En este caso, me importa poco si soy o no soy objetivo. Como fiel seguidor de The Cranberries, he recibido con entusiasmo el nuevo disco de Dolores O’Riordan, ‘Are you listening?’, donde debuta como solista. (El disco sale oficialmente a la venta en América a partir del quince de mayo, pero con un poco de suerte y no sin varias peripecias se puede escuchar desde ya online). Luego de la desintegración de The Cranberries en el 2001, sus seguidores, entre los cuales me incluyo fervientemente, esperábamos ansiosos a que al menos Dolores, la voz emblemática de la agrupación irlandesa, continuara su carrera musical. Lo hace ahora, a mediados de 2007, con un disco muy bien logrado, en el cual, igual que en los mejores tiempos cranberrianos, su poderosa voz acapara la escena sin defraudar. Durante estos seis años colaboró de manera independiente con diferentes músicos de la talla de Zucchero y Jam and Spoon, tiempo en el cual, según declaraciones de la artista, logró recuperar una libertad que no disfrutaba desde que formó parte de The Cranberries. Libertad no sólo en el sentido personal, sino también en el ámbito artístico, ya que no estaba atada a contratos ni a nada que le restara a su voluntad creativa. Sin embargo no creo que Dolores llegue tan lejos como para renegar de lo que logró junto a Noel Hogan y el resto de The Cranberries: ser uno de los grupos más relevantes de la década de los noventa, con canciones inolvidables como Zombie, Dreams, Linger, Promises, Free to decide, Animal instinct, Ode to my family, Salvation, I can’t be with you, etc. El primer sencillo (single) del nuevo disco es ‘Ordinary day’, que musicalmente es similar a ‘Animal instinct’, con sus guitarras acústicas dejando una agria sensación, como la lengua luego de una sabrosísima Guinness irlandesa. La letra, en cambio, se distancia del tema de ‘Bury the hatchet’, y habla, en este caso, de la maternidad, siempre con la voz serpenteante. Le sigue ‘When we where young’, donde Dolores retoma la fuerza de antaño, acompañada por guitarras acertadamente dubitativas. En ‘In the garden’ baja un poco la calidad al tratar de subir el contenido rockero, aunque creo que se trata más bien de mi gusto personal. En ‘Stay with me’ y en ‘Black widow’ Dolores continúa desarrollando su vena por la música más pesada, logrando su mejor resultado en este último tema, dedicado a la muerte de su suegra. ‘Human spirit’ viene a ser un rompimiento con la norma del disco, ya que propone una interesante novedad musical, comenzando con un piano destemplado que es seguido por un aire celta pop, a ratos erizante. ‘Loser’ llega con fuerza, escrita con una tinta afilada, y de una melodía dispar pero actual. ‘Apple of my eye’ retoma una cordialidad perdida, que recuerda algunos momentos suaves de The Cranberries. Regresando a ‘Black widow’, este es, sin duda, uno de los temas más misteriosos del disco, donde una gris instrumentación se encuentra con la Dolores volcánica, extrañamente seductora. De ‘October’ destaca su similitud con algo de The Killers o de Coldplay, es decir que es un tema moderno, casi pop y pegajoso. ‘Accept things’ tiene un ritmo interesante, pero que a mi parecer se queda en una promesa que no termina de despegar. ‘Angel fire’ y ‘Ecstasy’ son, a su vez, una acertada manera de darle un punto final al disco, con ese aire de elegía destemplada, de amarga despedida. En resumen, se trata de un disco que en sus 12 canciones sigue una línea definida agradable, pero que cuando apuesta por lo diverso igual se recibe muy bien. Como siempre, la voz de Dolores es una parte esencial de cada tema, actuando muchas veces como el catalizador para lograr la armonía de la composición. Esa voz, que yo encuentro tan groseramente seductora, fue lo que me incitó a ver a The Cranberries en concierto en Miami en 1999, y lo que me está tentando a ver a Dolores en concierto aquí en Seattle, el próximo 22 de julio, en la gira de su nuevo álbum. Mientras tanto, cuando alguien me pregunte por ‘Are you listening?’ yo le voy a responder que sí, que por supuesto, que todos lo deberíamos estar haciendo…
Jorge Drexler, en pleno vuelo (transoceánico)
Tiene esa manera tan suelta, tan natural de decir las cosas. Si no fuera porque en el cancionero del disco, debajo del título de cada canción, ha incluido el lugar – y muchas veces el destino, como cuando se inspira en aviones - y la fecha donde la concibió, diría que cada canción fue compuesta en el estar de su casa, antes de tomar la leche y las galletas de la tarde, o frente al espejo, en una conversación holgada consigo mismo. Así es Jorge Drexler, un domador del lenguaje y de la anécdota que convierte la simplicidad de un faro uruguayo en esa obra de culto en que se ha convertido ‘12 segundos de oscuridad’ (el tiempo que dura cada intermitente ausencia de luz del faro), su última entrega discográfica. La suya es una trova renovada, sumamente poética, de melodías amables, donde se le presta delicada atención a una lírica de cultura globalizada, de hombre de varios continentes, de persona preocupada entre la rima y la ética, entre la filosofía y la incomodidad de una vida apretada de compromisos y dulce intrigas personales. Como músico y compositor no teme apostarle a las vanguardias tecnológicas, como en canciones como ‘Disneylandia’, con las que, lúdico y profesional, crea música nueva, pero que llega como la más íntima y familiar, con un toque desconcertante. De estos ‘12 segundos…’ destacan ‘La vida es más compleja de lo que parece’, ‘Soledad’, ‘Hermana duda’ y ‘Transoceánica’, aunque yo diría que todos los temas tienen su encanto y que el disco se puede escuchar completo sin mayores ansiedades ni remordimientos.
Bien. Sería torpe de mi parte no hablar de sus otros discos. Si bien ‘12 segundos de oscuridad’ es el más reciente y, probablemente, el mejor logrado, Jorge Drexler tiene una sólida trayectoria que empezó con ‘La luz que sabe robar’ (1992), y que abarca ‘Radar’ (1994), ‘Vaivén’ (1996), ‘Llueve’ (1998), ‘Frontera’ (1999), ‘Sea’ (2001), ‘La edad del cielo’, una antología, (2004), ‘Eco’ (2004) y ‘Eco2’ (2005). De estos discos salieron temas deliciosos como ‘Me haces bien’y ‘Alto el fuego’, así como otros donde Drexler le hace un tributo a los ritmos brasileros, entre temas originales o versiones, como es el caso de ‘Oh que será’. Su música recorre cada sentimiento.
Lo justo sería que hablara también un poco de su persona. Después de todo, Drexler ha logrado marcar ciertos hitos en lo que respecta a la penetración de la cultura hispanoamericana en el mercado estadounidense. Me refiero al Premio Óscar que obtuvo en el 2005, gracias a su canción original ‘Del otro lado del río’, soundtrack del filme ‘Diarios de motocicleta’, y que ha sido la primera y única banda sonora en español nominada para esa categoría. Su dicha pudo haber sido mayor si se le hubiera permitido interpretar su canción durante la ceremonia, pero la Academia optó por que lo hicieran Antonio Banderas y el guitarrista Carlos Santana, quienes, como figuras ya conocidas, no significarían un desplome del “rating”. Ese es el cochino y envidiable mundo de la televisión, me imagino. Igual Drexler obtuvo una pequeña revancha al subir a recibir su premio, ya que en vez de leer, emocionado, una lista de agradecimientos, se acercó al micrófono y cantó una parte de su canción. Este joven uruguayo, nacido en septiembre de 1964, judío y médico de profesión, que había trabajado como salvavidas, enfermero a domicilio y cantante de sinagoga, que cobró fama internacional al ser telonero de Joaquín Sabina, había conquistado Hollywood, y lo había hecho en español. ¿Cómo no aplaudirle? (El que canta de último canta mejor). Hoy reside en un suburbio de Madrid, pero sigue grabando sus discos en Uruguay. Su vida se ha convertido un una transoceánica.
Le agradezco a Drexler sus versos frescos y el haberme regalado ese lugar común donde igual me encuentro con amigos de distancia que con pensamientos esquivos. A mi también me asusta la “guerra menos, que el alto el fuego” en el corazón. “Qué raro que seas tú quien me acompañe, soledad, a mí, que nunca supe bien cómo estar solo”. Ahora que la duda y yo somos hermanos, “dame una tregua”. Ahora que “la tierra parece estar quieta y el sol parece girar”.
Pregunta a J.D.: En los conciertos se nota que eres muy tímido. ¿La música es una terapia para combatir la soledad?
Respuesta de J.D.: La música puede ser tu enfermedad o tu terapia, según cómo la tomes. En mi caso, no es sólo mi terapia sino, a veces también mi enfermedad. De cualquier manera, si no fuera por la música, yo sería una persona infinitamente más infeliz.
“Is it any wonder that I’m tired “So little time “Oh simple thing where have you gone
Su debut fue en mayo del 2004 con el disco ‘Hopes and Fears’, por el que fueron catalogados como el nuevo Coldplay, pero no fue sino hasta hace un par de días que yo escuché por primera vez a Keane. Ya tienen un segundo disco sonando en las buenas radios, con el sencillo ‘Is it any wonder’, y que se titula ‘Under the iron sea’. No lo niego, en menos de una semana me he procurado una sobredosis de este trío del sur de Inglaterra, compuesto por Tom Chaplin (voz), Richard Hughes (batería) y Tim Rice-Oxley (piano). Han decidido prescindir de la guitarra, lo que les merece al menos respeto por parte de los incrédulos que no han sabido dejarse seducir por sus desabrochadas melodías y sus letras intimistas.
Keane comenzó, como tantas otras bandas legendarias, con la amistad, esta vez de dos muchachos, Tim y Rich, compañeros de escuela en una pequeña ciudad llamada Battle, en el sur inglés. Sus intereses por la música llevaron a Rich a tomar clases de piano y a Tim de autodidacta con la batería. Rich pronto dejó las clases de piano, dándose cuenta que podía, por puro oído, tocar esas canciones que tanto le gustaban cuando sonaban en la radio. Comenzaron a tocar juntos y encontraron un cantante, Tom, y un guitarrista, Dominic, que pronto los abandonó. El próximo paso no podía ser otro que mudarse a Londres y buscar firmar un contrato con alguna disquera dispuesta a apostarles a esos jóvenes entusiasmados. Cansados de dos años difíciles, viviendo de trabajos tristes mal pagados y sin haber conseguido persuadir a ninguna disquera, Keane se devolvió al interior de Inglaterra, abatidos pero no derrotados. Decidieron seguir tocando, itinerantes, todavía en busca de un sonido propio que les dejara satisfechos. Terminaron en Francia, practicando en una vieja granja, donde compusieron varios de los temas que convencieron, al fin, a un sello pequeño de música independiente, Fierce Panda. Grabaron el tema ‘Everybody’s changing’ y ya la fama estaba a la vuelta de la esquina. Firmaron con una disquera que les proporcionó total libertad creativa, y ‘Hopes and fears’ salió al mercado en mayo del 2004. Ha vendido más de cinco millones de copias, aparte de ganarles dos Brit Awards (mejor artista revelación y mejor álbum) y una nominación a los Grammy norteamericanos. La anhelada montaña rusa los llevó a tocar junto a U2 en el Madison Square Garden y a visitar países como Japón, México, Australia y Estados Unidos, aparte de sus giras en Europa, donde participaron en el concierto Live 8.
Ahora están promocionando ‘Under the iron sea’, un disco mucho más oscuro que el primero, pero más honesto. En declaraciones conjuntas, el grupo ha dicho que este nuevo álbum fue escrito y compuesto porque necesitaban un disco que los hiciera “sentir vivos otra vez”. A su corta edad (ninguno pasa de los treinta y dos años), me parece una exageración, pero artísticamente no es difícil comprender a qué se referían; a la búsqueda de nuevas emociones, de conquistar lugares musicales otrora vírgenes, a través de intensas sesiones de inspiración.
Este treinta de enero los voy a ver en vivo en el Paramount Theatre de Seattle. Seguramente Keane dará la talla, porque su fuerza sobre el escenario tiene todavía la inocencia y la entrega de los primeros años, la juventud de quien vive la música día a día, nota a nota. Como ya gritan muchos, no sólo en Inglaterra: ‘God save the Keane’.
Is it any wonder that I feel uptight
Is it any wonder I don’t know what’s right
Oh, these days
After all the misery you made
Is it any wonder that I feel afraid
Is it any wonder that I feel betrayed” (‘Is it any wonder’)
Try to understand that I’m
Trying to make a move just to stay in the game
I try to stay awake and remember my name
But everybody’s changing and I don’t feel the same” (‘Everybody’s changing’)
I’m getting old and I need something to rely on
So tell me when you’re gonna let me in
I’m getting tired and I need somewhere to begin” (‘Somewhere only we know’)
Masseratti 2lts –> La revancha del lounge
Es una música cansada, como si a duras penas pudiera brotar, en todo su espesor y en la apagada tormenta de su volúmen, de los inmensos altavoces. Una vez fuera, se sienta en los párpados de las ganas y utiliza su peso para relajar los músculos de la vista. Así comienza su descenso por detrás de las orejas, en la enredadera del cuello, en el surco de los homoplatos y sobre los apretados escalones de la vertebral. Sobre el pecho también se trepan los sonidos, entre los kilos de más o de menos, alrededor del dominio del ombligo. Ya para entonces habrá levantado banderas en las manos, entre el hormigueo de los dedos y sobre la piel muerta que construye las uñas. Los glúteos sienten su caer, tal vez mejor administrado, que acelera ahora por el entrepierna y vuelve a pausar sobre la rugosidad de la rodilla. (Los muslos siguen temblando). Cuando la música roza los tobillos te das cuenta que en el calor de las axilas han caído otras tantas notas, también, y que tienen intenciones de quedarse para siempre. Nunca un Bien me sabe en Chuao o algún variante del cacao habían calado tan bien en cada esquina del ánimo. La música te devuelve todos los clichés.
Sobre cómo seguía unido el grupo si Fernando estaba en París y Armando en Caracas, Maseeratti 2lts contestó: “Esa es la esencia de Masseratti. Somos dos hermanos. En ningún momento se nos ha pasado por la cabeza separarnos. Los grupos que se separan son los que no están bien desde un comienzo. Eso de sacar un disco y separarte a las dos semanas me parece una falta de madurez, de seriedad. El día en que eso pase Masseratti muere.” Masseratti 2lts es, entre otras cosas, otra de las dulces revanchas del lounge y del martini…
Fue en una mañana de mucho tráfico y poca paciencia, mientras escuchaba 91.3 FM, la Radio Pública Nacional, que por primera vez escuché su voz. Y su música, porque separarlas sería como tratar de establecer una frontera entre el alma y el cuerpo, entre el corazón y la mente. Su nombre es Marta Gómez, y esa mañana escuché varias canciones de su CD más reciente, ‘Cantos de agua dulce’.
Nacida en Cali, Colombia, esta muchacha de apariencia sencilla es en realidad un volcán de talento y fuerte instinto musical. Desde una edad temprana supo que la música era el eje de su vida y que quería prepararse en una de las mejores instituciones musicales del planeta. Me refiero al Berklee College of Music, de donde se laureó magna cum laude tras recibir un par de becas de renombre. Aparte de ‘Cantos de agua dulce’, Marta ha grabado otros dos discos: ‘Marta’ en el 2001 y ‘Solo es vivir’ en el 2003. Ambos gozan de la misma frescura y de la exquisita armonización de instrumentos siempre acústicos (teniendo en cuenta que no soy ningún experto en música, puede que me equivoque en esto) que hacen de ‘Cantos…’ un CD de cabecera. Su música es una fusión de distintos ritmos americanos que nos transporta a un limbo sin pasado ni futuro, donde sólo cuentan nuestras raíces y la voz inmaculada de esta mujer.
LA FINCA
Cuentos de algodón con sabor a perejil y cebolla picada
cantos de agua dulce al compás del ron
corazón abierto en busca de nuevos recuerdos para contar
todas las historias de todos los sueños a la vez
Al ritmo del aguardiente te diré lo que me pasa
sin dejar que la nostalgia me apacigüe el corazón
con un viento de acordeones y un tambor desafina’o
lloraré yo las canciones que galopan en mi voz
Coro:
Como la guitarra yo canto con toda el alma
en el alma guardo las penas y la soledad
soledad del tiempo que pasa sin tu mirada
tu mirada que llena de colores mi verdad
Al ritmo de las palabras aprendí a contar estrellas
caminar dejando huellas para saber regresar
y volví siguiendo rastros hasta dibujar mi nombre
pero hoy suena a despedida porque se que tú no estás
Cuentos de algodón con sabor a perejil y cebolla picada
llenan mi memoria y me hacen sonreir
entre tantas flores hechas de luna y pasto aprendí a crecer
entre muchos sueños y muchas verdades a la vez

(Marta con Juan Luis Guerra, mi compositor preferido)
