que todo tiembla,

porque siempre hay un vaho

equino en el vidrio

de las ventanas cerradas

de la sombremesa;

porque un atisbo de reina

prepara una jugada de jaque

en medio de la siesta

del bemol y la lenta

calefacción eléctrica.

 

En tardes como esta

descubro que hay lugares

que poco me interesan,

donde no caben

ni la circunstancia más perfecta

ni la promesa

de una vida cordial

o apenas eterna.

 

Es la hora del comercio

de  las almas artesanales

hechas a mano

para la venta.

Viene el paréntesis

del teatro, el estupor

de no haberse enterado antes

de esta tendencia

de darle al corazón

un alcafor de soledad

con gotas de decadencia.

 

Vuelve el sabor de la tiza

a la sopa grial de la costumbre;

la cenicienta certeza

de que es difícil

la operación

de suma y resta

del que se dice

que ha aprendido

y escarmienta.

 

El arco y la liraJune 18, 2009 10:39 pm

               A Yaofei Huo y Li Chen

Cae el polvo
y cubre
con su peso invisible
el primer tacto de las cosas.
Un viento amarillo y alto
entibia la ciudad
con su aire del desierto.
En China se respira
un aroma denso
de papiros secuestrados.

 

Beijing se viste
de nuevo esta noche
con zapatos de marca,
motores alocados
y un millón difuso de bicicletas
enfiladas.
En una misma calle
caben mil años
de una historia
que se alarga.

 

Esta primavera pincelada
llega de Mongolia
con retoños verdes
que suben por los muros
e invaden
los nuevos peldaños
olímpicos
hasta tocar el viejo mar
oxidado, desde Tianjin
hasta Taipei y las orillas
intranquilas de Korea.

 

Pekín se desborda
entre hutongs y edificios,
estadios y apretadas autopistas,
templos y palacios
de concubinas, placeres,
leyes y caprichos.
Una ciudad de mercados
y plazas concurridas,
con un metro que avanza
bajo una ciudad
de ruidos y silencios.
En medio de su corazón
de madera, metal, de vidrio y de concreto,
en los pekineses
alrededor de una mesa
de comida variada y colorida.
Afuera saltan y suenan
los fuegos,
aún sabiendo que el incendio
puede descender desde cualquier techo,
en alguna esquina cerca de Guomao,
por desgracia, por ejemplo.

 

Old man flying a kite behind the National Theater

El arco y la liraJanuary 30, 2009 12:08 am

Lejos de ti
las palabras van perdiendo
su concreto,
son sólo arena y polvo,
sin hacerse fuertes por el agua.

 

Blandas,
como ahora lo son,
van restándole importancia
a las verdades, al ejercicio silencioso
de la reflexión, a la pausa
que precede cada instante.

 

Escritas
conservan su geometría,
un arte que la vista reconoce
y que las yemas recorren
cuando tu playa se presta
a la caligrafía de los dedos.

 

Los pasos alguna vez
se hundieron
en tu azul de cielos mansos,
en tu gris de nubes encrespadas,
en tu negro de noches insondables.

 

El suelo era la sombra
de tu cuerpo, que se alarga
hasta donde los sueños
corren y desgastan.

 

Queda la sed
al mezclar tu nombre
con mi boca,
y la promesa de un sol
irresponsable.
Queda tu sonido
de coco
entre mis muelas,
el eco del caracol
que se despierta,
la medusa que se desangra
entre las piedras,
y la maraña de algas
que viene y se aleja
con la luna
cortejando la marea.

El arco y la liraMarch 28, 2008 3:57 pm

                                        A Mariana, que me enseñó la rueda.
Ahora sé
que el tiempo nos habita
y trabaja con sus manos
nuestros cuerpos.
Nadie nunca espera
por nosotros,
que hemos hecho de la luz
un calendario
y de la noche una maestría
de la piel y del aliento.

Llevas en los ojos
el mapa de tus días,
la infancia del piano
y del pescado,
los días largos
con mar y bicicleta
atravesando la ciudad vieja
desde tu amplia casa
en El Vedado,
entre las lomas y la dictadura
de un sol incuestionable.
El azúcar crecía
y se iba endulzando con tus manos.

Tu boca ha ido sumando
las palabras. Los verbos
han perdido el primer sabor
de la inocencia
y el oscuro fervor de lo sagrado.
Así, tu belleza de mujer
se fue formando
desde adentro, imparable
como una ola de mar alebrestado.
Una fuerza secreta
perfumada con una urgente antología
de aromas y paciencia,
envuelta por esa inteligencia
a la que hoy estoy acostumbrado.

En las noches
se han ido perdiendo las costumbres,
el último recurso
de la disciplina y sus fantasmas.
No existe una nostalgia,
nada preciso o impreciso
que conmueva más allá
de los besos desordenados
en la cama, sobre el charco
que construyen nuestras sombras,
la parte más oscura de nosotros
donde nunca cabe el rigor
de las palabras.

Afuera de nosotros
no hay nada
que me convenza de seguir
un camino diferente
al de tu rastro,
salado de mar,
que me lleva en su resaca
al malecón
del tiempo que te habita.

El Vedado en La Habana   Malecon

El arco y la liraJanuary 10, 2008 11:48 pm

Aquí la noche es más larga,
más fría, más lenta
que en esas otras ciudades
donde, en cambio,
su oscuridad me tomaba
por sorpresa, igual que la linterna
policíaca sorprende al ladrón torpe.

Una calle honda, perforada
por la altas luces de unos faroles
desolados.
Paréntesis de luz
que delatan sobre lo blanco
la huella oscura
de unos pasos que pueden ser de cualquiera,
pero de todas maneras
especulo:

En algún momento
todos hemos sido
un poco el reportero,
otro poco la propia noticia.

De este invierno, por ejemplo,
de esta nieve opaca y optimista,
también tengo yo
otro poco más de culpa.

…Que tú, al menos,
y ese chiste amargo
de que tu fiebre
ayuda a que este mundo
siga su indetenible
pero lejano calentamiento.

El arco y la liraNovember 26, 2007 8:15 am

Sé que existe algo más grande

y más acertado

que la suma de estas palabras

desgastadas.

Somos, a veces a pesar

nuestro, consecuencia de un destierro

con sus días de lluvia y fango,

con sus noches de hotel

y de desvelo,

y el corazón apretado

que lucha con el aire

y se agita con la voz

en el teléfono.

 

 


A nosotros nos une

cierto empeño,

una fuerza que se borra

y se vuelve a dibujar

en el desorden de los años.

 

 


Es una vida ocupada

con los pequeños propósitos,

afilando la espada

para esos mínimos duelos

de metro y de oficina,

en el amarillo del semáforo,

en la espesa vida del periódico

y la alcoba, sin olvidar

cualquier roce ilustre

en el mercado.

 

 


Mercaderes de anécdotas

escuetas,

las horas yermas adornan

también la mesa del mantel

e irrumpen con su azar

en la armonía de esta

vida de acera ancha

con vitrinas decoradas.

 

 


No salimos de la patria

para esto,

pero leémos las noticias

para justificarnos

que hemos cambiado

una condena por otra,

porque este invierno que viene

promete ser implacable

y la noche irá llegando más temprano

para repartirnos,

una a una,

todas sus disposiciones,.

El arco y la liraOctober 29, 2007 7:58 pm

Llamas.
Cuando por fin quedas
quieta en la memoria
llamas,
y tu voz me precipita
a un amor extenso
que siempre ha pendido
de un hilo,
de una fibra del acero
más atroz e inolvidable.

 

Cada vez más cerca
del silencio,
voy reconociendo
los ecos que no han sabido acallar
el tiempo y su inquieta disciplina.
Vuelves a habitar
las calles de una soledad
que segundos antes
era la única prueba
de que soy un hombre libre,
un animal que come
y duerme en la ciudad,
con un corazón tatuado
bajo las ropas de esta elegancia
hermana de las deudas.

 

Regresan también
el temblor y la tormenta de la espera.
Si te dijera que nada ha cambiado,
que el mundo no es distinto
y mis labios siguen
hábiles de paciencia…
Porque a pesar de que has cedido
sigues siendo la secreta,
la que aparece de repente,
como un gato jugando entre zarzales.
La que nunca ha aprendido
a despedirse
y cerrar tras de sí
la puerta, lo que conjura
la química

de todo lo que se deshace.

El arco y la liraSeptember 29, 2007 2:06 pm

Amor

que esquivas el lodazal
de los periódicos
para encontrarme
en la pausa de los labios,
en las esquinas donde el tiempo
juega también a detenerse
y cruzar, luego que pase el tranvía,
por el rayado hasta la acera de en frente.

 

Trepado al hábito del relámpago,
en la edad blanca de las sábanas,
verde y alto sobre el estiércol
de la honda soledad,
desnudo de la mortaja de los sueños,
del otro lado del vidrio de las horas

 

para envejecer
entre tus pactos
y evadir las trampas
que esconde esta geometría imposible
de ciudad,
te he buscado
sin haberte querido buscar.

 

Luz y signos,
aromas y voces en cocina.
Los restos de una jornada irrepetible.
Los secretos de una tarde viciada
entre las pieles
de una luz que se transforma.

 

No soy yo,
la lluvia va mojando
todo lo que el amor nombra.

El arco y la liraAugust 9, 2007 7:21 am


Vas conociendo el color

de mis derrotas

y mi manera de adornarlas

con palabras, con esos gestos

que ahora me delatan.

 

 


En esta mesa redonda

de cristal humedecido,

sobre el asiento de cuero peruano

y periódicos a medio releer,

se van trepando la horas

del día siguiendo las huellas

amarillas de la luz.

 

 


Cada palabra deja su sombra

entre nosotros, sostenida

sobre la posibilidad de los recuerdos

o de la distancia

siempre inhóspita del tiempo,

de la profunda brevedad de la memoria.

 

 


Nunca sabré perderme

ante tus ojos. No en la niebla,

ni siquiera en los agujeros blancos

del invierno o en el verde más verde

de este verano desatado.

 

 


¿Qué somos mientras nos llenamos

de silencio bebiendo una taza de café?

La paciencia, como el amor,

es algo que se borda

con el mismo esmero abnegado.

 

 


Un día me abandonaron

todas las certezas.

Porque a veces no sé si soy yo

quien te recuerda

o si eres tú

que regresas de esa mínima muerte

que llamamos olvido.

Porque cada noche es un crímen

que ya nadie venga.

Porque hay perros hambrientos

que duermen bajo castaños

y que las luces de los autos

no despiertan.

Porque, así como te quiero,

hay disparos que nadie sabe si sonaron

porque se los ha tragado el viento.

El arco y la liraJuly 22, 2007 7:00 am


Scrivere è un’altra maniera

di amazzare il silenzio.

Questa città di fiumi persi,

questa inutile vergogna

della luce…

Tante cose che vogliono

essere foglie, libri aperti.

 

 


Siamo a volte il ponte,

l’altura che avanza

su un’acqua che ha una strana fretta,

una fretta lontana

che non si può capire.

 

 


Non c’è niente più triste

che il dimenticare,

sappere che ogni giorno

ha un volto diverso

e che siamo noi

quelli che non cambiano.

 

 


Sotto il tempo

nascono le parole.

E con le parole

facciamo la pace

con il buio,

con la vecchia paura

di svegliarsi una mattina

solo, con il cuore

troppo lontano dei primi sogni,

della ingegneria della felicità

in cui nessuno

finisce mai di laurearsi.

 

 


                                               Hoja en blanco (arrugada)

El arco y la liraJune 18, 2007 5:58 pm

Habrá silencio y todo lo que quieras.

Habrá luz, alfombras, vinos,

nueces, mar, avión, papagayos y ascensores.

Tendremos la suerte de ver la artesanía

levantada una mañana,

y desde su barro nos dará lugares

donde sentarnos en la historia.

 

La miel y la sangre del tiempo serán suficientes,

y también el milagro de los grifos.

Nos veremos en los ojos

de cada fotografía, con la recompensa

de quien espera hasta el último minuto

sin rendirse y sin asomarse

ni una sola vez frente al espejo.

Desaparecerán, entre otras cosas,

la piel arrugada de los codos

y cualquier vello innecesario.

La mente será un cuerpo de agua

denso y plateado, como mercurio.

 

Sí, toda la noche será tuya,

igual que el golpe de luz para romperla.

Para luego asustar diciendo

que nunca la felicidad intacta,

jamás caminar sin ver de nuevo,

ni una vez más, siquiera,

la casa que dejas en la arena,

tan lejos de las ruinas de Sodoma.


El amor, como la muerte,

para los historiadores

y los dulces subversivos.

Futuro 

El arco y la liraMay 18, 2007 5:17 pm

Una huella
en el calor de tu mano
sobre el vidrio.
Afuera, era el frío
el que dibujaba tu palma
y los cinco dedos
con que cocinas todavía
el plátano azucarado
y el arroz con demasiada mantequilla.

 

La noche nos daba la espalda
en el balcón. Ocupada
con palabras de otra infancia,
el recuerdo de tu primera sangre
y de una hoguera
con todos los secretos
que habías acumulado
con la ayuda de un millón
o más de hormigas.
(Siete veces el peso
de tu cuerpo.)

 

Semanas de cuidados
le dieron a tus uñas
el filo y la fuerza.
Cuando escribías el abecedario
sobre la piel de mis ojos
cerrados, cuando era un juego
darnos unas pocas sílabas
y contentarnos con lo que completaba
la mirada.

 

Cada mañana de hilos sueltos
te recuerdo, tras la suave erosión
de las termitas en la madera del detalle.
El sueño se encarga de desordenar
lo que con tan torpe destreza
ordena la razón durante el día.
El amor, que estuvo sentado
en esta mesa, que comió
con nosotros sushi con anguila,
se marchó, dejando sobre el escritorio
algunas deudas:
precios importantes de llamadas telefónicas,
recibos de una temporada compartida,
mensajes espontáneos
de un amor convertido en un rompecabezas

de perfumadas servilletas.

Love is a puzzle

El arco y la liraApril 26, 2007 3:44 pm

              A Roberto Bolaño y Andrés Neuman

Hijo de puta.
Te lo digo de corazón,
empinada la rebosante copa
de esta envidia.
No te bastó con tener tu nombre
protagonizando el brillo
y el color de las carátulas,
o en negritas en el índice
de cada bochornosa antología
que sólo se salvaba
por tus versos.

No.
También tuviste que ir
y llevarte a los bares
los euros de los premios,
donde, borracho,
seguramente citabas a Girondo,
a Enrique Lihn, a Octavio Paz,
a ese Parra que tanto queremos.
Alguna vez quisiste molestar
al modesto fantasma de Borges,
que aún encogido de hombros
acudió a la cita
de tu espirituoso conjuro.
(Eran las noches hermosas
de cuando tú también estabas ciego.)

El tiempo se subleva,
sin embargo. Ahora dime
dónde fue, maricón,
mariquito, marica de Bariloche.
En qué cueva de Gerona
le sedujiste con la vergüenza
de una juventud indiscutible.
Acaso fue el lustre
de tu palabra lampiña
lo que le enfermó,
igual que a Cernuda,
igual que la mortal tos
de Gil de Biedma.

Dime,
ahora que para ti
el tiempo tampoco es invisible,
en qué noche le sorprendió
la estrella distante, cuántas velas
se apagaron a la caza del gaucho perfecto,
de una salvaje historia policíaca.

Si alguna vez fuiste
poeta, levántate del trono de mimbre
y confiesa:
fuiste tú quien comenzó
la delirante búsqueda de nadie,
de la resucitada Cesárea Tinajero.
Al menos revela
qué hace tu nombre
perdido entre sus páginas,
esa elegantísima variante del suicidio.

Para él,
que adivinó
las verdaderas dimensiones del olvido
y lo poco que duran los cigarros.
Para ti,
que sigues de este lado de la vida,
la ciudad es testigo
de que sigues escribiendo.

El arco y la liraApril 15, 2007 1:25 am

Porque no se necesita

conocer al tiempo

para entender

que su trazo es imperfecto

y que la espada de un segundo

puede rebanar la ilusión

de una semana o de una vida.

 

 


Ya no se trata

de guardar la memoria

sino de tallarla

y dejarla libre como un eco

que nos sorprenda

en mitad de algún instante.

 

 


Antes no hablaba

de los sueños

ni de los momentos

más largos de la noche

pero ningún sobre

se cierra para siempre

y en el mío estaba la fecha

de ayer y su sentencia.

 

 


Ya puedo decir

que también yo sufro

de recuerdos,

y al fin delatar

esta imposible lucha

de querer cambiarlos

hasta que no sean más

esta insalvable madreselva.

 

 


Por ejemplo,

“sí, también sus labios

me besaron,

y la noche

guardó sus uñas

mientras ella se encendía

un cigarrillo,

 

 


y en se mismo fuego

escuchamos el trepidar

de todo lo adverso,

de cada giro letal

e inoportuno”.

 

 


Adentro,

una música insiste

y advierte,

de ti aprendió

mi corazón.