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	<title>Entre el lenguaje y la anécdota</title>
	<link>http://robertos.blogsome.com</link>
	<description>Notas y escritos literarios...</description>
	<pubDate>Thu, 10 Jul 2008 22:39:43 +0000</pubDate>
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		<title>El hielo antes del buenos-días</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Jul 2008 17:01:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>Nostalgias y otros harakiris</category>
	<category>Siempre es hoy</category>
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		<description><![CDATA[	El se&ntilde;or X y yo nos saludamos siempre que nos cruzamos por un pasillo o coincidimos en la línea para llenar la taza de café. A veces, cuando no podemos evitarlo, las circunstancias nos obligan a extender la amabilidad del buenos-días con preguntas sobre cómo se pasó el fin de semana o si se había [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><font><span><font>El se&ntilde;or X y yo nos saludamos siempre que nos cruzamos por un pasillo o coincidimos en la línea para llenar la taza de café. A veces, cuando no podemos evitarlo, las circunstancias nos obligan a extender la amabilidad del buenos-días con preguntas sobre cómo se pasó el fin de semana o si se había notado que afuera un sol inesperado lo calentaba todo, &ldquo;y, a veces, hasta el volante del carro quema&rdquo;. Pero no siempre fue así de cordial mi relación con el se&ntilde;or X. Aunque desde que empecé a trabajar aquí lo veo andar de un lado al otro del edificio, hace sólo un par de semanas que se rompió el hielo del saludo. Antes, por ejemplo, yo sólo le aguantaba la puerta y esperaba a que cruzara el umbral con su eterna tacita de café, mientras me lo agradecía con su acento sure&ntilde;o, &ldquo;<em>thank ya&rdquo;</em>. Y siempre, mientras se alejaba, yo no podía evitar especular la razón de su pierna coja&hellip; &iquest;Un accidente? &iquest;Una enfermedad? &iquest;Habría nacido así? Lo cierto es que al se&ntilde;or X nunca lo he visto sonreír pero tampoco he visto que alguna vez se le derrame ni una gota de café de su taza tambaleante. Una ma&ntilde;ana, hace un par de semanas, le saludé con un &ldquo;<em>good morning</em>&rdquo; mientras le aguantaba la puerta. Él, que estaba sacando de su bolsillo el paquete de cigarrillos, me miró a la cara y me respondió, &ldquo;<em>good mornin&rsquo;, young man</em>&rdquo;, y siguió caminando, lenta y torpemente. Desde ese momento siempre que nos encontramos nos saludamos, y cada día me parece estar más cerca de conocer el misterio de su pierna coja&hellip; &iquest;Habrá sido en alguna guerra? &iquest;Será que eso es lo que pasa cuando se toma tanto café y se fuman tantos cigarrillos? No, ni siquiera con buen humor se aplaca esta cruda curiosidad, una curiosidad que aumenta en los días en que el trabajo se torna aburrido y la imaginación, como los papagayos* en la película <em>The Kite Runner</em>, se alza en vuelo.<br /></font></span></font>
<p><img title="Papagayo" height="314" alt="Papagayo" src="http://robertos.blogsome.com/images/papagayo.jpg" width="300" align="middle" border="0" /></p>
	<p><font>*Cometas, papalotes, etc. en &ldquo;venezolano&rdquo;.</font></p>
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		<title>San Diego, hace tiempo y ya lejos&#8230;</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Jun 2008 16:50:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>Siempre es hoy</category>
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		<description><![CDATA[	A pesar de haber sido yo quien ha abierto las cortinas, mis ojos no están aún preparados &ndash; suficientemente entornados, quizás &ndash; para el golpe de luz. Afuera, en frente y siete pisos más abajo, San Diego va cobrando forma a medida que mis pupilas se adaptan a la nueva luz; lomas de un verde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><font>A pesar de haber sido yo quien ha abierto las cortinas, mis ojos no están aún preparados &ndash; suficientemente entornados, quizás &ndash; para el golpe de luz. Afuera, en frente y siete pisos más abajo, San Diego va cobrando forma a medida que mis pupilas se adaptan a la nueva luz; lomas de un verde pálido y seco &ndash; casi marrón, piel de cascabel -, calles emparchadas y autopistas complicadas y anchas, viento con rastros de salitre, y el graznido errático de una o dos gaviotas siempre hambrientas que revolotean por las alturas del hotel. El calor &ndash; me doy cuenta - va trepando por mi piel. Es un calor que confirman mis manos al apoyarse en la baranda metálica del balcón, mientras voy sopesando las opciones que me depara el día. Las posibilidades turísticas que ofrece San Diego están bien ilustradas en una guía que encuentro en la mesita de noche de la habitación. El <em>Downtown</em> parece un buen punto de encuentro entre buenos restaurantes y tiendas pero lo descarto porque no he venido a San Diego a comer o hacer compras. Al noroeste del centro, en una ciudad satélite llamada La Jolla, encuentro parte de la respuesta de por qué he venido a California. Desde las cornisas de esta ciudad me enfrento a un Océano Pacífico vasto, elegante de olas y surfistas, con sus leones marinos enfilándose sobre la arena&hellip; <br />Nada queda quieto en el recuerdo. San Diego, en el mío, sólo se ha sabido agrandar.</font>
</p>
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		<title>&#8220;Verde que te quiero verde&#8221;. Verde mundo. Carro verde.</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jun 2008 21:16:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>The Robert Report</category>
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		<description><![CDATA[	Daddy Yankee casi acierta cuando hace un tiempo aseguró que &ldquo;a ella le gusta la gasolina&rdquo;, pero el puertorrique&ntilde;o se quedó corto porque lo cierto es que la gasolina nos gusta a todos. Y mucho. Tuvo que ser el periodista argentino Andrés Oppenheimer quien, también varios a&ntilde;os atrás, en la columna que publica semanalmente en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Daddy Yankee casi acierta cuando hace un tiempo aseguró que &ldquo;a ella le gusta la gasolina&rdquo;, pero el puertorrique&ntilde;o se quedó corto porque lo cierto es que la gasolina nos gusta a todos. Y mucho. Tuvo que ser el periodista argentino <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/AndrÃ©s_Oppenheimer">Andrés Oppenheimer</a> quien, también varios a&ntilde;os atrás, en la <a href="http://www.elnuevoherald.com/news/columnists/andres_oppenheimer/">columna</a> que publica semanalmente en El Nuevo Herald de Miami, lo dijera con mayor juicio, aunque &ndash; hay que sincerarse - con menos ritmo. No recuerdo sus palabras exactas pero sí su tono fatalista y deseoso vaticinando la pronta subida del precio de la gasolina hasta sobrepasar los $4 por galón, alegando que esta marca sería el punto de reacción para que nosotros, los que vivimos en los Estados Unidos, comenzáramos a cambiar esa mentalidad derrochadora de comprar enormes e ineficientes Hummers, por ejemplo, y de malgastar recursos y energía. A&ntilde;os después, en este 2008 que del que ya hemos vivido casi la mitad, se ha roto la marca de los $4, y las acertadas predicciones de Oppenheimer comienzan a cobrar poco a poco una mayor visibilidad, aunque aún sea en casos aislados o, muchas veces, meramente experimentales. <br />El mayor cambio se presiente en la industria del automóvil. Gigantes como Ford y General Motors, por ejemplo, se han visto duramente afectados por la caída en la demanda de vehículos grandes como los camiones <em>pick-up</em>, símbolo de estos fabricantes norteamericanos, que, aunque son autos potentes, consumen demasiada gasolina, una característica a evadir por el actual comprador. Pero mientras Ford y General Motors despiden a miles de empleados y se dedican a recalcular sus inversiones, estos últimos doce meses han visto un auge en la aparición de fabricantes de carros eléctricos e híbridos. En varios casos con equipos liderados por ingenieros conversos de empresas como la alemana Volkswagen o la inglesa McLaren, estas nuevas compa&ntilde;ías&nbsp; que durante este último a&ntilde;o han abierto sus puertas en los Estados Unidos y en Europa fabrican exclusivamente lo que en inglés se ha llegado a conocer como <em>green cars</em>, vehículos de poco consumo de combustible y considerablemente menos contaminantes que los automóviles convencionales. Llenas de optimismo y entusiasmo, compa&ntilde;ías como Mindset, Gordon Murray Design, y Fisker Automotive esperan poder aprovechar esa ola de rechazo hacia el carro de alto consumo de gasolina, y pelear así una porción del dificilísimo mercado del automóvil, en el que nombres como Toyota, Lexus, y Honda, entre otros, también han apostado con sus propias versiones de autos híbridos.<br />La diferencia entre Toyota y Honda, por ejemplo, y las nuevas compa&ntilde;ías que se han formado durante este último a&ntilde;o, es que estas compa&ntilde;ías jóvenes han aprendido de los errores y aciertos del pasado sin las pérdidas económicas sufrió la Honda con su modelo Insight o la Volkswagen con su Golf Ecomatic, modelos que fueron costosísimo de dise&ntilde;ar y producir y que, una vez en el mercado, no supieron despertar suficiente interés en el consumidor. Pero, por supuesto, en esos días no estaba la gasolina a $4.29, como lo está hoy, ni tampoco se había premiado con un Oscar el documental <em>An inconvenint truth</em>, de Al Gore, que ayudó a que se difundiera la discusión de la contaminación y las terribles consecuencias del calentamiento global. Para Mindset, Gordon Murray Design, y Fisker Automotive, este parece ser un momento oportuno para ingresar al mercado con sus nuevos e innovadores, y a veces lujosos, veloces, y costosísimos, modelos de <em>green cars</em>, pero aún es demasiado temprano para mayores conclusiones. Por ahora, sigue subiendo el precio de la gasolina, pero para muchos de nosotros la inversión para adquirir un automóvil<em> green</em> sigue siendo demasiado costosa. La pregunta es, &iquest;qué nos saldrá más caro a la larga, el costo a nuestro bolsillo o el costo a nuestro abatido planeta? Tuve la oportunidad de preguntárselo a Daddy Yankee y su respuesta, que me pareció bastante sensata, fue &ldquo;un millón de copias obliga&rsquo;o, oh-ah&hellip;&rdquo;
<p><a href="http://robertos.blogsome.com/images/Green%20car%20companies.jpg"><img title="From TSW, green car companies" height="79" alt="From TSW, green car companies" src="http://robertos.blogsome.com/images/thumb-Green%20car%20companies.jpg" width="180" border="0" /></a></p>
	<p>&nbsp;Y como está de moda lo <em>green,</em> &iquest;qué más verde que el Romance sonámbulo de García Lorca? Aquí se los dejo.</p>
&nbsp;
<p>&nbsp;</p>
<span><font></font><font>Romance sonámbulo<br /></font></span><span>
<p><font>&nbsp;</font></p>
</span><span><font></font><font>Verde que te quiero verde.<br />Verde viento. Verdes ramas.<br />El barco sobre la mar<br />y el caballo en la monta&ntilde;a. <br />Con la sombra en la cintura <br />ella sue&ntilde;a en su baranda, <br />verde carne, pelo verde, <br />con ojos de fría plata. <br />Verde que te quiero verde. <br />Bajo la luna gitana,<br />las cosas la están mirando <br />y ella no puede mirarlas.<br /></font></span><span><br /><font></font><font>Verde que te quiero verde. <br />Grandes estrellas de escarcha <br />vienen con el pez de sombra <br />que abre el camino del alba. <br />La higuera frota su viento <br />con la lija de sus ramas, <br />y el monte, gato gardu&ntilde;o, <br />eriza sus pitas agrias.<br />&iquest;Pero quién vendrá? &iquest;Y por dónde&#8230;? <br />Ella sigue en su baranda, <br />Verde carne, pelo verde, <br />so&ntilde;ando en la mar amarga.<br /></font></span><span><br /><font></font><font>&#8211;Compadre, quiero cambiar<br />mi caballo por su casa,<br />mi montura por su espejo,<br />mi cuchillo por su manta.<br />Compadre, vengo sangrando,<br />desde los puertos de Cabra.<br />&#8211;Si yo pudiera, mocito, <br />este trato se cerraba. <br />Pero yo ya no soy yo, <br />ni mi casa es ya mi casa.<br />&#8211;Compadre, quiero morir <br />decentemente en mi cama. <br />De acero, si puede ser, <br />con las sábanas de holanda. <br />&iquest;No ves la herida que tengo <br />desde el pecho a la garganta?<br />&#8211;Trescientas rosas morenas<br /></font></span><span><font></font><font>lleva tu pechera blanca. <br />Tu sangre resuma y huele <br />alrededor de tu faja. <br />Pero yo ya no soy yo,<br />ni mi casa es ya mi casa.<br />&#8211;Dejadme subir al menos <br />hasta las altas barandas;<br />&iexcl;dejadme subir!, dejadme, <br />hasta las verdes barandas. <br />Barandales de la luna <br />por donde retumba el agua.<br /></font></span><span><br /><font></font><font>Ya suben los dos compadres <br />hacia las altas barandas. <br />Dejando un rastro de sangre.<br />Dejando un rastro de lágrimas. <br />Temblaban en los tejados<br />farolillos de hojalata. <br />Mil panderos de cristal <br />herían la madrugada.<br /></font></span><span><br /><font>Verde que te quiero verde,<br /></font></span><font>verde viento, verdes ramas. </font><span><br /><font></font><font>Los dos compadres subieron.<br />El largo viento dejaba <br />en la boca un raro gusto<br />de hiel, de menta y de albahaca.<br />&iexcl;Compadre! &iquest;Donde está, dime?<br />&iquest;Donde está tu ni&ntilde;a amarga? <br />&iexcl;Cuántas veces te esperó!<br />&iexcl;Cuántas veces te esperara,<br />cara fresca, negro pelo, <br />en esta verde baranda!<br /></font></span><span><br /><font></font><font>Sobre el rostro del aljibe<br />se mecía la gitana. <br />Verde carne, pelo verde, <br />con ojos de fría plata.<br />Un carámbano de luna <br />la sostiene sobre el agua.<br />La noche se puso íntima <br />como una peque&ntilde;a plaza. <br />Guardias civiles borrachos <br />en la puerta golpeaban.<br /></font></span><span><br /><font></font><font>Verde que te quiero verde. <br />Verde viento. Verdes ramas. <br />El barco sobre la mar.<br />Y el caballo en la monta&ntilde;a.<br /></font></span><span>
<p><font>&nbsp;</font></p>
</span>
<p><span><font></font><font>Federico García Lorca</font></span></p>
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		<title>Mis nombres</title>
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		<pubDate>Tue, 13 May 2008 17:12:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>Siempre es hoy</category>
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		<description><![CDATA[	&nbsp; Pude haberlo imaginado o so&ntilde;ado, qué importa, pero luego de nacer, hace, de hoy, veintiséis a&ntilde;os exactos, estuve varios días sin nombre porque mi papá y mi mamá no se ponían de acuerdo en cómo nombrarme. Mientras tanto me llamaban, simplemente, &ldquo;el ni&ntilde;o&rdquo;, como si hubiera sido yo un fenómeno de lluvias, mareas, temperaturas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><font>&nbsp; </font><font>Pude haberlo imaginado o so&ntilde;ado, qué importa, pero luego de nacer, hace, de hoy, veintiséis a&ntilde;os exactos, estuve varios días sin nombre porque mi papá y mi mamá no se ponían de acuerdo en cómo nombrarme. Mientras tanto me llamaban, simplemente, &ldquo;el ni&ntilde;o&rdquo;, como si hubiera sido yo un fenómeno de lluvias, mareas, temperaturas y vientos. Por fin, luego de consultar todos los libros de nombres en las librerías de Caracas, dieron con un calendario de santos católicos que decía que el 13 de mayo, aparte de ser el día de la Virgen de Fátima - aquella que se le apareció a tres pastorcitos portugueses y les reveló las tres profecías de Fátima - era también el día de San Roberto. Fue así que se decidió mi primer nombre, supongo que con la escondida esperanza de que, también yo, tuviera un poco de santo. Sin embargo, revolviendo un poco la Internet, no he encontrado ninguna página que diga que el 13 de mayo es el día de San Roberto. Este es un cruel descubrimiento, sin duda, porque me hace pensar que lo de mi santo fue sólo una artima&ntilde;a de mis padres para que me portara bien durante mi infancia&hellip; &quot;Para que seas como San Roberto&quot;, me invitaban. Tal vez es por eso que de ahora en adelante voy a enfocarme en el significado, de origen anglosajón, de mi nombre: &ldquo;<em>Robert: of wide fame, bright, shining</em>&rdquo;. Un poco como el mismo San Roberto di Bellarmino, un franciscano que llegó a ser Cardenal y que hasta el día de su muerte, a pesar de su amplia fama,&nbsp;nunca dejó de vestir harapos por honrar sus votos de pobreza. Yo, que&nbsp;pienso votar por Hillary, no sé&nbsp;cómo habré de vestirme&hellip;<br />&nbsp;Mi segundo nombre, en cambio, estaba ya sellado por los vínculos de la sangre, ya que soy el cuarto o quinto de los Asprino en llevar el nombre Luís en alguna parte de su cédula. Mi abuelo Luís, a quien le decían &ldquo;Bebeto&rdquo;, fue, si no me equivoco, el primero, y de él nos hemos derivado un tío y dos primos con el mismo nombre, hasta el último conteo. El origen germano-francés del nombre significa &ldquo;guerrero famoso&rdquo;, </font><font>aunque cabe recordar que fue Louis XVI el rey francés atrapado, enjuiciado y guillotinado por la revolución francesa en 1793. Así que a nosotros los Luis no nos gustan muchos las revoluciones. Ninguna&hellip; Excepto la de&nbsp;The Beatles, al menos por mi parte.<br /></font><font>&nbsp;Así, mis nombres me han acompa&ntilde;ado durantes estos veintiséis largos pero cortos a&ntilde;os. Y con ellos la historia de ellos mismos, fuera de mi identidad. Cada Roberto un santo a su manera, y cada Luís con sus virtudes y su fertilidad. No hay manera de separarme de ellos. Un nombre deja de ser sólo un nombre cuando se asocia con un rostro, unos gustos, una historia, un cumplea&ntilde;os&hellip;</font>
</p>
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		<title>Ascalón</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Apr 2008 02:38:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>Historiando</category>
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		<description><![CDATA[	&nbsp;La princesa ya no lloraba. Había algo de orgullo en su resignación: que el dragón la encontrara firme &ndash; imaginaba -, con su crineja fúnebre acomodada y con el pecho y la frente en alto, a pesar de las cadenas que la sujetaban al tronco del viejo cerezo y del frío, que esa ma&ntilde;ana manaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><font></font><font><span><font>&nbsp;La princesa ya no lloraba. Había algo de orgullo en su resignación: que el dragón la encontrara firme &ndash; imaginaba -, con su crineja fúnebre acomodada y con el pecho y la frente en alto, a pesar de las cadenas que la sujetaban al tronco del viejo cerezo y del frío, que esa ma&ntilde;ana manaba espeso del lago y le tocaba los pies desnudos con su neblina, la misma que escondía casi por completo el color carmelita de las aguas. Cuando oyó los primeros bramidos cerró los ojos, le habían advertido lo terrible y monstruoso que era el dragón y sabía que si le veía iba a desmoronarse. Apretó con más fuerza los párpados y esperó con el cuerpo tenso el primer soplo de fuego (ella, como todos en Silene, sabía que los dragones sólo comen sus alimentos calcinados). En ese breve instante recordó su vida, ese pu&ntilde;ado de instantes desde la tempranísima muerte de su madre hasta el momento en que el azar la escogió a ella, hija única del buen Rey, para aplacar la violencia del dragón luego de que el cordero acostumbrado no calmara su furia, lo cual sucedía cada vez con más frecuencia. Antes de ella habían sido otros los ni&ntilde;os que el azar colocó allí, donde ahora ella esperaba la muerte, y el recuerdo de esos otros sacrificados le dio fuerza y cierto consuelo: tendría su compa&ntilde;ía en el inframundo. La princesa tragó de golpe la saliva que se había acumulado. La moneda debajo de su lengua le hacía salivar demasiado, pero sabía que sin aquél óbolo no podría pagarle a Caronte por el cruce del río Aqueronte hasta el Hades, en cuyas puertas la estaría esperando el Can Cerbero, con sus tres cabezas de serpiente. Pero los bramidos le eran demasiado familiares para que fueran del dragón y decidió abrir los ojos. Frente a ella, sobre un caballo blanco y magnífico, cabalgaba un soldado romano de mirada templada pero que a la princesa le pareció íntima y bondadosa. &quot;&iquest;Qué hace una doncella tan hermosa e indefensa así atada y abandonada?&quot;, preguntó el jinete. Ella supo al momento que se trataba de un forastero de paso y aunque se alegraba por disfrutar un poco de alguna compa&ntilde;ía, le rogó que la dejara sola de inmediato y continuara su camino porque su vida peligraba. El hombre notó el desespero de la princesa y en vez de obedecerle y partir, le exigió que le explicara qué hacía allí amarrada y por qué habría de peligrar su vida. Ella, de nuevo vencida por el desespero, comenzó a contarle entre sollozos la triste y larga historia del dragón que había hecho su nido en el lago donde el pueblo de Silene iba a recoger agua, y que para apaciguarle había que ofrecerle corderos y hasta ni&ntilde;os, que eran escogidos a la suerte cuando la carne animal no le complacía. Y ese día la fatalidad la había escogido a ella. Mientras le contaba al soldado que ella era una princesa y que el Rey, su padre, había ofrecido toda su fortuna a quien diera muerte al terrible dragón y salvara la vida de su única hija sin que nadie se le midiera a la haza&ntilde;a, apareció de entre las aguas la bestia, silbando con su aliento encendido y mostrando sus afilados dientes. El hombre rápidamente blandió su lanza y se interpuso entre la princesa y el dragón, que volaba hacia ella batiendo sus alas de murciélago gigante. Con una se&ntilde;al de la cruz, el guerrero se preparó para la llegada del monstruo, y cuando lo tuvo a distancia estiro su brazo con fuerza hasta que su lanza, llamada Ascalón, alcanzó el cuello del dragón; de la herida comenzó a manar una sangre verde esmeralda por entre las escamas perforadas. El monstruo, abatido, se retorcía en el suelo. La princesa, boquiabierta, apenas pudo bajar la cabeza cuando el guerrero la desató y le dijo, para luego besarle la mano, &quot;Jorge de Capadocia, a su entero servicio.&quot; Le pidió a la princesa su cinturón, lo ató a la cabeza del dragón y le dijo a ella, &quot;toma y llévale, vamos al pueblo&quot;. La princesa obedeció, tirando del dragón de la misma manera que el soldado llevaba su caballo. Mientras caminaba, él le contó a ella de sus aventuras con el ejército romano pero nada le dijo de los problemas que le había traído su fe entre las filas. Al llegar a Silene, la visión del dragón espantó a todos en el pueblo, que fueron a encerrarse a sus casas implorándoles a los dioses misericordia. Jorge de Capadocia habló: &quot;No busco el oro ni las fortunas del Rey. Pero prometo dar muerte, aquí, frente a todos ustedes, a este malvado dragón, si el Rey y el pueblo de Silene adoptan la verdadera fe y se convierten al cristianismo.&quot; Fueron más de quince mil personas las que se bautizaron en esos días en Silene&hellip; Y son muchos más los que hoy en día celebran el 23 de abril como el Día de San Jorge en el mundo entero, que coincide con el Día Mundial del Libro. En Catalu&ntilde;a, además, se han fusionado estas dos celebraciones con el Día de los Enamorados. Por eso es que en Barcelona cada 23 de abril, durante la <em>Diada de Sant Jordi</em>, se regalan libros y rosas, de las que cada espina recuerda a Ascalón, la valiente lanza de San Jorge, el mártir que abatió al dragón y salvó a la princesa de Silene y que poco tiempo después fue decapitado por ser cristiano y negarse a renunciar a su fe.<br /></font></span></font><br />
<p align="center"><img title="St. George" height="206" alt="St. George" src="http://robertos.blogsome.com/images/st_george.jpg" width="467" border="0" /></p>
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		<title>La Isla en ti</title>
		<link>http://robertos.blogsome.com/2008/03/28/la-isla-en-ti/</link>
		<comments>http://robertos.blogsome.com/2008/03/28/la-isla-en-ti/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 28 Mar 2008 15:57:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>El arco y la lira</category>
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		<description><![CDATA[	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A Mariana, que me ense&ntilde;ó la rueda.Ahora séque el tiempo nos habitay trabaja con sus manosnuestros cuerpos.Nadie nunca esperapor nosotros,que hemos hecho de la luzun calendarioy de la noche una maestríade la piel y del aliento.

Llevas en los ojosel mapa de tus días,la infancia del pianoy del pescado,los días largoscon mar y bicicletaatravesando la ciudad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>A Mariana, que me ense&ntilde;ó la rueda.<br /></em></font><font /><font /><font /><font>Ahora sé<br /></font><font /><font>que el tiempo nos habita<br /></font><font /><font>y trabaja con sus manos<br /></font><font /><font>nuestros cuerpos.<br /></font><font /><font>Nadie nunca espera<br /></font><font /><font>por nosotros,<br /></font><font /><font>que hemos hecho de la luz<br /></font><font /><font>un calendario<br /></font><font /><font>y de la noche una maestría<br /></font><font /><font>de la piel y del aliento.<br /></font>
<p><font /></p>
<font /><font>Llevas en los ojos<br /></font><font /><font>el mapa de tus días,<br /></font><font /><font>la infancia del piano<br /></font><font /><font>y del pescado,<br /></font><font /><font>los días largos<br /></font><font /><font>con mar y bicicleta<br /></font><font /><font>atravesando la ciudad vieja<br /></font><font /><font>desde tu amplia casa<br /></font><font /><font>en El Vedado,<br /></font><font /><font>entre las lomas y la dictadura<br /></font><font /><font>de un sol incuestionable.<br /></font><font /><font>El azúcar crecía<br /></font><font /><font>y se iba endulzando con tus manos.<br /></font>
<p><font /></p>
<font /><font>Tu boca ha ido sumando<br /></font><font /><font>las palabras. Los verbos<br /></font><font /><font>han perdido el primer sabor<br /></font><font /><font>de la inocencia<br /></font><font /><font>y el oscuro fervor de lo sagrado.<br /></font><font /><font>Así, tu belleza de mujer<br /></font><font /><font>se fue formando<br /></font><font /><font>desde adentro, imparable<br /></font><font /><font>como una ola de mar alebrestado.<br /></font><font /><font>Una fuerza secreta<br /></font><font /><font>perfumada con una urgente antología<br /></font><font /><font>de aromas y paciencia,<br /></font><font /><font>envuelta por esa inteligencia<br /></font><font /><font>a la que hoy estoy acostumbrado.<br /></font>
<p><font /></p>
<font /><font>En las noches<br /></font><font /><font>se han ido perdiendo las costumbres,<br /></font><font /><font>el último recurso<br /></font><font /><font>de la disciplina y sus fantasmas.<br /></font><font /><font>No existe una nostalgia,<br /></font><font /><font>nada preciso o impreciso<br /></font><font /><font>que conmueva más allá<br /></font><font /><font>de los besos desordenados<br /></font><font /><font>en la cama, sobre el charco<br /></font><font /><font>que construyen nuestras sombras,<br /></font><font /><font>la parte más oscura de nosotros<br /></font><font /><font>donde nunca cabe el rigor<br /></font><font /><font>de las palabras.<br /></font>
<p><font /></p>
	<p><font /><font>Afuera de nosotros<br /></font><font /><font>no hay nada<br /></font><font /><font>que me convenza de seguir<br /></font><font /><font>un camino diferente<br /></font><font /><font>al de tu rastro,<br /></font><font /><font>salado de mar,<br /></font><font /><font>que me lleva en su resaca<br /></font><font /><font>al malecón<br /></font><font /><font>del tiempo que te habita.</font></p>
	<p><img title="El Vedado en La Habana" height="196" alt="El Vedado en La Habana" src="http://robertos.blogsome.com/images/Vedado.jpg" width="305" border="0" /><font>&nbsp;&nbsp; <img title="Malecon" height="196" alt="Malecon" src="http://robertos.blogsome.com/images/Malecon.jpg" width="305" border="0" /></font></p>
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		<title>Amor a primer &#8216;click&#8217;:  ¿sátira imprecisa del amor digital o una ventana literaria al siglo XXI?</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Mar 2008 21:34:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>Siempre es hoy</category>
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		<description><![CDATA[	&nbsp;Nos conocimos en su blog. Ella llevaba un post de verbos encendidos, ce&ntilde;ido a la altura del tercer párrafo y explayándose, a medida que iba cayendo, hasta abrirse por completo con unos irresistibles puntos suspensivos. Se protegía del frío con la fotografía surrealista de un sol que, en su ocaso, iba cayendo dentro de una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><font>&nbsp;Nos conocimos en su <em>blog</em>. Ella llevaba un <em>post</em> de verbos encendidos, ce&ntilde;ido a la altura del tercer párrafo y explayándose, a medida que iba cayendo, hasta abrirse por completo con unos irresistibles puntos suspensivos. Se protegía del frío con la fotografía surrealista de un sol que, en su ocaso, iba cayendo dentro de una boca de amplios labios rojos y dientes blancos. Demasiado blancos, recuerdo. Me quedé viendo su trasfondo celeste, ocupado con su Century Gothic de negritas subrayadas, itálicas perfectas y comillas traviesas que voloteaban entre sus tildes, aún jóvenes y puntiagudas. Sólo luego reparé, con cierto sonrojo, en el contador que había delatado mi presencia: número 2666.<br /></font><font>&nbsp;Llegué allí por casualidad; conducía el ratón con el descuido de un jueves por la tarde luego del trabajo. Me detenía con desgano en la intersección de cada <em>hyperlink</em> y, con unos pocos golpes de dedos, cambiaba de rumbo para visitar esos lugares comunes donde de vez en cuando me siento a conversar con los amigos. Llovía y no tenía que dejarme alcanzar por las gotas que golpeaban suavemente el vidrio para saber que era una lluvia desmenuzada y fría. Me cansé de andar. Pero justo cuando aceleraba el cursor y giraba hacia <em>home</em>, vi, en el fondo de un párrafo poco transitado, un nombre que brillaba como un local de azul neón en lo negro de la noche. Era la Embajada de un País Desconocido; entré sin tocar antes la puerta.<br /></font><font>&nbsp;Le hablé. Le dije, superando cualquier asomo de verg&uuml;enza, que me gustaba y que quería que nos viéramos de nuevo. &ldquo;Eres mi favorita&rdquo;, le aseguré. Ella permaneció en silencio, pero yo presentía que había alguien más en la Embajada, ese amplio aposento de historias y habitaciones, muy distintas una de la otra y decoradas por alguien sin escrúpulo. La noche se fue llenado de más noche y en cierto momento me dije basta, es hora de regresar. Escogí una pared limpia y alta de lo que parecía la sala principal para dejarle un mensaje citándola con mi dirección. En el camino a <em>home</em> decidí detenerme en el Miami para ver qué se hablaba de la vida. Confirmé que la vida seguía siendo la misma, urgente y desolada, y regresé a lo mío, con el corazón ardiendo, esperando que ella viniera pronto a encontrarme con sus palabras. Sigo aquí, desde entonces, en la esquina de siempre, Entre el Lenguaje y La Anécdota, mientras se acumulan la intriga y los voquibles, el combustible de esta inmensa esperanza.<br /></font><font /><font /><font>
<p><img title="Mouse" height="308" alt="Mouse" src="http://robertos.blogsome.com/images/Mouse.jpg" width="308" border="0" /></p>
</font>
</p>
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		<title>La vida en la ciudad</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Feb 2008 18:50:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>Siempre es hoy</category>
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		<description><![CDATA[	
&nbsp;Por encima, todo parece en orden en la ciudad. La gente que la habita, exceptuando al pu&ntilde;ado de desajustados que&nbsp;protagonizan las noticias, da la impresión de llevar una vida estructurada, de rangos predecibles. En las ciudades más grandes las personas terminan por resignarse a la idea de que el tiempo nunca alcanza, que las distancias [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p align="center"><font><img title="Rutina" height="375" alt="Rutina" src="http://robertos.blogsome.com/images/rutina.jpg" width="375" border="0" /></font></p>
<font></font><font>&nbsp;Por encima, todo parece en orden en la ciudad. La gente que la habita, exceptuando al pu&ntilde;ado de desajustados que&nbsp;protagonizan las noticias, da la impresión de llevar una vida estructurada, de rangos predecibles. En las ciudades más grandes las personas terminan por resignarse a la idea de que el tiempo nunca alcanza, que las distancias son demasiado largas, y que, probablemente, hay algo - un evento, una experiencia, algún lugar - en alguna otra parte del ámbito urbano de lo que se están perdiendo. Quienes no se resignan terminan por padecer de esas patologías urbanas que tanto aquejan al citadino moderno: el estrés, la depresión, la ansiedad&hellip; La ciudad, lo que tendría que verse como un gran hogar compartido, se termina percibiendo como el inevitable escenario de la rutina, la gran enemiga. A ella se le atribuyen matrimonios rotos, familias separadas, problemas laborales, adicciones y perversiones, pensamientos indebidos&#8230; Quien habita en la ciudad sabe lo&nbsp;implacable que puede llegar a ser esa rutina, y en muchos casos está dispuesto a arriesgar la comodidad de la vida predecible sólo por romperla, sea por varios días o por unos pocos minutos. Así se acumulan muchas deudas, por ejemplo, cuando se recurre desesperadamente a la ayuda de tarjetas de crédito para escapar y tomarse unas vacaciones fuera. En Lynnwood, al norte de Seattle, mientras se hacían perforaciones en un terreno donde se planea construir un complejo residencial, se descubrió un manantial subterráneo que ahora fluye hacia la superficie y mana hasta llegar al borde de la autopista, donde se ha ido acumulando hasta formar un peque&ntilde;o pozo de agua helada. Allí se detienen ahora los carros y la gente se baja con sus contenedores vacíos para llenarlos con esta agua natural, &ldquo;orgánica&rdquo;, si se quisiera comercializar. Pero no es que el agua en un supermercado, al dólar por galón, sea imposible de costear, es que vivir en la ciudad ha roto cualquier comunicación con el mundo salvaje y restaurarla es otra manera más de romper la rutina. Buscar agua de este manantial se ha convertido en una especie de peregrinación*. Pero basta que llegue a la ciudad una tormenta y falle el suministro eléctrico, que el automóvil se descomponga en medio de una autopista, que se desborde un río por las lluvias, o que te cortes la yema del índice con la hoja de algún documento y fluya la sangre y te acuerdes que todos llevamos la muerte por dentro&hellip; Entonces sí que a&ntilde;orarías la rutina. Porque, por encima, todo parece en orden en la ciudad, y en el fondo todos queremos que así sea.<br /></font>
<p><font></font><font></font><font>* Recuerdo que en Caracas, en la Cotamil, los carros también se detenían y la gente llenaba sus botellones con los riachuelos que bajaban de las quebradas del Ávila, pero creo que esa gente no lo hacía sólo por romper la rutina sino más bien por necesidad.</font></p>
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		<title>El año de la rata</title>
		<link>http://robertos.blogsome.com/2008/02/07/el-ano-de-la-rata/</link>
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		<pubDate>Thu, 07 Feb 2008 00:23:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>Circo negro</category>
	<category>Siempre es hoy</category>
	<category>The Robert Report</category>
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		<description><![CDATA[	&nbsp;Si la película Ratatouille, de Disney, hubiera sido ambientada en algún suburbio de Vietnam y no en París la suerte de Remy, la simpática e inspirada rata-chef que cocina escondida en el sombrero de Linguini, hubiera sido, probablemente, muy diferente. En ambos países se le hubiera perseguido de igual manera pero por razones radicalmente distintas: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><font>&nbsp;<span>Si la película Ratatouille, de Disney, hubiera sido ambientada en algún suburbio de Vietnam y no en París la suerte de Remy, la simpática e inspirada rata-chef que cocina escondida en el sombrero de Linguini, hubiera sido, probablemente, muy diferente. En ambos países se le hubiera perseguido de igual manera pero por razones radicalmente distintas: en Francia querían liquidar a Remy por cuestiones de higiene y sacarla en una bolsa negra del restaurante, mientras que en Vietnam la hubieran matado, pero para <em>meterla</em>, justamente, en la cocina del restaurante &ndash; o de la casa, cafetería, etc. -, y esta vez no como chef sino como otro ingrediente más, uno que el Vietnam actual ha adoptado como uno de los principales a la hora de la creación culinaria.<br /></span></font><font /><font>&nbsp;(Superado el antiperistaltismo, conocido comúnmente como &ldquo;reflejo del vómito&rdquo;, proseguir la lectura&#8230;)<br /></font><font /><font>&nbsp;El éxito mundial de la ratica de Disney y, hace unos a&ntilde;os ya, del libro <em>&iquest;Quién se ha llevado mi queso?</em>, en el que se exaltaba la habilidad de la rata de seguir buscando comida mecánicamente mientras se despreciaba descaradamente la capacidad pensante del ser humano, hicieron de excelente prólogo a lo que comienza ma&ntilde;ana, 7 de febrero, según el Calendario Chino: el a&ntilde;o de la rata. Pero en Vietnam, que como la gran mayoría en Asia sigue el calendario gregoriano para su día a día y el calendario chino sólo para las fiestas tradicionales, el tiempo de la rata lleva mucho más de un a&ntilde;o. Aunque hay recetas vietnamitas con carne de rata que datan desde hace más de 150 a&ntilde;os, el auge que hoy en día tiene la rata en sus menús tiene, tristemente, menos de tradicionalista y mucho más de circunstancial. Basta con hacer una búsqueda en algún motor de cualquier periódico internacional para recordar los malos ratos que pasó Vietnam en el 2004, cuando la fiebre aviar (SARS*) cobró en ese país suficientes vidas como para que la gente desterrara casi por completo de sus dietas la carne avícola; sólo el pollo importado, mucho más caro que el nacional, se consumía, si acaso. Y como no sólo de arroz vive el hombre, ni siquiera los asiáticos, la gente comenzó a aumentar su consumo de serpiente y gato, este último llamado en los menús como &ldquo;peque&ntilde;o tigre&rdquo;. Pero pronto las autoridades vietnamitas y la realidad capitalista &ndash; oferta y demanda &ndash; hicieron que los precios de estos &ldquo;alimentos&rdquo; subieran rápidamente; la carne de serpiente, considerada en China como una exquisitez, comenzó a exportarse a gran escala, cortando el suministro local, y la carne de gato comenzó a moverse mayormente en el mercado negro porque desde 1998 existe una ley que prohíbe su comercialización.<br /></font><font /><font>&nbsp;En el zodíaco chino uno de los grandes atributos que se da a la rata es su facilidad para la reproducción, su fertilidad, y su habilidad para encontrar alimento en los lugares más insospechados. Son, principalmente, un sinónimo de abundancia. Y fiel a su fama, estos roedores no hicieron sino multiplicarse exponencialmente cuando el número de sus dos grandes depredadores, la serpiente y el gato, fue disminuyendo a medida que los vietnamitas los utilizaban como reemplazo de las aves que ya no se atrevían a comer por temor a la fiebre aviaria. La rata comenzó a aumentar de población rápidamente, lo cual también ha ayudado a que su precio siga siendo más barato que el de cerdo, por ejemplo. Así, estos roedores han ido invadiendo cultivos y ciudades, hasta que el hambre y la creatividad humana &ndash; esa espeluznante capacidad de adaptación que nos caracteriza -, comenzó a ocupar el puesto de los depredadores naturales de las ratas, y las ratas, a su vez, dejaron de ser parte de recetas antiguas y rurales y comenzaron a ser parte de la dieta convencional del vietnamita del campo y el citadino. <br /></font><font /><font>&nbsp;Para el conocedor, o si algún día te encuentras en un mercado vietnamita sin saber qué rata llevar, las ratas más &ldquo;apetitosas son las más gorditas, con una fina capa de grasa&rdquo; que le da &ldquo;más sabor&rdquo; a la carne a la hora de cocinarla, sea en cuadritos y frita o en trozos más grandes como parte de un asopado, &ldquo;perfecto para los fríos días de invierno&rdquo;, como asegura la se&ntilde;ora Thanh, la cocinera de un respetado restaurante de Ho Chi Minh, otrora Saigón. Con la misma naturalidad con que una abuela italiana diera la receta para una <em>lasagna</em>, la se&ntilde;ora Thanh comienza citando los ingredientes:<br /></font>
<p><font /></p>
<font /><font>- Dos ratas silvestres grandes, limpias y destripadas, cortadas en cuatro.<br /></font><font /><font>- Dos dientes de ajo machucados.<br /></font><font /><font>- Media taza de <em>lemongrass</em>.<br /></font><font /><font>- Media taza de semillas de pimiento rojo picante.<br /></font><font /><font>- Cuatro tazas de caldo de pescado.<br /></font><font /><font>- Sal al gusto.<br /></font>
<p><font /></p>
<font /><font>&nbsp;&ldquo;El truco está en machacar muy bien las semillas de pimiento, agregándoles un poco de caldo de pescado para hacer una pasta que se va agregar al caldo junto con las hojas de limón cuando el caldo haya hervido. Ah, bueno, ponga primero a hervir el caldo, por supuesto, con el ajo y un poco de sal. Luego le pone el picante y las hojas de limón y las ratas. Tápelo y deje cocinar por media hora. A partir de ahí es cuestión de ir probando y ajustar la sazón. A mí me gusta con mucho picante y poca sal pero hay que tener consideración con los turistas que vienen al restaurante, ya una vez mandé a uno al hospital porque la comida estaba muy picante&rdquo;, se ríe. &ldquo;Por eso, aunque es rico comer la rata en un restaurante, no hay nada más sabroso que cocinar la rata en casa y comerla en la familia. Sobre todo ahora que comienza el a&ntilde;o de la rata.&rdquo; Entonces yo le pregunto, &ldquo;&iquest;cuándo es el a&ntilde;o del perro?&rdquo;, pero ella no parece entender el chiste.<br /></font>
<p><font /></p>
	<p><font><img title="Rata china" height="600" alt="Rata china" src="http://robertos.blogsome.com/images/ratica.jpg" width="450" border="0" />&nbsp;</font></p>
	<p><font>&nbsp;<font /></font><font>* Severe acute respiratory síndrome.</font></p>
&nbsp;
</p>
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	</item>
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		<title>Fiebre de invierno</title>
		<link>http://robertos.blogsome.com/2008/01/10/fiebre-de-invierno/</link>
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		<pubDate>Thu, 10 Jan 2008 23:48:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>El arco y la lira</category>
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		<description><![CDATA[	Aquí la noche es más larga,más fría, más lentaque en esas otras ciudadesdonde, en cambio,su oscuridad me tomabapor sorpresa, igual que la linternapolicíaca sorprende al ladrón torpe.

	Una calle honda, perforadapor la altas luces de unos farolesdesolados.Paréntesis de luzque delatan sobre lo blancola huella oscurade unos pasos&nbsp;que pueden ser de cualquiera,pero de todas manerasespeculo:
En algún momentotodos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><font>Aquí la noche es más larga,<br /></font><font></font><font>más fría, más lenta<br /></font><font></font><font>que en esas otras ciudades<br /></font><font></font><font>donde, en cambio,<br /></font><font></font><font>su oscuridad me tomaba<br /></font><font></font><font>por sorpresa, igual que la linterna<br /></font><font></font><font>policíaca sorprende al ladrón torpe.<br /></font><font></font><font></font><font><font /></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font>
<p><font /><font /></p>
	<p><font>Una calle honda, perforada<br /></font><font></font><font>por la altas luces de unos faroles<br /></font><font></font><font>desolados.<br /></font><font></font><font>Paréntesis de luz<br /></font><font></font><font>que delatan sobre lo blanco<br /></font><font></font><font>la huella oscura<br /></font><font></font><font>de unos pasos&nbsp;que pueden ser de cualquiera,<br /></font><font></font><font>pero de todas maneras<br /></font><font></font><font>especulo:<br /></font><font></font><font></font><font><font /><font /></font></p>
</font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font>En algún momento<br /></font><font></font><font>todos hemos sido<br /></font><font></font><font>un poco el reportero,<br /></font><font></font><font>otro poco la propia noticia.<br /></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font><font /></font><font><font /><font /></font><font>
<p><font></font><font>De este invierno, por ejemplo,<br /></font><font></font><font>de esta nieve opaca y optimista,<br /></font><font></font><font>también tengo yo<br /></font><font></font><font>otro poco más de culpa.</font></p>
</font>
<p><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font></font><font>&#8230;Que tú, al menos,<br /></font><font></font><font>y ese chiste amargo<br /></font><font></font><font>de que tu fiebre<br /></font><font></font><font>ayuda a que este mundo<br /></font><font></font><font>siga su indetenible<br /></font><font></font><font>pero lejano calentamiento.</font></p>
]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>Georgrafías del destierro</title>
		<link>http://robertos.blogsome.com/2007/11/26/georgrafias-del-destierro/</link>
		<comments>http://robertos.blogsome.com/2007/11/26/georgrafias-del-destierro/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 26 Nov 2007 08:15:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>El arco y la lira</category>
		<guid>http://robertos.blogsome.com/2007/11/26/georgrafias-del-destierro/</guid>
		<description><![CDATA[	Sé que existe algo más grande
	y más acertado
	que la suma de estas palabras
	desgastadas.
	Somos, a veces a pesar
	nuestro, consecuencia de un destierro
	con sus días de lluvia y fango,
	con sus noches de hotel
	y de desvelo, 
	y el corazón apretado 
	que lucha con el aire
	y se agita con la voz
	en el teléfono.
&nbsp;
&nbsp;

A nosotros nos une
	cierto empe&ntilde;o,
	una fuerza que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p class="MsoNormal"><font>Sé que existe algo más grande</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>y más acertado</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>que la suma de estas palabras</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>desgastadas.</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>Somos, a veces a pesar</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>nuestro, consecuencia de un destierro</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>con sus días de lluvia y fango,</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>con sus noches de hotel</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>y de desvelo, </font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>y el corazón apretado </font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>que lucha con el aire</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>y se agita con la voz</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>en el teléfono.</font></p>
<font /><font>&nbsp;
<p>&nbsp;</p>
</font><br />
<p class="MsoNormal"><font>A nosotros nos une</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>cierto empe&ntilde;o,</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>una fuerza que se borra</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>y se vuelve a dibujar</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>en el desorden de los a&ntilde;os.</font></p>
<font /><font>&nbsp;
<p>&nbsp;</p>
</font><br />
<p class="MsoNormal"><font>Es una vida ocupada</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>con los peque&ntilde;os propósitos,</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>afilando la espada</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>para esos mínimos duelos</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>de metro y de oficina, </font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>en el amarillo del semáforo, </font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>en la espesa vida del periódico</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>y la alcoba, sin olvidar</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>cualquier roce ilustre</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>en el mercado.</font></p>
<font /><font>&nbsp;
<p>&nbsp;</p>
</font><br />
<p class="MsoNormal"><font>Mercaderes de anécdotas</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>escuetas,</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>las horas yermas adornan</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>también la mesa del mantel </font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>e irrumpen con su azar</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>en la armonía de esta</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>vida de acera ancha con vitrinas.</font></p>
<font /><font>&nbsp;
<p>&nbsp;</p>
</font><br />
<p class="MsoNormal"><font>No salimos de la patria</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>para esto,</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>pero leémos las noticias</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>para justificarnos</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>que hemos cambiado</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>una condena por otra,</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>porque este invierno que viene</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>promete ser implacable</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>y la noche irá llegando más temprano</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>para repartirnos</font></p>
	<p class="MsoNormal"><font>todas sus disposiciones.</font></p>
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		<title>El café de algún día</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Nov 2007 16:50:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>Nostalgias y otros harakiris</category>
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		<description><![CDATA[	&nbsp;La nuestra es una cita que se viene postergando desde hace varios a&ntilde;os y que con el paso del tiempo cambian no sólo los europeos escenarios &ndash; París, por ejemplo, en ese café del Mont Ma&icirc;tre; Barcelona, allá donde termina la Rambla y Colón se&ntilde;ala la distancia hacia América por encima de La Barceloneta; o [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><font>&nbsp;<span>La nuestra es una cita que se viene postergando desde hace varios a&ntilde;os y que con el paso del tiempo cambian no sólo los europeos escenarios &ndash; París, por ejemplo, en ese café del Mont Ma&icirc;tre; Barcelona, allá donde termina la Rambla y Colón se&ntilde;ala la distancia hacia América por encima de La Barceloneta; o Munich, escuchando música de bombos y platillos en el Jardín Inglés &ndash; sino también las posibles estaciones, desde la primavera, propicia para el deambular de los aromas, hasta el invierno de apretadas pieles oscuras sobre el cuerpo, apenas calentándonos. Lo que nunca cambia es la disposición de las sillas, una frente a otra, o quizás levemente entornadas hacia el ruido vivo de la calle, y entre esas sillas la mesa, una mesita redonda cubierta de un mantel a cuadros (&iquest;rojos y blancos?) donde reposa un florero delgado atravesado por una rosa amarilla, el curioso color de la amistad. Nos acompa&ntilde;a el humo amable de un croissant, si se trata de una tarde parisina, el delicado escozor en los ojos que produce el ajo untado a un pan con tomate, si nos ilumina el sol catalán que tanto alabó Gaudí, o el vapor agrio del repollo que acompa&ntilde;a al blanquísimo <em>weisswurst </em>en una difuminada ma&ntilde;ana en la Bavaria de los castillos mágicos. &iquest;Qué nos diremos, entonces? El absinthe,&nbsp;la botella destapada, dará oportunidad a lo fortuito, hemos decidido. Un poco los gestos, de resto las palabras y todo lo que siempre hemos querido contar. Lejos, pero nunca lo suficiente, se </span>escuchará&nbsp;el doblar de unas campanas, sucecido por unos tenues&nbsp;&ldquo;ale&hellip; ale&hellip; aleluya&rdquo;, el himno al más desconcertante de todos los milagros.</font>
</p>
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		<title>Al Gore y Mr. Burns, o el mundo a nuestra merced.</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Nov 2007 21:25:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>Siempre es hoy</category>
	<category>Politik</category>
	<category>The Robert Report</category>
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		<description><![CDATA[	&nbsp;Hay un capítulo* de Los Simpsons en el que el Se&ntilde;or Burns &ndash; para quienes vemos el programa en inglés, &ldquo;Mr.&rdquo; &ndash; hace unas malas inversiones y termina en la bancarrota, perdiendo la planta nuclear. La trama hace que Lisa y Mr. Burns &ndash; fijándose éste en el entusiasmo, inteligencia y potencial de la ni&ntilde;a, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><font>&nbsp;Hay un capítulo* de Los Simpsons en el que el Se&ntilde;or Burns &ndash; para quienes vemos el programa en inglés, &ldquo;Mr.&rdquo; &ndash; hace unas malas inversiones y termina en la bancarrota, perdiendo la planta nuclear. La trama hace que Lisa y Mr. Burns &ndash; fijándose éste en el entusiasmo, inteligencia y potencial de la ni&ntilde;a, y ella confiando en la promesa del viejo de que se ha vuelto un hombre de bien - se asocien en un proyecto de reciclaje. Les va muy bien; Lisa convence al pueblo de Springfield de los beneficios para el medio ambiente que trae consigo el reciclar y Mr. Burns no para de recoger latas al irse dando cuenta de que la empresa comercial es, sobre todo, muy lucrativa. Mr. Burns, así, recupera su fortuna y abre su propia planta de reciclaje. Invita a Lisa y le da un tour del lugar para que ella vea que cumple con todos los requisitos para ser una planta amable con el medio ambiente. Lisa se impresiona y confía en que Mr. Burns se ha rehabilitado, hasta que éste decide ense&ntilde;arle &ldquo;la mejor parte&rdquo; de la fábrica. Se trata de una especie de red modificada con contenedores de aluminio para atrapar todo tipo de vida marina, con la cual el maléfico empresario piensa hacer toneladas de &ldquo;Lil&rsquo; Lisa Slurry&rdquo;, un químico industrial que planea poner en venta y ganar millones de dólares. Lisa, horrorizada, se da cuenta de que Mr. Burns sigue siendo el mismo empresario malvado, insensible y egoísta de siempre, y que la usó a ella y al ideal del reciclaje para acumular su nueva fortuna. La ni&ntilde;a, oprimida por el peso de conciencia, decide salir corriendo por las calles de Springfield rogándole a la gente que ya no recicle, que reciclar ahora es algo malo&hellip;<br /></font><font></font><font>&nbsp;Aunque se trata de un capítulo que salió al aire hace más de diez a&ntilde;os, su vigencia podría ser importada al escenario mundial que hoy en día se radicaliza en cuanto al calientamiento global. Por supuesto, hay muchos más puntos de contraste que de comparación entre Mr. Burns y Al Gore, pero esos puntos donde sí son comparables no dejan de dar qué pensar. Conozco a varias personas que, por ejemplo, atacan el perfil contra el caliento global por ser Gore su - ni siquiera digamos líder &ndash; vocero, valiéndose de esta imagen de político sensibilizado con la causa de una naturaleza convaleciente para restaurar un desprestigio que sólo se había acentuado desde que perdió las elecciones presidenciales en el a&ntilde;o 2000 de manera escandalosa. Y la verdad es que ver el galardonado documental &lsquo;<em>An inconvenient truth</em>&rsquo; le deja al espectador ese sabor nostálgico de un Gore que nunca podrá superar del todo el haber estado <em>tan </em>cerca de la Oficiana Ovalada en la Casa Blanca. Pero regresando al episodio de Los Simpsons y viendo la reacción de Lisa al descubrir cómo Mr. Burns usaba el dinero ganado mediante una empresa tan noble como el reciclaje, uno no deja de pensar que también ella está equivocada al renegarlo. El reciclaje, igual que ahora lo es el combatir la catástrofe del calentamiento global, es un ejercicio cívico que trasciende, que va más allá del egoísmo y el orgullo de ciertos individuos. Desconozco si Al Gore crea con sinceridad en la causa a la que tanto tiempo y esfuerzo ha dedicado, o si en un futuro utilizará esta fama renovada para lanzarse de nuevo en pos de la presidencia de los Estados Unidos. Lo que es innegable es que con su documental y con sus viajes predicando alrededor del mundo ha creado una moda, un despertar que ha puesto en la boca de todos el triste futuro que le espera a nuestro planeta si no actuamos pronto y con decisión contra el calentamiento global. Aplaudo la concesión del Premio Nóbel a Gore y su equipo de las Naciones Unidas. La supervivencia de la Tierra nunca ha sido una cuestión de derechas o de izquierdas, sino de ponerse de acuerdo entre lo que vale la pena salvar hoy para garantizarle a la vida un ma&ntilde;ana sostenible y, por qué no, hermoso.<br /></font><font></font><font>&nbsp;Por cierto, el capítulo de Los Simpsons termina con Homero en el hospital, luego de sufrir múltiples ataques cardíacos al enterarse de que Mr. Burns, después de haber vendido la planta de reciclaje, le ofreció a Lisa, por haber sido su consejera, un 10% de sus ganancias de $120 millones. Ya en la cama del hospital un Homero fuera de peligro le dice a Lisa, luego de haberla perdonado, que seguramente Mr. Burns habrá gastado &ldquo;esos $12 mil&rdquo; que le había ofrecido. Era de esperarse que cuando Lisa le terminó de explicar a su padre cuánto es el 10% de $120 millones Homero sufrió un código azul&hellip;<br /></font><font></font><font>&nbsp;<br /></font><font /><font>
<p><font>* The Old Man and the Lisa (20/04/1997)</font></p>
	<p><img title="Mr. Burns and Lisa" height="240" alt="Mr. Burns and Lisa" src="http://robertos.blogsome.com/images/Lisa_and_Burns.jpg" width="320" border="0" /></p>
</font>
</p>
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		<title>El tiempo y otras burocracias</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Oct 2007 19:58:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>El arco y la lira</category>
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		<description><![CDATA[	Llamas.Cuando por fin quedasquieta en la memoriallamas,y tu voz me precipitaa un amor extensoque siempre ha pendidode un hilo,de una fibra del aceromás atroz e inolvidable.
&nbsp;
Cada vez más cercadel silencio,voy reconociendolos ecos que no han sabido acallarel tiempo y su inquieta disciplina.Vuelves a habitarlas calles de una soledadque segundos antesera la única pruebade que soy [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><span></span><span><font></font><font>Llamas.<br /></font></span><span><font></font><font>Cuando por fin quedas<br /></font></span><span><font></font><font>quieta en la memoria<br /></font></span><span><font></font><font>llamas,<br /></font></span><span><font></font><font>y tu voz me precipita<br /></font></span><span><font></font><font>a un amor extenso<br /></font></span><span><font></font><font>que siempre ha pendido<br /></font></span><span><font></font><font>de un hilo,<br /></font></span><span><font></font><font>de una fibra del acero<br /></font></span><span><font></font><font>más atroz e inolvidable.<br /></font></span><span>
<p><font>&nbsp;</font></p>
</span><span><font></font><font>Cada vez más cerca<br /></font></span><span><font></font><font>del silencio,<br /></font></span><span><font></font><font>voy reconociendo<br /></font></span><span><font></font><font>los ecos que no han sabido acallar<br /></font></span><span><font></font><font>el tiempo y su inquieta disciplina.<br /></font></span><span><font></font><font>Vuelves a habitar<br /></font></span><span><font></font><font>las calles de una soledad<br /></font></span><span><font></font><font>que segundos antes<br /></font></span><span><font></font><font>era la única prueba<br /></font></span><span><font></font><font>de que soy un hombre libre,<br /></font></span><span><font></font><font>un animal que come<br /></font></span><span><font></font><font>y duerme en la ciudad,<br /></font></span><span><font></font><font>con un corazón tatuado<br /></font></span><span><font></font><font>bajo las ropas de esta elegancia<br /></font></span><span><font></font><font>hermana de las deudas.<br /></font></span><span>
<p><font>&nbsp;</font></p>
</span><span><font></font><font>Regresan también<br /></font></span><span><font></font><font>el temblor y la tormenta de la espera.<br /></font></span><span><font></font><font>Si te dijera que nada ha cambiado,<br /></font></span><span><font></font><font>que el mundo no es distinto<br /></font></span><span><font></font><font>y mis labios siguen<br /></font></span><span><font></font><font>hábiles de paciencia&hellip;<br /></font></span><span><font></font><font>Porque a pesar de que has cedido<br /></font></span><span><font></font><font>sigues siendo la secreta,<br /></font></span><span><font></font><font>la que aparece de repente,<br /></font></span><span><font></font><font>como un gato jugando entre zarzales.<br /></font></span><span><font></font><font>La que nunca ha aprendido<br /></font></span><span><font></font><font>a despedirse <br /></font></span><span><font></font><font>y cerrar tras de sí<br /></font></span><span><font></font><font>la puerta, lo que conjura<br /></font></span><span><font></font><font>la química<br /></font></span>
<p><span><font></font><font>de todo lo que se deshace.</font></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Justicia para las leyes</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Oct 2007 05:43:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>robertos</dc:creator>
		
	<category>Siempre es hoy</category>
	<category>The Robert Report</category>
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		<description><![CDATA[	&nbsp;Aunque no soy abogado ni he jamás cursado clase alguna en el ámbito del derecho o de las leyes, considero que la justicia &ndash; con su maquinaria y todos sus precedentes -, tantas veces ridícula, tarada y hasta abusiva, debería ser en gran medida reformada. Habría que empezar por sus legisladores, personas que, como en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><font>&nbsp;Aunque no soy abogado ni he jamás cursado clase alguna en el ámbito del derecho o de las leyes, considero que la justicia &ndash; con su maquinaria y todos sus precedentes -, tantas veces ridícula, tarada y hasta abusiva, debería ser en gran medida reformada. Habría que empezar por sus legisladores, personas que, como en las películas, es de suponer que alguna vez tuvieron sue&ntilde;os de limpios ideales - &iquest;qué puede ser más noble que trabajar, en democracia, al servicio de la gente? -, pero&nbsp;que fueron rotos por los altibajos de la vida. Hoy en día es algo normal enterarse que aquel o esta senadora aceptaron importantes sumas de dinero para aprobar una nueva ley que beneficie a tal empresa o negocio. Estos legisladores también tienen la potestad de cambiar o abolir las leyes inútiles o desconsideradas que existen, para así evitar que venga un juez a interpretarlas como mejor o peor pueda. Es en esta estapa, la de la interpretación, en la cual se incurre en las mayores atrocidades. Ejemplos de jueces que admiten demandas absurdas se encuentran todos los días en los periódicos, como el caso de un estudiante de la University of Massachussetts en Amherst que demandó a la institución porque un profesor le calificó con una C en un examen de filosofía política, causándole &ldquo;da&ntilde;os y traumas pscicológicos, y pérdida del auto estima&rdquo;. Otro caso reciente es el del senador de Nebraska, Ernie Chambers, quien demandó nada más y nada menos que a Dios por ser el causante de &ldquo;terror&rdquo; y de la &ldquo;muerte y detrucción de millones de millones de habitantes de la tierra&rdquo;.&nbsp; A este tipo de demandas estúpidas &ndash; que aparte de lo infundadas se comen un vergonzoso porcentaje del dinero del fisco &ndash; se les suma las resoluciones extravagantes a divorcios, no sólo los de alto perfil sino muchos otros, en los cuales se le obliga al cónyugue mejor dotado a pagar enormes cantidades de dinero proporciales al tiempo que ha durado el matrimonio. Mi encono al respecto es por el hecho de que exista alguien que, usando una calculadora, sea capaz de cuantificar y cifrar el tiempo que dos personas compartieron, supuestamente partiendo de una voluntad común de apoyo mútuo, respeto, fidelidad, sexo y hasta amor en el mejor de los casos. Entiendo que existan responsabilidades de padre o de madre, pero partiendo de que ambos cónyugues consintieron a dejar atrás una vida de más amplias libertades personales para unirse en matrimonio a otra persona es injusto decir que una de las partes, a la hora de un divorcio, ha salido en desventaja. </font></p>
	<p>&nbsp;Si bien es comprensible que muchas de las demandas que a&ntilde;o tras a&ntilde;o llenan las cortes no sólo de los Estados Unidos sino del mundo entero son necesarias, opino que el ponerle un precio a la vida o al sufrimiento humano es una falta de respeto a la vida misma y a su calidad de irrepetible. Los ejemplos de&nbsp;<a href="http://www.dumb-lawsuits.com/">juicios y demandas</a> insensatas es larga y patética. Lo mismo la&nbsp;<a href="http://www.dumblaws.com/laws/united-states/alabama/">lista</a> de leyes absurdas y&nbsp;necias. Tanta ineptitud merece que la justicia y sus protagonistas sean demandados, pero no seré yo quien lo haga. Supongo que ya alguien lo habrá hecho. </p>
	<p>Visiten <a href="http://www.dumblaws.com/">www.dumblaws.com</a>&nbsp;y <a href="http://www.dumb-lawsuits.com/">www.dumb-lawsuits.com</a> para más - tristes - ejemplos.&nbsp;</p>
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